🌊 Seguramente recuerdas al monstruo marino de Jurassic World: esa criatura que salta desde la laguna y se traga un tiburón de un solo bocado. Sus parientes reales dominaron los océanos hace millones de años. Y uno de ellos pasó los últimos 35 años convertido en un simple bloque de roca, guardado en la trastienda de un pequeño museo cerca de Osaka. Cuando los investigadores por fin lo abrieron este año, encontraron un hueso que ningún mosasaurio japonés había mostrado antes. Y quizá, una especie nueva para la ciencia.
El "tiranosaurio de los mares"
Conviene empezar por una aclaración que sorprende a mucha gente: los mosasaurios no eran dinosaurios. Eran lagartos marinos gigantes, parientes cercanos de los actuales varanos y las serpientes, que se lanzaron al agua y se convirtieron en los grandes depredadores del Cretácico tardío, hace entre 98 y 66 millones de años. Nadaban con extremidades en forma de aletas, algunas especies superaban los 10 metros y cazaban peces, amonites y, a veces, hasta a otros mosasaurios.
El fósil de Osaka pertenece a una rama especialmente robusta de esa familia: el género Prognathodon, tan macizo en torno a la mandíbula que los paleontólogos lo apodan el "tiranosaurio de los mares". Mientras algunos mosasaurios eran esbeltos cazadores de peces, Prognathodon tenía una mordida contundente, capaz de triturar conchas y huesos.

Ilustración: Dmitry Bogdanov / Wikimedia Commons (CC BY 3.0)
Treinta y cinco años dentro de una roca
El fósil tiene un origen mucho más tranquilo que el del animal. Fue recogido en Kaizuka, en el sur de la prefectura de Osaka, entre finales de 1990 y 1992, en un estrato del Cretácico tardío de unos 70 millones de años. Después fue a parar al almacén del Museo de Historia Natural de Kishiwada, todavía encerrado en su roca, sin procesar, durante cerca de tres décadas y media.
Lo que rompió la espera fue un gesto de simple atención. Satoshi Utsunomiya, integrante del equipo de investigación y empleado de una empresa, se fijó en la sección de un fósil que asomaba en la piedra. El grupo comenzó entonces el trabajo lento de limpieza, retirando la roca grano a grano, y aparecieron fragmentos de mandíbula superior e inferior. En total, salieron cuatro nuevos huesos fósiles de aquel bloque.
Uno importaba más que el resto: la premaxila, el hueso que forma la punta de la mandíbula superior. Era la primera vez que se confirmaba ese hueso en un mosasaurio hallado en Japón. Cuando se recogió la roca, sencillamente no había suficientes ejemplares comparables para saber qué era. Así que esperó.
Por qué tardó décadas en ser candidato a especie nueva
Lo que cambió no fue el fósil, sino el resto del mundo. En las últimas dos décadas, la investigación sobre mosasaurios avanzó rápido, se describieron más ejemplares y por fin maduró el marco para distinguir un tipo de otro. Ese progreso fue lo que volvió a una roca dormida de Osaka digna de una segunda mirada.
Shoji Hayashi, profesor asociado de la Universidad de Ciencias de Okayama, y el estudiante de posgrado Yasuaki Takano —oriundo de Osaka— compararon los huesos con datos fósiles de todo el mundo mediante ordenador y estimaron unos 6 metros de longitud. Por la estructura maciza de la mandíbula superior y los dientes proyectados hacia adelante, concluyeron que encaja de lleno en Prognathodon. Eso es una afirmación firme. Y es la primera vez que se reporta el género en toda la costa noroeste del Pacífico.
La parte de la "especie nueva" se plantea con más cautela. Un hueso cercano a la caja craneana presenta dos proyecciones cortas, como cuernos, que salen hacia los lados, y carece de un surco que los mosasaurios suelen tener ahí. Esos rasgos no coinciden con ninguna especie ya registrada, y por eso el equipo cree que podría tratarse de una especie no descrita: una posibilidad real, todavía no una conclusión. La investigación se presentó a finales de junio en una reunión de la Sociedad Paleontológica de Japón, y el estudio continúa.
La trastienda de un museo puede ser una mina de tesoros
Entre tanta charla sobre mares del Cretácico, la lección a la que vuelven los investigadores es muy actual. Yasuhisa Nakajima, profesor asociado de la Universidad Municipal de Tokio, lo dijo sin rodeos: hay montañas de fósiles cuya identidad nadie ha determinado, guardados en museos y archivos que apenas logran sostenerse. A veces, como aquí, la ciencia se pone al día y lo desconocido por fin habla. Por eso, sostiene, vale la pena defender esa tarea poco vistosa de conservar ejemplares.
El mosasaurio de Osaka ya no está oculto. Desde el 27 de junio, el nuevo ejemplar se exhibe en el Museo de Historia Natural de Kishiwada, fuera del cajón y por fin bajo las luces.
Japón mantuvo un monstruo marino archivado como una roca durante 35 años sin saberlo. Lo que da que pensar: ¿qué habrá guardado sin etiqueta en las trastiendas de los museos de tu país, esperando a que alguien por fin lo mire de cerca?
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