Nuestro cuerpo cuenta con un mecanismo que frena de forma natural las alergias alimentarias. Un equipo de la Universidad de Juntendo y la Universidad de Hiroshima ha demostrado en ratones que una molécula llamada "ST2 soluble", mantenida a altas concentraciones en el organismo, es la que hace ese trabajo. En una enfermedad cuyo manejo sigue reduciéndose a evitar el alimento causante, eso abre la posibilidad de actuar sobre el propio mecanismo de freno.
Antecedentes: ¿por qué ocurren las alergias alimentarias?
La alergia alimentaria es un trastorno en el que el sistema inmunitario reacciona de forma exagerada ante alimentos que deberían ser inofensivos. En los últimos años, el número de pacientes ha aumentado en los países desarrollados, incluido Japón, y la mayoría de los casos comienzan en la primera infancia.
En su base está una respuesta inmunitaria llamada "inflamación tipo 2". Cuando los antígenos alimentarios entran en el cuerpo, las células epiteliales se dañan y liberan una citoquina llamada IL-33 (interleucina-33), que activa las células inmunitarias y desencadena los síntomas.
El receptor de la IL-33, "ST2", existe en dos formas: el ST2 de membrana (ST2L), en la superficie de las células, y el ST2 soluble (sST2), presente en la sangre y otros fluidos. Cuando el ST2 de membrana captura la IL-33, transmite una señal que promueve la alergia. El ST2 soluble, en cambio, se pensaba que actuaba como un "señuelo", capturando la IL-33 y bloqueando esa señal. Pero su papel real en el organismo fue durante mucho tiempo un misterio.
Resolviendo el misterio con ratones modificados genéticamente
El equipo conjunto que abordó la cuestión reunió a la profesora asociada Kumi Izawa, el profesor Jiro Kitaura y el director del centro Ko Okumura, del Centro de Investigación de Enfermedades Atópicas de la Facultad de Medicina de la Universidad de Juntendo; a Mayuki Kojima, del Departamento de Pediatría; al profesor Hiromichi Tokai y al profesor designado Toshiaki Shimizu, de desarrollo y patología pediátrica y adolescente; y al profesor Susumu Nakae de la Universidad de Hiroshima.
Lograron crear ratones modificados genéticamente que expresan con normalidad el ST2 de membrana pero carecen únicamente del ST2 soluble. Separar las dos formas del receptor permitió comprobar de forma directa la función del ST2 soluble.
Los fibroblastos tienen la clave
El primer hallazgo tuvo que ver con el origen. Los "fibroblastos" de la piel y el intestino delgado producen mucho más ST2 soluble que los mastocitos, y lo hacen de forma constante. Unas células conocidas sobre todo por sostener la estructura de los tejidos trabajaban además en la contención de la alergia.
Cuando se indujo alergia alimentaria en ratones que carecían de ST2 soluble, los síntomas fueron notablemente peores que en los ratones normales. Aumentaron el número de mastocitos en el intestino delgado, su tasa de degranulación (la frecuencia con la que liberan las sustancias que causan los síntomas alérgicos) y los niveles de citoquinas inflamatorias como la IL-33.
La prueba en sentido inverso también funcionó. Al administrar a los ratones deficientes una sustancia llamada "ST2-Fc", que imita al ST2 soluble, el número de mastocitos y las tasas de degranulación bajaron y los síntomas se atenuaron.
Esperanza para nuevos tratamientos
Los resultados se publicaron en las Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS) el 5 de enero de 2026.
Una de las direcciones que señala el equipo es un fármaco que eleve de forma selectiva solo el ST2 soluble propio del organismo. También están a la vista los biológicos que bloquean la señalización de la IL-33.
Estos últimos ya llegaron a la clínica. En Estados Unidos, un ensayo de fase 2a con el anticuerpo anti-IL-33 etokimab incluyó a 20 adultos con alergia al cacahuete: quince días después de una dosis única, el 73% toleró 275 mg de proteína de cacahuete, frente al 0% del grupo placebo. La diferencia a los 45 días no fue estadísticamente significativa y el ensayo fue pequeño y preliminar. El estudio actual refuerza el fundamento científico de esa línea de trabajo.
La señalización de la IL-33 llega mucho más allá de la alergia alimentaria: infecciones, tumores, enfermedades cardiovasculares, trastornos metabólicos. Los ratones creados aquí sirven además como herramienta para averiguar qué hace el ST2 soluble en cada uno de esos escenarios.
Situación actual y desafíos de las alergias alimentarias
En Japón, la prevalencia de las alergias alimentarias ronda el 10% en lactantes, el 5% en niños de tres años y del 1,3 al 4,5% a partir de la edad escolar; en el conjunto de la población, entre el 1 y el 2%. El huevo, la leche y el trigo fueron durante mucho tiempo las tres causas principales, pero las alergias a los frutos secos de árbol, en especial la nuez y el anacardo, han subido con fuerza en los últimos años.
El tratamiento actual se basa sobre todo en evitar el alimento causante; no existe una cura de fondo. La inmunoterapia oral (ingerir cantidades crecientes del alimento causante para ganar tolerancia) se está investigando, pero no funciona en todos los pacientes y conlleva riesgos de reacciones graves como la anafilaxia.
El papel del ST2 soluble revelado aquí aborda el problema desde otro ángulo: en lugar de suprimir el sistema inmunitario desde fuera, reforzar el freno que el cuerpo ya tiene. Los resultados disponibles son en ratones y la distancia hasta la aplicación en humanos sigue siendo considerable.
Las alergias alimentarias aumentan en todo el mundo, pero los alimentos causantes, el acceso al tratamiento y las respuestas sociales varían mucho de un país a otro. En Japón, los almuerzos escolares adaptados a los alérgicos se están extendiendo y existen sistemas de etiquetado de alimentos, aunque quedan muchos desafíos.
¿Qué se está haciendo frente a las alergias alimentarias en su país? ¿En qué punto están la investigación y el desarrollo de tratamientos? Comparta sus opiniones en los comentarios.
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