El 14 de enero de 2026, con el yen hundiéndose más allá de los 159 por dólar, el principal responsable cambiario de Japón repitió dos veces la misma frase: no se descarta ninguna opción. El mercado lo tomó en serio, porque detrás de esas palabras está la intervención récord de 2024. Esto es lo que está debilitando al yen y las cartas que realmente tiene Tokio.
"Sin descartar ninguna opción", dicho dos veces
Atsushi Mimura, viceministro de Finanzas para Asuntos Internacionales de Japón, dijo a la prensa que veía "con extrema preocupación" la rápida caída del yen y que el Gobierno actuaría "sin descartar ninguna opción" frente a los movimientos excesivos. Repitió la frase dos veces, y el mercado se preparó de inmediato para una posible intervención en el mercado de divisas.
Ese día el yen llegó a tocar los 159 por dólar, su nivel más débil en cerca de año y medio. Mimura añadió que no veía "fundamentos económicos" que justificaran semejante movimiento, una manera de señalar que detrás había ventas especulativas.
Por qué cae el yen
El adelanto electoral y el "Takaichi Trade"
El detonante llegó el 9 de enero, cuando el diario Yomiuri informó que la primera ministra, Sanae Takaichi, estudiaba disolver la cámara baja al abrirse la sesión ordinaria de la Dieta, prevista para el 23 de enero. Su Gobierno defiende una "política fiscal proactiva y responsable", y los operadores apostaron a que una victoria en las urnas profundizaría ese rumbo expansivo.
A esa combinación de yen más débil, bolsa al alza y bonos a la baja el mercado la bautizó "Takaichi Trade". Tras la noticia, los futuros del Nikkei 225 subieron más de 1.800 puntos y rozaron máximos históricos.
Una brecha de tasas que no se cierra
Las tasas también pesan. El Banco de Japón subió su tipo de referencia en diciembre de 2025 al nivel más alto en unos 30 años, pero la distancia con las tasas estadounidenses sigue siendo amplia. Eso mantiene vivo el carry trade —endeudarse barato en yenes para comprar activos en dólares de mayor rendimiento— y presiona a la moneda. El déficit crónico de la balanza comercial y de servicios suma una capa estructural de ventas que la brecha de tasas, por sí sola, no explica.
Qué es realmente una intervención cambiaria
Intervenir (formalmente, "operaciones de estabilización del mercado de divisas") significa que el Gobierno y el banco central compran o venden moneda para orientar el tipo de cambio. Ante una caída brusca del yen venden dólares y compran yenes; ante una subida brusca hacen lo contrario. La decisión es del ministro de Finanzas, la ejecución corre por cuenta del Banco de Japón, y la compra de yenes se financia vendiendo reservas, sobre todo bonos del Tesoro de Estados Unidos.
Cuando las autoridades presionan al mercado con palabras y no con dinero, como hizo Mimura, se habla de "intervención verbal". Su efecto suele ser pasajero, pero eleva la amenaza de una intervención real y hace dudar a los especuladores.
Lo que dejaron 2022 y 2024
En septiembre de 2022, con el yen cerca de 145, Tokio compró yenes por primera vez desde 1998: 24 años después. Las operaciones de septiembre y octubre sumaron unos 9,1 billones de yenes.
En 2024 la escala creció. Con el yen en 160, su mínimo en 34 años, las autoridades gastaron cerca de 9,7 billones entre abril y mayo y otros 5,5 billones en julio: más de 15 billones de yenes, un récord anual. Fueron intervenciones "encubiertas", sin aviso previo ni confirmación posterior, con sumas enormes colocadas en horas de poca liquidez para mantener al mercado en la incertidumbre.
La tendencia la marcan los fundamentos, no la intervención, así que comprar yenes no alcanza para revertirla. Aun así, tras cada ronda las ventas especulativas se redujeron y la caída se moderó. El recuerdo de que Tokio "tiene munición" es lo que da fuerza a las advertencias de hoy.
La mirada desde Washington
La intervención funciona mejor de la mano de Estados Unidos. La declaración conjunta de los ministros de Finanzas de ambos países, de septiembre de 2025, reafirmó que "los tipos de cambio deben fijarse en el mercado", aunque admitió que "la volatilidad excesiva y los movimientos desordenados" pueden dañar la estabilidad: una redacción que deja la puerta abierta. Con todo, el Tesoro estadounidense mantiene a Japón en su "lista de seguimiento" cambiaria, y bajo una Administración Trump dura con las prácticas monetarias, las intervenciones japonesas podrían quedar más expuestas al escrutinio.
Atención al 160 y a la reunión del Banco de Japón
El mercado trata los 160 yenes como la línea roja no oficial del Gobierno: las intervenciones pasadas se concentraron allí, y por eso el nivel de 159 encendió las alarmas. La otra palanca es una subida de tasas del Banco de Japón, que acortaría la brecha y fortalecería al yen, a costa de enfriar la economía. Muchos esperan un movimiento en la primera mitad de 2026, lo que pone el foco en lo que diga el gobernador Kazuo Ueda tras la reunión del 23 de enero. Varios analistas, sin embargo, insisten en que el arreglo de fondo es fiscal: cuánto se comprometa el Gobierno de Takaichi con un saneamiento a mediano plazo.
Un yen débil se traslada de inmediato a los precios de las importaciones y al bolsillo de los hogares, y por eso contener la inflación se volvió uno de los grandes temas políticos de Japón. Cuando tu propia moneda se desploma, ¿cómo reaccionan tu gobierno y tu banco central? Cuéntanos cómo se vive en tu país.
Referencias
- https://news.yahoo.co.jp/articles/aede0afc8673abfd9eea81841659d36df857b5e4
- https://www.nli-research.co.jp/report/detail/id=80123
- https://www.mof.go.jp/policy/international_policy/reference/feio/index.html
- https://www.nomura.co.jp/wealthstyle/article/0556/
- https://www.nri.com/jp/media/column/kiuchi/20260113.html
- https://home.treasury.gov/news/press-releases/sb0245
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