Mercurio lleva encogiéndose desde el día en que se formó, y la cifra que describe ese encogimiento acaba de moverse otra vez: de unos 8,3 kilómetros de radio perdido a unos 11,6. La corrección no llegó porque se hayan encontrado arrugas nuevas en Mercurio. Llegó de calcular cuántas ha escondido el planeta. Si el equipo que firma el trabajo tiene razón, la Luna ha escondido más de las suyas.

El artículo salió el 10 de septiembre de 2026 en Geophysical Research Letters (vol. 53, núm. 17) con el título "Underestimation of Planetary Contraction Due To Obscuration by Surface Roughness: The Case of Mercury". Lo encabeza Gaku Nishiyama, investigador posdoctoral de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Hokkaido, que además trabaja en el Centro Aeroespacial Alemán (DLR) y en la Universidad de Tokio.

Medio siglo contando arrugas

Los planetas rocosos pierden volumen al enfriarse. Mercurio perdió mucho, porque es pequeño, porque tiene un núcleo metálico desproporcionado y porque ese núcleo lleva miles de millones de años solidificándose. Cuando el interior se contrae, la corteza deja de encajar, se pandea y ese pandeo aflora como fallas inversas: largos acantilados curvos, los escarpes lobulados, y dorsales de arruga más bajas y anchas.

La Tierra borra este tipo de registro sin parar, porque la tectónica de placas recicla la superficie. Mercurio tiene una sola placa y no recicla nada, así que el supuesto de partida ha sido que todas esas arrugas siguen ahí. Eso es lo que lo vuelve tan atractivo para los geólogos. Si cartografías cada estructura de acortamiento y sumas cuánta corteza se tragó cada una, puedes deducir cuánto bajó el radio. De ahí salen restricciones sobre el tamaño del núcleo, la temperatura interior y cuánto silicio y azufre se mezclaron con el hierro.

Para un planeta de 2.439,7 kilómetros de radio medio, 11,6 kilómetros no llegan al 0,5% del total.

La cifra que nunca se quedó quieta

Antes de la misión MESSENGER, los geólogos dependían del Mariner 10. Sus tres sobrevuelos de 1974 y 1975 trajeron imágenes de, según las cuentas de la propia NASA, algo menos de la mitad de la superficie. Las estimaciones fotogeológicas de aquella época situaban la pérdida de radio entre 0,8 y 3 kilómetros. Nunca encajó bien con los modelos térmicos, que pedían más.

En 2014, Paul K. Byrne y sus colegas publicaron en Nature Geoscience un inventario global con las imágenes de MESSENGER y encontraron el problema contrario. Al contar los cinturones de dorsales y escarpes que los trabajos anteriores habían pasado por alto, Mercurio se había contraído hasta 7 kilómetros. El título del artículo lo decía sin rodeos: mucho más de lo estimado hasta entonces.

Siete años después, Thomas R. Watters revisó los mismos datos y llegó a entre 1 y 2 kilómetros. Su argumento en Communications Earth & Environment iba de contabilidad. Los inventarios previos, escribió, habían metido en el mismo saco dorsales de arruga y relieves sin pruebas claras de acortamiento, y habían asignado varias fallas principales a estructuras que solo merecían una. Si quitas eso, Mercurio apenas se movió.

El mismo catálogo, leído por gente cuidadosa, dio respuestas que se diferenciaban en un factor de cinco. Y todas esas discusiones giraban en torno al contenido del catálogo. Si el catálogo estaba completo no era la pregunta que se hacía.

Leer las arrugas que faltan en los escombros

El grupo de Nishiyama partió de un desajuste. Un enfriamiento global debería apretar el planeta más o menos igual en todas partes, y sin embargo las estructuras de acortamiento cartografiadas no están repartidas de forma uniforme. Ahí arranca el artículo.

En marzo de 2026 el mismo grupo publicó en The Planetary Science Journal un mapa global de la rugosidad de la superficie de Mercurio con longitudes de onda horizontales de 5 a 100 kilómetros, presentado en su título como el primero a escalas kilométricas. La rugosidad es exactamente lo que suena: cuán accidentado está un trozo de terreno a una escala dada. El nuevo artículo la toma como señal de hace cuánto se removió ese suelo, con la lógica de que lo que vuelve rugoso a un planeta es también lo último que le ha pasado.

Ese mapa se construyó con fotogrametría estéreo y no con medición láser. El altímetro láser MLA de MESSENGER alcanzaba una precisión de 30 centímetros, pero la nave volaba en una órbita muy excéntrica con el punto más cercano en el norte, así que solo pudo medir el relieve del hemisferio norte. La topografía global hubo que reconstruirla a partir de imágenes solapadas tomadas desde ángulos distintos, una técnica que Nishiyama explicó a la revista TIME comparándola con la forma en que los dos ojos humanos construyen la profundidad.

Con el mapa en la mano, el equipo lo superpuso a los catálogos de estructuras de acortamiento. La correlación salió negativa y limpia. El terreno liso está lleno de arrugas; el terreno rugoso, no. El resumen del artículo es cuidadoso al explicar por qué: "Encontramos una escasez de estructuras de acortamiento en las regiones rugosas, lo que sugiere que los procesos ligados a la rugosidad ocultan estructuras preexistentes, dificultando su identificación y/o inhibiendo su formación".

El artículo no afirma solo que los escarpes quedaran enterrados. El terreno rugoso y renovado hace poco puede que nunca llegara a registrarlos. En cualquiera de los dos casos el recuento se queda corto, y el mecanismo bajo sospecha no tiene ningún glamour: impactos. El material eyectado por cráteres grandes, incluidos los relativamente nuevos de más de 150 kilómetros de diámetro, cubre y revuelve lo que hubiera debajo.

"La superficie de Mercurio conserva un registro de cómo el planeta se ha enfriado y contraído, pero descubrimos que ese registro está incompleto", dijo Nishiyama en el anuncio de la Universidad de Hokkaido.

Corregirlo consiste en tomar la densidad de estructuras de acortamiento del terreno liso y extrapolarla al terreno rugoso, donde faltan. El resumen cifra ese sesgo en varios kilómetros y deja la contracción radial de Mercurio hasta un 30% por encima de lo que se pensaba. La nota de prensa en inglés de la universidad da las dos cifras: 8,3 kilómetros antes de la corrección y 11,6 después.

Esa diferencia de kilómetros se nota directamente en el interior del planeta. "Una contracción mayor puede significar que Mercurio tiene un núcleo metálico más grande, menos elementos ligeros como el silicio mezclados en ese núcleo, o una temperatura inicial más alta", contó Nishiyama a TIME.

21 de noviembre, sin segundo intento

BepiColombo, la misión conjunta de la ESA y JAXA lanzada el 20 de octubre de 2018, está llegando a Mercurio justo ahora. El módulo de transferencia se separó el 3 de septiembre. La inserción orbital está fijada para el 21 de noviembre. El orbitador planetario MPO, de la ESA, y Mio, de JAXA, se separarán entre el 9 y el 10 de diciembre, y la fase científica arranca en abril de 2027.

Llega con casi un año de retraso. Según informa Tech Times, en abril de 2024 apareció un fallo en el acondicionamiento de potencia del módulo de transferencia y hubo que volar el cuarto sobrevuelo de Mercurio 35 kilómetros más bajo para robarle algo más de frenado a la gravedad del planeta. La inserción se fue más allá de la fecha original de diciembre de 2025. El día señalado, las señales tardarán unos 11 minutos en cada sentido, así que el encendido tendrá que ejecutarse sin que nadie en la Tierra pueda corregirlo sobre la marcha.

La nota de la Universidad de Hokkaido nombra el aparato que debería afinar la cifra: BELA, el altímetro láser que viaja en el orbitador europeo. El equipo de la Universidad de Berna que lo construyó enumera entre sus objetivos la figura y la topografía del planeta y también las características de la superficie, incluidas la rugosidad, las pendientes locales y el albedo, incluso dentro de cráteres polares en sombra permanente. La magnitud sobre la que se apoya la corrección de Nishiyama deja de deducirse de imágenes estéreo y pasa a medirse directamente. La órbita casi polar del MPO cubre además el hemisferio sur al que el MLA nunca llegó.

Mio es la aportación japonesa y estudia la magnetosfera y el entorno de plasma, no el suelo, así que el aparato que va a comprobar este trabajo es europeo. Lo que pone Japón es que la misión exista, y un primer firmante cuya trayectoria institucional va de Sapporo a Tokio y a Berlín. El dinero se reparte igual, entre las ayudas de la JSPS del lado japonés y la Fundación Alexander von Humboldt y una ayuda Emmy Noether de la DFG del lado alemán.

Donde esto muerde de verdad es en la Luna

La última frase del resumen apunta fuera de Mercurio: el mismo sesgo, escriben los autores, podría pesar igual en otros mundos rocosos, la Luna entre ellos.

Nishiyama también ha hablado de lo que eso significaría para la Luna. La contracción lunar medida se queda por debajo de 1 kilómetro, algo que no casa con los modelos térmicos, según explicó a Gizmodo. La nota de la Universidad de Hokkaido añade que, en promedio, la Luna es más de un 50% más rugosa que Mercurio. Si el terreno rugoso esconde arrugas, la Luna debería estar escondiendo una proporción mayor de las suyas.

Los datos para comprobarlo ya existen, y una parte es japonesa. SLDEM2015, el modelo estándar del terreno lunar, combina la altimetría LOLA de la NASA con las imágenes de la Cámara de Terreno que voló en Kaguya, de JAXA. El propio altímetro láser de Kaguya, LALT, dejó más de 30 millones de puntos de medición y produjo un mapa topográfico global que, a diferencia del trabajo anterior de Clementine, incluía las dos regiones polares. Una corrección por rugosidad como la que Nishiyama aplicó a Mercurio tiene todo lo que necesita esperando en archivos públicos desde hace años.

Buena parte del mundo recibió esta historia como un titular sobre un planeta que se hace pequeño. En Japón circuló como un resultado de la Universidad de Hokkaido, con el nombre del investigador delante. Las dos dejan fuera lo que seguirá importando dentro de diez años: que una forma muy usada de medir un planeta tenía un agujero, y que alguien lo encontró mirando cuán accidentado estaba el suelo.

¿Llegó algo de esto hasta donde vives, y crees que la televisión pública de tu país dedicará una línea al encendido del 21 de noviembre?

Referencias