Partículas de plástico más pequeñas que una milésima de milímetro están matando a los peces bebés. Y lo más aterrador es que comer presas contaminadas resulta mucho más letal que simplemente absorber partículas del agua. Un estudio revolucionario de Japón expone una crisis oculta que se desarrolla bajo la superficie del océano.

¿Qué son los nanoplásticos? La amenaza más allá de los microplásticos

Botellas de PET, bolsas de plástico, aparejos de pesca, bandejas de alimentos. El plástico, imprescindible en nuestra vida diaria, se fragmenta poco a poco por acción de las olas y la luz ultravioleta cuando llega al mar. A los fragmentos menores de 5 milímetros se les llama "microplásticos", pero la descomposición no se detiene ahí: cuando las partículas se reducen por debajo de 1 micrómetro (una milésima de milímetro), se convierten en "nanoplásticos".

Invisibles a simple vista e incluso difíciles de captar con un microscopio convencional, estas partículas ultrafinas tienen la capacidad de atravesar las membranas celulares y penetrar en los tejidos de los organismos vivos. Si los microplásticos son la cara visible de la contaminación oceánica, los nanoplásticos son la amenaza oculta que se esconde tras ella, más profunda y más grave.

El estudio de la Universidad de Nagasaki: el terror de la "amplificación por cadena alimentaria"

En diciembre de 2025, el grupo de investigación del profesor asociado Mitsuharu Yagi, de la Facultad de Pesca de la Universidad de Nagasaki, publicó un artículo pionero en la revista internacional Science of the Total Environment. El objeto del experimento fueron las larvas de dorada roja (Pagrus major), una de las especies emblemáticas de la industria pesquera japonesa.

El equipo utilizó nanoplásticos de 0,2 μm de diámetro y microplásticos de 3 μm, y comparó el efecto de dos vías de ingesta distintas. La primera fue la "ingesta directa": las larvas tragaban directamente las partículas suspendidas en el agua. La segunda fue la "ingesta indirecta": primero los rotíferos (un zooplancton) absorbían los nanoplásticos, y luego las larvas se comían esos rotíferos como alimento.

Los resultados fueron impactantes. Aunque los nanoplásticos se detectaron en el tubo digestivo de las larvas por ambas vías, la tasa de supervivencia cayó de forma mucho más pronunciada en las larvas que ingirieron los nanoplásticos de manera indirecta, a través de los rotíferos. Es decir, el impacto de la contaminación plástica se "amplificaba" a través de la cadena alimentaria.

Ni siquiera los individuos que sobrevivieron quedaron a salvo. Se detectaron respuestas de estrés graves a nivel celular: aumento de enzimas antioxidantes (SOD y CAT) y activación de genes de respuesta al estrés (HSP70) y de genes inflamatorios (IL-1β). Aunque el cuerpo seguía vivo, en su interior continuaba una intensa lucha contra el daño.

Por qué las aguas de Japón están entre las más contaminadas del mundo

Lo que hace aún más grave este estudio es el estado de contaminación de las aguas que rodean Japón.

Según un análisis basado en datos de encuestas del Ministerio de Medio Ambiente de Japón, la concentración de microplásticos en las aguas próximas a Japón alcanza unas 27 veces el promedio mundial y unas 16 veces el promedio del Pacífico Norte. Y no se debe únicamente al plástico que Japón genera: influye mucho una estructura geográfica por la cual enormes cantidades de residuos plásticos vertidos al mar desde Asia oriental y sudoriental llegan a las aguas japonesas arrastrados por la corriente de Kuroshio y la corriente cálida de Tsushima.

Un estudio de la Agencia Japonesa de Ciencia y Tecnología Marina-Terrestre (JAMSTEC) confirmó que incluso en la llanura abisal situada a unos 500 kilómetros de la península de Boso, a unos 6.000 metros de profundidad, se acumulan grandes cantidades de residuos plásticos. Además, en los muestreos oceánicos que el equipo del profesor Yagi realizó a bordo de su buque escuela se informó que "no ha habido ni una sola vez en que no se detectaran microplásticos", lo que evidencia hasta qué punto las aguas japonesas están ya saturadas de partículas plásticas.

Por otra parte, un grupo de la Universidad de Tokio analizó la variación de la densidad de residuos plásticos en las aguas próximas a Japón a lo largo de 71 años, entre 1949 y 2020, y constató que la densidad aumentó drásticamente a partir de mediados de la década de 2010. La advertencia de que el mar podría haber superado su "capacidad de absorción" es grave.

Implicaciones para la pesca y la seguridad alimentaria

Japón es una de las naciones con mayor consumo de productos del mar del mundo. En la acuicultura, la dorada roja es una de las especies principales, de modo que una caída en la tasa de supervivencia de sus larvas puede traducirse directamente en mayores costos de cultivo e inestabilidad en la producción.

El problema no se limita a la acuicultura. Las larvas de los peces que nacen en el mar abierto crecen en la misma agua y comen el mismo plancton. Si la contaminación por nanoplásticos reduce la supervivencia inicial de los peces silvestres, podría suponer un golpe adicional para numerosas especies cuyas poblaciones ya se encuentran en declive.

El efecto sobre las personas también inquieta. La Organización Mundial de la Salud (OMS), en un informe de 2019, consideró bajo el riesgo actual de los microplásticos del agua potable para la salud humana, pero reconoció la falta de datos sobre las partículas de tamaño nanométrico y reclamó más investigación. Para los japoneses, grandes consumidores de pescado y marisco, la acumulación de nanoplásticos a través de la cadena alimentaria es un tema que no se puede ignorar.

Los esfuerzos globales y los desafíos de Japón

En el mundo se acelera el movimiento para reducir el plástico. En la Unión Europea se prohibió desde 2021 el uso de pajitas, cubiertos y vajilla desechables, y más de 45 países han aprobado por vía parlamentaria la prohibición de las bolsas de plástico. En 2022, la Asamblea de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente acordó iniciar las negociaciones para elaborar un tratado sobre plásticos jurídicamente vinculante.

Japón, en cambio, figura como el segundo país del mundo en residuos de envases plásticos por habitante, y no firmó la "Carta sobre los Plásticos Oceánicos" presentada en la cumbre del G7 de Charlevoix de 2018. En el G20 de Osaka de 2019 lanzó la "Visión del Océano Azul de Osaka", con el objetivo de reducir a cero la contaminación adicional por residuos plásticos marinos para 2050, pero sin abordar la retirada de la contaminación ya existente. El cobro obligatorio por las bolsas de plástico, introducido en 2020, fue un paso simbólico, pero, ante la magnitud del problema, las medidas apenas están comenzando.


Invisibles y muy difíciles de recuperar, ¿cómo debemos afrontar los nanoplásticos? Mientras disfrutamos de la comodidad del plástico, tenemos que mirar de frente la realidad de que son las criaturas del mar las que pagan el precio.

En Japón crece el interés por la contaminación plástica de los océanos. ¿Cómo se aborda este problema en tu país? Cuéntanos sobre las regulaciones de plásticos de un solo uso o las iniciativas de conservación marina donde vives.

Referencias