El 3 de septiembre de 2024, el Ministerio de Medio Ambiente de Japón anunció oficialmente la erradicación completa de la mangosta india pequeña invasora de la isla Amami Oshima, en la prefectura de Kagoshima. Este logro marca un hito histórico en la historia de la conservación, representando la primera erradicación exitosa de mangostas en una isla grande y habitada del mundo.

Cómo llegó la mangosta a Amami Oshima

La mangosta india pequeña (Urva auropunctata) fue introducida en Amami Oshima hacia 1979 como medida de control biológico contra la víbora habu, una serpiente venenosa endémica de la región: se llevaron desde Okinawa unos 30 ejemplares. Este pequeño mamífero, originario del sur de Asia, era conocido por su capacidad para matar serpientes y ya había sido introducido en la isla principal de Okinawa en 1910 con propósitos similares.

Sin embargo, este plan se basaba en un error ecológico crítico. Las mangostas son criaturas diurnas, activas durante el día, mientras que las serpientes habu son nocturnas, cazan de noche. Con una superposición mínima en sus horas de actividad, las mangostas rara vez se encontraban con las serpientes objetivo, y mucho menos las depredaban.

En lugar de controlar la población de habu, las mangostas se alimentaron de las especies nativas vulnerables de la isla. La más gravemente afectada fue el conejo de Amami (Pentalagus furnessi), a menudo llamado «fósil viviente» debido a sus características primitivas. Este monumento natural especial de Japón existe solo en Amami Oshima y la vecina Tokunoshima, y se convirtió en presa fácil para el depredador introducido.

Otras especies endémicas también sufrieron dramáticas disminuciones poblacionales, incluyendo la rata espinosa de Amami, la rata de pelo largo de Ryukyu y el arrendajo de Lidth. El delicadamente equilibrado ecosistema de la isla enfrentó una grave perturbación.

El largo camino hacia la erradicación

Los daños a cultivos y aves de corral llevaron a los municipios a iniciar capturas por daños en el año fiscal 1993. El Ministerio de Medio Ambiente puso en marcha su programa de control a gran escala en el año 2000, cuando la población se estimaba en unos 10.000 animales.

El punto de inflexión llegó en 2005, con la entrada en vigor de la Ley de Especies Exóticas Invasoras. El presupuesto creció con fuerza y se formó un equipo profesional a tiempo completo, los Amami Mongoose Busters, lo que permitió aplicar presión de captura sobre toda el área de distribución a la vez. El método combinaba trampas de muerte, cámaras con sensor y perros de detección. En Amami se usaron dos tipos de perro: los de detección en vivo, que perseguían al animal, y los de detección de excrementos, que buscaban heces para determinar si había mangostas en la zona.

Las trampas de muerte tuvieron un coste. Se capturaban por error ratas y aves nativas. El programa continuó bajo el criterio de que la depredación de la mangosta causaba más daño que esa captura accidental, pero se rediseñaron las trampas y se ajustaron su ubicación y su calendario para reducir las muertes no buscadas.

A medida que avanzaban los esfuerzos de erradicación, las cifras de captura anual disminuyeron constantemente. Sin embargo, este éxito creó su propio desafío: cuantas menos mangostas quedaban, más difícil era encontrarlas. Localizar a los últimos individuos representó el mayor obstáculo del programa.

Un único animal capturado en el año fiscal 2018 resultó ser el último. Al año siguiente las capturas cayeron a cero. Aun así, confirmar la erradicación exigió varios años más de seguimiento. Desde el año 2000, el programa capturó más de 30.000 mangostas, con un coste acumulado de unos 3.600 millones de yenes hasta el año fiscal 2024.

Lo difícil era demostrar una ausencia. Cero capturas no equivale a cero animales. El ministerio recurrió por ello a dos modelos de probabilidad: un Harvest-based Model (HBM), que estima la probabilidad de erradicación por áreas, y un Rapid Eradication Assessment (REA), que trabaja con datos por individuo. Aplicados a los datos confirmados hasta el cierre del año fiscal 2023, el HBM arrojó un 99,7 % y el REA un 98,9 %. Esas cifras, junto al criterio del panel de expertos, dieron lugar a la declaración del 3 de septiembre de 2024.

Significado global y perspectivas futuras

Amami Oshima tiene 712 kilómetros cuadrados, más que los 23 distritos de Tokio juntos. Se han logrado erradicaciones de mamíferos introducidos en otros lugares, pero a una escala mucho menor, por lo general en islotes deshabitados. Eliminar una población que se había extendido por una isla habitada de este tamaño y que llevaba décadas asentada se considera un caso sin precedentes. Los métodos y los datos de este esfuerzo de 24 años sirven ya de referencia para otros sistemas insulares con el mismo problema.

Amami Oshima fue inscrita como Sitio del Patrimonio Natural Mundial de la UNESCO en 2021 como parte de «Isla Amami-Oshima, Isla Tokunoshima, Parte Norte de la Isla de Okinawa e Isla Iriomote». La erradicación de la mangosta fue un componente crucial de los esfuerzos de conservación que condujeron a este reconocimiento y continuará apoyando la preservación del valor patrimonial natural de la isla.

Los resultados ya son medibles. El conejo de Amami, las ratas nativas como la rata espinosa de Amami, las aves y los anfibios muestran una recuperación clara en las zonas de las que habían desaparecido cuando la densidad de mangostas era máxima.

Desafíos pendientes

Quedan mangostas en el norte de la isla principal de Okinawa, donde la eliminación avanza con los mismos métodos. También allí se recuperan el gallo de Okinawa y las ratas nativas, pero el trabajo no ha terminado. Parte de las trampas usadas en Amami se cedieron a Okinawa; otras se guardan como reserva ante una posible reinvasión desde allí. La erradicación no es tanto un punto final como el comienzo de una vigilancia.

Los demás problemas de especies invasoras de la isla siguen abiertos. La depredación por gatos asilvestrados, abandonados por personas, y los atropellos asociados al aumento del turismo continúan amenazando al conejo de Amami.

Un problema que las personas crearon en 1979 costó a las personas 24 años deshacerlo. Eso es un hecho. La aritmética muestra además lo poco que costó introducirlo y lo mucho que costó revertirlo.

¿Cómo aborda su país los desafíos de las especies invasoras? ¿Qué políticas de conservación y programas de erradicación existen en su lugar de residencia? Nos encantaría conocer la situación en su parte del mundo. Comparta sus experiencias y perspectivas.

Referencias