En 2006, el profesor Shinya Yamanaka, de la Universidad de Kioto, creó a partir de células de ratón las primeras células iPS del mundo. Veinte años después, por fin ha llegado el día en que productos fabricados con células iPS se administran a pacientes reales. El 19 de febrero de 2026, un comité de expertos del Ministerio de Salud de Japón dio el visto bueno a dos productos de células iPS: una «lámina» que repara el corazón y unas «células» que reponen las neuronas del cerebro. La nueva era de la medicina regenerativa, tan esperada, empieza a amanecer desde Japón.

¿Qué son las células iPS? Las células «todoterreno»

Las células iPS (células madre pluripotentes inducidas) son células especiales que se obtienen «reprogramando» células corrientes, como las de la piel o la sangre, mediante la introducción de determinados genes. Estas células tienen la capacidad de convertirse en casi cualquier tipo de célula del cuerpo, ya sean células del corazón o neuronas.

En 2006, el equipo del profesor Shinya Yamanaka, de la Universidad de Kioto, logró por primera vez en el mundo crear células iPS a partir de células de ratón, y al año siguiente, en 2007, lo consiguió también con células humanas. Por este logro, Yamanaka recibió el Premio Nobel de Fisiología o Medicina en 2012, y desde entonces Japón ha liderado la investigación mundial en células iPS.

Lo revolucionario de las células iPS es que permiten fabricar el tejido necesario a partir de células del propio paciente o de un donante. No hace falta esperar a un donante, como en un trasplante de órganos, y en teoría se podrían producir en la cantidad que se necesite.

Dos productos: «ReHeart» y «Amshepri»

ReHeart: una lámina de músculo cardíaco que repara el corazón desde dentro

«ReHeart» es un producto para la insuficiencia cardíaca grave desarrollado por Cuorips (con sede en Tokio), una empresa emergente surgida de la Universidad de Osaka. Se basa en años de investigación del profesor Yoshiki Sawa (cirugía cardiovascular) de dicha universidad.

Funciona así: primero se cultivan células de músculo cardíaco a partir de células iPS de un donante sano y se les da forma de lámina fina, de unos 0,1 milímetros de grosor y de 4 a 5 centímetros de diámetro. Luego, mediante cirugía, se adhieren tres de esas láminas a la superficie del corazón del paciente. La intervención dura unos 50 minutos, relativamente poco.

Las láminas de músculo cardíaco funcionan sobre la superficie del corazón durante unos tres meses y segregan sustancias bioactivas llamadas «citoquinas». Con ello se forman nuevos vasos sanguíneos en el corazón y se va reparando el tejido dañado. La propia lámina desaparece del organismo tras finalizar la administración de inmunosupresores, pero la función cardíaca ya recuperada se mantiene.

Entre 2020 y 2023 se realizó un ensayo clínico con ocho pacientes en cuatro centros, encabezados por el Hospital Universitario de Osaka. Todos mejoraron sus síntomas, no se observó formación de tumores y se confirmó la seguridad. Se ha informado de un paciente de unos cincuenta años que antes del tratamiento no podía completar los 18 hoyos de golf y que, tras él, recuperó una vida normal en la que podía viajar por trabajo e incluso volver a jugar al golf.

Cuorips presentó la solicitud de autorización de comercialización al Ministerio de Salud en abril de 2025, y prepara también la solicitud en Estados Unidos.

Amshepri: llevar neuronas al cerebro para tratar el Parkinson

«Amshepri» (nombre genérico: raguneprocel) es el producto para tratar la enfermedad de Parkinson presentado por Sumitomo Pharma (ciudad de Osaka). Se desarrolló a partir de los resultados de la investigación del profesor Jun Takahashi (neurocirugía) y su equipo en el Centro de Investigación y Aplicación de Células iPS (CiRA) de la Universidad de Kioto.

La enfermedad de Parkinson es una dolencia grave en la que van disminuyendo poco a poco las neuronas que segregan «dopamina», el neurotransmisor relacionado con el movimiento. Aparecen temblores en las manos y los pies, rigidez corporal y dificultad para caminar. Se calcula que hay unos 290.000 pacientes en Japón y más de 10 millones en todo el mundo.

El tratamiento convencional se basaba sobre todo en reponer la dopamina con fármacos, pero a medida que la enfermedad avanza el efecto se debilita y aparecen efectos secundarios. Amshepri adopta un enfoque más de fondo: repone directamente las neuronas perdidas con células nuevas derivadas de células iPS.

En concreto, a partir de células iPS se fabrican células precursoras de las neuronas dopaminérgicas y, mediante cirugía cerebral estereotáctica (se abre un pequeño orificio en el cráneo para introducir una aguja), se trasplantan a una zona del cerebro llamada putamen. Las células trasplantadas maduran hasta convertirse en neuronas que segregan dopamina y suplen la función perdida.

Entre 2018 y 2023 se realizó un ensayo clínico con siete pacientes en el Hospital Universitario de Kioto. De los seis evaluados en cuanto a eficacia, cuatro mostraron una mejora clara de la función motora, hasta el punto de dejar de necesitar asistencia. Las tomografías PET confirmaron que las células trasplantadas producían realmente dopamina, y no se observó ninguna formación de tumores. Estos resultados se publicaron en abril de 2025 en la prestigiosa revista científica Nature.

Sumitomo Pharma presentó la solicitud de autorización en agosto de 2025. En Estados Unidos, un ensayo similar está en marcha desde 2023 en la Universidad de California en San Diego.

«Aprobación condicional y de tiempo limitado»: entregar antes al paciente con un «permiso provisional»

Esta autorización se concedió mediante el mecanismo llamado «aprobación condicional y de tiempo limitado». Como los ensayos de medicina regenerativa requieren mucho tiempo, este sistema, propio de Japón, otorga una «autorización provisional» cuando la eficacia puede estimarse a partir de datos de un número reducido de casos, de modo que el producto llegue cuanto antes al paciente. Puede entenderse como el «permiso provisional» del carné de conducir.

Tras la autorización, en un plazo máximo de siete años hay que reunir datos de más pacientes, demostrar de nuevo la eficacia y la seguridad, y obtener la «autorización definitiva». Tanto ReHeart como Amshepri tienen un plazo de siete años.

Ahora bien, de los seis productos aprobados en el pasado bajo este sistema, dos retiraron la solicitud al no poder demostrar eficacia y los otros cuatro siguen en fase de estudio, sin que ninguno haya alcanzado todavía la autorización definitiva. Que estos productos de células iPS lleguen o no a esa autorización definitiva es un punto de gran interés de cara al futuro.

Veinte años de investigación que dan fruto: la trayectoria de la investigación japonesa en células iPS

El Gobierno de Japón ha invertido más de 110.000 millones de yenes (unos 730 millones de dólares) en la investigación de células iPS. El Ministerio de Educación desplegó un gran programa de apoyo a la investigación a lo largo de diez años, y el Ministerio de Salud preparó el marco legal que permite una autorización rápida de la medicina regenerativa.

En la actualidad, en Japón hay más de ocho programas de investigación clínica y ensayos en marcha con células iPS. Además del corazón y el cerebro aprobados ahora, se investiga en campos como la retina (enfermedades oculares), las lesiones de médula espinal, las plaquetas (enfermedades de la sangre) y la inmunoterapia contra el cáncer.

Esta autorización, pionera en el mundo, es el momento en que da fruto la inversión estratégica de Japón durante años y, a la vez, un primer paso hacia una nueva etapa: la comercialización de la medicina regenerativa.

Desafíos y perspectivas: precio, escala y la barrera de la autorización definitiva

Pese a ser una primicia mundial, los desafíos no son pocos.

En primer lugar, está el problema del precio. El tratamiento con células iPS tiene un proceso de fabricación complejo y un coste muy elevado. La clave para su difusión será si se puede reducir el precio hasta un nivel al que muchos pacientes puedan acceder.

En segundo lugar, está la cuestión de la escala. Ambos productos se ensayaron con menos de diez pacientes. Habrá que demostrar en los próximos siete años que se mantienen la misma eficacia y seguridad al aplicarlos a más pacientes.

También hay dudas sobre el propio sistema de aprobación condicional. Como ningún producto ha llegado hasta ahora a la autorización definitiva, se observa con atención si los productos de células iPS podrán ser el primer caso de éxito.

Aun así, la autorización de estos dos productos es, sin duda, un acontecimiento histórico. Estamos presenciando justo el momento en que las células iPS pasan de ser un logro de laboratorio a convertirse en un tratamiento para los pacientes.


En Japón, la investigación en células iPS, simbolizada por el Nobel del profesor Yamanaka, es motivo de orgullo nacional; al mismo tiempo, hay quien se pregunta si los frutos de una investigación financiada con impuestos llegarán de verdad a la población, o si el precio será tan alto que quede fuera del alcance del paciente común. En tu país, ¿hasta qué punto es cercana la medicina regenerativa? ¿Qué te parece la noticia de las células iPS? Cuéntanoslo en los comentarios.

Referencias