🍣 En 2025, los turistas extranjeros que visitaron Japón gastaron alrededor de 2,07 billones de yenes (unos 12.900 millones de dólares) solo en comida y bebida. La cifra revela algo sencillo: para una porción cada vez mayor de viajeros, la comida ya no acompaña al viaje, es el viaje. El sushi, el ramen y una loncha de wagyu veteado sobre la parrilla dejaron de ser souvenirs. Se convirtieron en el motivo principal.

Un año récord, y la comida no se quedó atrás

Japón cruzó un umbral en 2025. El país recibió 42,68 millones de visitantes internacionales, la primera vez que supera los 40 millones, un 15,8 % más que el año anterior. Su gasto total alcanzó los 9,46 billones de yenes (unos 58.700 millones de dólares), otro récord, según la Agencia de Turismo de Japón.

Dentro de esa cifra, la comida y la bebida sumaron 2,0711 billones de yenes (cerca de 12.900 millones de dólares). Representa el 21,9 % de todo el gasto de los visitantes, la tercera categoría tras el alojamiento (36,6 %) y las compras (27,0 %), y creció un 18,8 % en un solo año. Dicho de otro modo, más de uno de cada cinco yenes que gastan los turistas en Japón termina hoy en un restaurante, una barra o un puesto callejero.

El impulso no se detuvo. En el primer trimestre de 2026, la proporción dedicada a la comida volvió a subir, hasta el 22,9 %, desplazando la vieja tendencia en que dominaban las compras. La imagen del turista que arrastraba maletas llenas de cosméticos y arroceras se desvanece. La nueva sostiene unos palillos.

Por viajero, el gasto en comida promedió unos 50.000 yenes (alrededor de 310 dólares) por viaje. Suena modesto hasta que se multiplica por 42 millones de personas, y hasta que uno entiende que, para muchas de ellas, comer fue la razón misma de venir. Distintas encuestas sitúan una y otra vez "comer comida japonesa" como lo más esperado de un viaje a Japón, por delante de las compras, los paisajes o las aguas termales.

Qué piden realmente 42 millones de personas

¿Qué llena entonces todos esos platos? Los clásicos hacen gran parte del trabajo.

Una encuesta del banco Norinchukin a 1.200 personas de Estados Unidos, Reino Unido, Francia, China y Corea del Sur que habían visitado Japón encontró que el 68,3 % comió sushi, muy por delante de la tempura (47,2 %) y del filete o yakiniku (46,9 %). Al preguntar cuál fue el plato más delicioso, el sushi volvió a encabezar la lista con un 19,4 %, seguido del filete/yakiniku (9,2 %), el sukiyaki (8,0 %) y el unagi, anguila a la parrilla (7,4 %).

Lo curioso está en las diferencias. Entre los encuestados chinos, la anguila superó al sushi. Y un llamativo 86,7 % afirmó que la comida japonesa que probó en Japón sabía distinta de la "comida japonesa" de su país, una brecha que alcanza su máximo entre chinos (97 %) y franceses (92,7 %). Esa sensación de "esto sí es lo auténtico" explica buena parte del atractivo. Al preguntar qué comerían en un próximo viaje, el sushi lideró de nuevo con un 58,7 %.

El ramen merece mención aparte. Los viajeros occidentales, en particular, leen una larga fila a la puerta de un local de ramen no como una traba sino como prueba de calidad, y la lógica de elegir la dureza del fideo, la intensidad del caldo y los acompañamientos encaja con su manera de comer. La variedad regional ayuda: miso en Hokkaido, tonkotsu en Kyushu, shoyu en Tokio. Y luego está el wagyu, una palabra ya reconocida en todo el mundo, con las carnes de Kobe, Matsusaka y Omi atrayendo a visitantes de mayor gasto que convierten una cena de yakiniku o teppanyaki en el centro del viaje.

Sin ruido, la lista se ha ampliado. El onigiri, la sopa de miso, las gyoza, el curry japonés e incluso la comida de los konbini aparecen ya entre los platos que más impresionan: las comidas cotidianas que permiten al viajero sentir que tocó la vida japonesa común, y no solo su versión de lujo.

El desafío que ningún plato esquiva

Junto al auge crece un problema, y tiene que ver con quién puede comer qué.

A medida que se diversifica el perfil de los visitantes, también lo hacen sus necesidades alimentarias. Según un cálculo sobre datos de la Organización Nacional de Turismo de Japón, elaborado por el especialista en etiquetado alimentario Nobutaka Kikuchi, el 34 % de las llegadas de los 16 principales países de origen en 2025 provino de lugares con poblaciones vegetarianas o musulmanas significativas. India, Taiwán, Indonesia, Malasia y varios mercados occidentales aportan viajeros que, por religión, ética o salud, no pueden o no quieren ciertos ingredientes.

Japón llegó tarde a esto. El dashi, el caldo de pescado que sostiene incontables platos "de verdura", descalifica en silencio muchos menús para los vegetarianos estrictos. La grasa de cerdo y alcoholes de cocina como el mirin recorren platos que los comensales musulmanes deben evitar. El Gobierno estimó hace años que solo los visitantes vegetarianos rondaban los 1,67 millones al año, con un gasto en comida de entre 45.000 y 60.000 millones de yenes, y esa base no ha dejado de crecer.

El avance es real, pero desigual. En la Expo 2025 de Osaka se desplegaron los pictogramas de ingredientes "FOODPICT" por todo el recinto, iconos simples que indican si un plato contiene cerdo, alcohol o ternera, y desde entonces una gran cadena de konbini empezó a usar etiquetas similares en sus propios productos. Los locales que ofrecen ramen vegano con leche de soja, o versiones halal del jingisukan de cordero de Hokkaido, se multiplican en las grandes ciudades. Aun así, cuando se pregunta a los visitantes qué los frustró, la comunicación aparece en segundo lugar, solo detrás de la falta de papeleras, y el lugar donde esa frustración más se manifiesta es el restaurante.

Cómo recorrer Japón comiendo

Si planeas un viaje con el estómago al mando, conviene saber algunas cosas.

Apuesta por lo regional. Las comidas más memorables suelen ser las atadas a un sitio: el okonomiyaki y el takoyaki de Osaka, el marisco de Hokkaido, el ramen tonkotsu de Fukuoka, las ostras de Hiroshima. Perseguir un plato hasta su ciudad natal también te saca del atasco Tokio-Kioto-Osaka y te lleva a regiones más tranquilas, encantadas de recibirte.

Métete en la cocina. Las clases de sushi o de ramen se han disparado y te regalan la historia detrás del plato, no solo el sabor. Los depachika, esos enormes mercados de comida en el sótano de los grandes almacenes, son una forma cómoda de picotear decenas de especialidades regionales en una sola parada.

Unas notas prácticas. Los mejores restaurantes, sobre todo las barras de sushi, suelen exigir reserva con días de antelación y pueden no tener menú en inglés, así que reservar por medio del conserje del hotel o de una app ayuda. Muchos locales pequeños y excelentes siguen prefiriendo el efectivo. Y si tienes restricciones alimentarias, busca sitios que exhiban su política con claridad: cada vez más lo hacen, precisamente porque saben que vas a llegar.

Los restaurantes japoneses pasaron décadas perfeccionando sus platos para un público local. Ahora 42 millones de forasteros al año aparecen con hambre, y el país aprende, despacio, a poner más tipos de mesa. ¿Cuál es ese plato por el que cruzarías un océano, y armarías un viaje entero a su alrededor?

Referencias