🔴 Las imágenes del universo lejano del telescopio espacial James Webb no dejan de mostrar puntitos rojos, y los astrónomos todavía no se ponen de acuerdo sobre qué son. Un equipo liderado desde Alemania usó el superordenador astronómico japonés ATERUI III para mostrar cómo un agujero negro recién nacido podría verse exactamente así. Pero si se leen juntos los comunicados en japonés y en inglés sobre el mismo estudio, la respuesta a cuánto se ha resuelto cambia.

Un nombre que admite no saber

El James Webb (JWST) es un telescopio espacial infrarrojo operado conjuntamente por la NASA, la ESA y la Agencia Espacial Canadiense (CSA). Empezó a observar de lleno en 2022. Enseguida aparecieron, repartidos por sus imágenes del universo remoto, pequeños puntos de luz roja. Según Quanta Magazine, aparecen uno o dos en casi todas las imágenes que toma el Webb.

Los bautizaron como "little red dots" (pequeños puntos rojos, LRD). El nombre describe cómo se ven, no qué son.

Los estudios con datos del Webb indican que aparecen unos 600 millones de años después del Big Bang y escasean de golpe hacia los 1.500 millones de años. Parte del color se debe a la distancia: el universo se expande y la luz que lo atraviesa se estira hacia longitudes de onda más largas y rojas, un efecto llamado corrimiento al rojo. Pero, como señala Harvard Magazine, la causa de su rojez propia sigue en debate.

Tres sospechosos, ningún veredicto

Al principio, algunos astrónomos los interpretaron como galaxias brillantes. El problema es que galaxias tan brillantes tendrían que ser enormes, y nadie sabía cómo podían haber crecido tanto en solo unos cientos de millones de años. Otros han propuesto explicarlos con una formación estelar intensa, sin agujeros negros.

Lo que cambió el rumbo fue la espectroscopia, que separa la luz en sus colores. En muchos LRD, la luz del hidrógeno aparece repartida en una franja amplia de colores. Estas líneas anchas suelen indicar gas girando alrededor de un agujero negro. Eso apuntaba a un núcleo galáctico activo (AGN): un agujero negro supermasivo que devora gas en el centro de una galaxia. Roberto Maiolino, astrónomo de la Universidad de Cambridge, sostiene que los agujeros negros convencionales bastan para explicarlos y que los más rojos quizá se ven desde un ángulo que oculta el centro.

El tercer bando incluye a Anna de Graaff, del Instituto Max Planck de Astronomía, en Heidelberg, y a Rohan Naidu, de la Universidad de Hawái. En marzo de 2025 propusieron algo nuevo: una "estrella de agujero negro". Por fuera parecería una enorme bola de hidrógeno, es decir, una estrella, pero por dentro la alimentaría un agujero negro oculto.

Como agujeros negros, los LRD también son raros. Apenas emiten rayos X y casi no parpadean. Y si son agujeros negros, pesan demasiado para las estrellas que los rodean. El Observatorio Astronómico Nacional de Japón (NAOJ) los llama agujeros negros "sobremasivos" y explica que su origen se ha convertido en un gran enigma.

Lo que calculó ATERUI III

El nuevo estudio se publicó en Nature el 16 de septiembre de 2026. Lo dirigió Sunmyon Chon, investigador del Instituto Max Planck de Astrofísica (MPA), en Alemania, junto con Shingo Hirano, de la Universidad de Kanagawa; Tomoaki Ishiyama, de la Universidad de Chiba, y Volker Springel, director del MPA, entre otros.

El grueso del cálculo corrió a cargo de ATERUI III, un superordenador dedicado a la astronomía. Funciona desde el 2 de diciembre de 2024 en el campus de Mizusawa del NAOJ, en Oshu (prefectura de Iwate). Debe su nombre a Aterui, un jefe emishi de la zona de Mizusawa que plantó cara a las campañas militares de la corte en el periodo Heian (los emishi eran un pueblo del noreste de Japón que resistió la expansión de la corte imperial).

Según el NAOJ, las simulaciones anteriores daban por hecho el agujero negro y seguían su crecimiento, mientras que este equipo partió del universo simulado Uchuu, creado con el anterior ATERUI II, y buscó en él regiones abarrotadas de galaxias jóvenes. El artículo señala 60 regiones candidatas que cumplían sus criterios. Siguieron en detalle la de crecimiento más rápido y calcularon a la vez la gravedad, el gas y la radiación, desde regiones de cientos de millones de años luz hasta nubes de gas de pocos años luz.

En la simulación, la luz ultravioleta de galaxias vecinas brillantes impidió que una nube cercana se enfriara y formara estrellas corrientes. Mientras tanto, la gravedad de la materia oscura siguió atrayendo gas. Así nació una estrella supermasiva de entre 500.000 y 900.000 veces la masa del Sol, que acabó convertida en un agujero negro "semilla" de alrededor de un millón de veces la masa del Sol.

Envuelta en un grueso disco de gas, esa semilla tragó gas decenas de veces más rápido que el límite de Eddington, el ritmo a partir del cual la propia radiación del agujero negro suele frenar la caída del gas. Llegó a unos 30 millones de masas solares hacia los 600 millones de años tras el Big Bang. En cambio, las semillas ligeras que dejaron las primeras estrellas, de unas 800 masas solares, apenas crecieron.

El vínculo con el Webb está en ese capullo de gas. El gas denso absorbe y dispersa la luz, la enrojece y ensancha las líneas de hidrógeno por dispersión de electrones. Son justo los rasgos típicos de los LRD. "Al principio no pensaba que objetos como los LRD pudieran reproducirse en una simulación", recordó Chon en el comunicado en japonés del NAOJ.

El mismo estudio, dos tonos

El comunicado en japonés del NAOJ se titula, más o menos, "Acercándose a la identidad de los misteriosos 'pequeños puntos rojos'". Su versión detallada dice que los LRD podrían ser el aspecto de un agujero negro gigante recién nacido en el universo temprano.

El comunicado en inglés del propio NAOJ afirma que las simulaciones "have explained the nature of the Little Red Dots" (han explicado la naturaleza de los LRD) y que "the LRDs are the answer to the black hole growth mystery" (los LRD son la respuesta al misterio del crecimiento de los agujeros negros). En el del MPA, Chon dice: "This is a perfect match" (encaja a la perfección).

Lo que mostró el estudio es que una cadena de sucesos verosímil, que parte de condiciones corrientes del universo temprano, produce un objeto con aspecto de LRD. Según el NAOJ, es el primero en unir en un solo proceso el nacimiento de la semilla, su crecimiento rápido y su aspecto de LRD.

Pero el cálculo detallado siguió solo la región elegida por crecer más rápido. Muestra que ese camino es posible; no dice cuántos de los puntos del Webb lo recorrieron. El propio texto en japonés del NAOJ lo pone como siguiente tarea: comprobar qué parte de los LRD explica y si llegan a ser cuásares de más de mil millones de masas solares. El estudio respalda la hipótesis del agujero negro, pero no la demuestra.

El problema de "demasiado pesado" también se mueve

En enero de 2026, un equipo encabezado por Vadim Rusakov, de la Universidad de Mánchester, publicó otro análisis en Nature. Con los mejores espectros del Webb, concluyó que las líneas anchas vienen sobre todo de la dispersión por electrones y no de un giro rápido del gas. Si es así, las masas serían unas 100 veces menores que las estimaciones previas (entre 100.000 y 10 millones de soles), lo que alivia buena parte del problema de masa y crecimiento.

La nueva simulación también explica las líneas anchas por dispersión de electrones. Leídos juntos, los dos artículos sugieren que la propia premisa sigue en movimiento. La pregunta quizá esté pasando de "¿cómo se formaron tan pronto agujeros negros tan pesados?" a "¿cuánto pesan en realidad?". Ninguno de los dos equipos saca esa conclusión.

"El campo se ha polarizado mucho", dijo a Quanta Anna-Christina Eilers, del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT). Dale Kocevski, del Colby College, cree que quizá no todos los LRD sean el mismo tipo de objeto: "Tengo la sospecha de que ambos tenemos razón", comentó.

Los agujeros negros también tienen infancia

Los puntos importan por un enigma de décadas. Agujeros negros de millones a miles de millones de masas solares ya existían unos cientos de millones de años después del Big Bang. Cómo crecieron tan rápido sigue sin resolverse.

Hay dos grandes ideas. Las semillas ligeras nacen de restos de las primeras estrellas, de decenas o cientos de soles, y tienen que alimentarse sin pausa a ritmos extremos. Las pesadas nacen ya grandes; la versión clásica es una nube de gas que colapsa directamente en un agujero negro de unos 100.000 soles. El resultado de ATERUI III se sitúa del lado de las semillas pesadas, aunque por un camino algo distinto: su semilla pasó por una estrella supermasiva de vida corta y nació con alrededor de un millón de soles, algo que según el artículo supera en un orden de magnitud lo que suele esperar la teoría. Si se confirma, los puntos rojos del Webb serían agujeros negros en su infancia, sorprendidos en un estirón breve y oculto.

¿Cómo contaron los medios de tu país lo de los puntos rojos del Webb: misterio resuelto o un sospechoso con muchas papeletas?

Referencias