🍃 El Studio Ghibli prepara una exposición sobre el zen. No es una película nueva ni una atracción de parque temático: es una muestra serena en Kioto que pregunta cómo atravesar esta época. Abre este otoño en el Museo de Arte KYOCERA de la Ciudad de Kioto, gira en torno a El chico y la garza y parte de una idea: que el cine de Ghibli y el zen llevan tiempo mirando hacia el mismo lugar. ¿Qué tiene que ver una garza encerrada en una torre con una tradición de meditación de siglos? Más de lo que parece.

Una muestra de Ghibli que invita a frenar

Imagen principal de la exposición Zen y Ghibli, con la caligrafía del título de Toshio Suzuki

Fuente: Studio Ghibli

Del 3 de octubre al 6 de diciembre de 2026, el Museo de Arte KYOCERA de Kioto (ala nueva, Higashiyama Cube) acoge "Zen y Ghibli", una muestra que el propio estudio describe como "Ghibli para adultos".

Todo se construye alrededor de El chico y la garza (2023), el filme de Hayao Miyazaki que ganó el Óscar a la mejor película de animación y que, según la organización, reunió al mayor público en el extranjero de toda la historia del estudio. No es una retrospectiva al uso. En su lugar, la exposición reúne frases célebres, fotogramas y la caligrafía del productor Toshio Suzuki para hacer aflorar una "manera de mirar" que recorre por debajo toda la obra de Ghibli.

El lema viene a decir: "¿Cómo atravesar esta época?". Y poco después de su cierre, la misma sala alberga una muestra complementaria: una exposición sobre Hakuin (título provisional), también producida por Ghibli, del 17 de diciembre al 11 de enero. Hakuin fue un monje zen del periodo Edo célebre por su pincel, y el emparejamiento deja ver con nitidez la discreta "serie zen" del estudio.

Todo empezó con un libro

La exposición nace de un libro de 2018, titulado igualmente Zen y Ghibli, escrito por Suzuki. Sus interlocutores fueron tres monjes zen de la escuela Rinzai: Shinsuke Hosokawa, abad de Ryuun-ji; Nanrei Yokota, responsable de la rama Engaku-ji, en Kamakura; y Sokyu Genyu, abad de un templo y, además, novelista ganador del premio Akutagawa. El libro surgió de una serie de un año en la revista mensual Nagomi.

En sus páginas, los cuatro leen películas de Ghibli como La princesa Mononoke y La tumba de las luciérnagas a través del zen, y leen el zen a la luz de las décadas de Suzuki junto a Miyazaki y al fallecido Isao Takahata.

Una frase acabó vertebrando la muestra. Suzuki recuerda que, en cuarenta años trabajando con Miyazaki, los dos no han hablado nunca del pasado. Siempre es, dice, "aquí y ahora".

Qué es el zen, en realidad

Fuera de Japón, "zen" es una de esas palabras que flotan lejos de su origen: aparece en estudios de yoga, muebles minimalistas, aplicaciones de concentración. Lo real es más antiguo y más esquivo que la etiqueta.

El zen es una escuela del budismo que viajó de la India a China (donde se llama chan) y llegó a Japón hace siglos, dividida sobre todo en las ramas Rinzai y Soto. Lo que lo distingue de buena parte del budismo es su desconfianza hacia las palabras: importa menos la doctrina que la experiencia directa, sentarse a meditar (el zazen) y prestar plena atención al presente en vez de repasar el pasado o ensayar el futuro. "Aquí y ahora" no es un eslogan: es la práctica.

Seguramente ya te has cruzado con el zen sin la etiqueta. El jardín seco de Ryoan-ji, la ceremonia del té, la pintura a tinta, las diecisiete sílabas de un haiku: todos llevan su huella, el vacío, la contención, esa sensación de que lo que se omite pesa tanto como lo que se muestra. Con el auge global del mindfulness, esa estética de la quietud vive un nuevo momento.

Donde la garza se encuentra con el monje

Aquí está la tesis de la exposición.

Las películas de Ghibli casi nunca te dicen quién es el villano. La princesa Mononoke se niega a tomar partido entre el bosque y el poblado del hierro. El chico y la garza te sumerge en un mundo que nunca explica del todo y termina sin respuestas claras. Mucha gente sale del cine sin saber bien qué ha visto y, aun así, extrañamente conmovida.

Eso, sostiene la muestra, no es un descuido narrativo. Es una postura. El zen valora no dividir (negarse a partir el mundo en bueno y malo), no etiquetar a la ligera y observar las cosas tal como son. La resistencia de Ghibli a cerrar el relato, su comodidad con la ambigüedad, el aire (el ma) que deja entre los hechos: todo encaja con la mirada que un practicante de zen aprende a cultivar.

Hay también un eco en el método de trabajo. En el libro, Suzuki cuenta que él y Miyazaki tiran por la borda sus métodos anteriores al empezar cada película, sin apoyarse en los éxitos pasados. Ese olvido deliberado, soltar lo que ya tienes, se acerca a un ideal zen llamado honrai muichimotsu: "en origen, ni una sola cosa", la idea de que aferrarse a lo que uno posee (incluida su propia trayectoria) es la verdadera fuente del sufrimiento.

Por qué Kioto y por qué ahora

La muestra abre en Kioto a propósito. Es una ciudad donde los templos zen y los hábitos de raíz zen siguen formando parte de la vida cotidiana. El momento tampoco es casual: mientras el mindfulness se expande por el mundo, la organización apuesta a que una lente familiar, Ghibli, vuelva personal una idea escurridiza y reacia a las palabras.

En Japón, "aquí y ahora" suena a la vez como sabiduría antigua y como una receta muy actual para una época agotadora. ¿Hay en tu país una película, un artista o una tradición que te enseñe a detenerte y simplemente mirar? Cuéntanos cuál cumple ese papel para ti.

Referencias