💧 En el falso techo de una fábrica, una tubería empieza a rezumar. Unas pocas gotas caen sobre una cinta negra enrollada alrededor del tubo. Con esa agua basta para generar un hilo de electricidad, acumularlo, elevarlo de tensión y gastarlo de golpe en una alerta por Bluetooth dirigida a quien gestiona el edificio.
Sin pila. Sin cable de alimentación. Sin que nadie tuviera que meterse en el falso techo a tender una instalación eléctrica.
El circuito que lo hace posible se llama CLEAN-Boost y lo desarrolló ABLIC, fabricante de semiconductores analógicos con sede en Minato-ku (Tokio) e integrado en el grupo MinebeaMitsumi. El ingeniero que lleva años al frente del proyecto explica el funcionamiento señalando a un jardín japonés.
Un adorno de jardín convertido en circuito
Quien pasee por los templos de Kioto oirá tarde o temprano un shishi-odoshi: una caña de bambú apoyada por su punto medio que se va llenando con un chorrito de agua. Durante un buen rato no ocurre nada. Después la caña se inclina, suelta el agua, vuelve a su sitio y golpea una piedra con un chasquido seco. Servía para ahuyentar a los ciervos. Hoy los turistas lo graban con el móvil.
Según Newswitch, el portal de noticias del diario económico Nikkan Kogyo Shimbun, Yusuke Takeuchi, el experto sénior que dirige CLEAN-Boost en ABLIC, recurre a esa imagen para describir el circuito. La energía del entorno llega en caudales demasiado finos para alimentar una radio de forma continua, ya sea la diferencia de temperatura entre dos caras de un muro, la vibración del tráfico que pasa o la humedad depositada sobre un electrodo metálico.
Por eso CLEAN-Boost renuncia a la transmisión continua. Acumula el hilo de energía, espera y lo libera entero en una ráfaga, ya a una tensión utilizable. La documentación técnica de ABLIC señala que en la descarga el circuito puede amplificar la energía recogida hasta 30.000 veces, y que basta con un captador capaz de generar 150 nanovatios o más para mover un dispositivo del internet de las cosas. La empresa lo explica así: una célula solar con la superficie de la sección de una mina de portaminas, colocada bajo la iluminación normal de una habitación, produce aproximadamente esa cantidad.
El circuito de acumulación y elevación de tensión, núcleo de la tecnología, nació de una investigación conjunta con la Universidad Ritsumeikan de Kioto. En la versión que ABLIC llevó a los mercados estadounidense y europeo, la etapa elevadora arranca a partir de 0,35 voltios y permite aprovechar con eficiencia potencias de entrada del orden de un microvatio. El artículo científico sobre el circuito de arranque intermitente de 150 nanovatios en el que se apoya, fabricado con FD-SOI (un proceso de chip que intercala una capa aislante bajo los transistores para reducir las fugas de corriente), recibió el Best Paper Award en la conferencia IEEE S3S celebrada en Estados Unidos en octubre de 2019.
Fuente: ABLIC Inc.
Lo que pueden hacer 150 microlitros de agua
El sensor de fugas de agua sin pilas, desarrollado junto a la constructora Taisei Corporation y a la venta en Japón desde el 10 de julio de 2019, tiene dos piezas: una cinta de tejido con dos electrodos metálicos entretejidos y una pequeña etiqueta inalámbrica.
Cuando la cinta se empapa, los dos metales distintos generan una corriente débil entre sí, la misma química elemental de la pila de limón. La etiqueta acumula esa corriente, la eleva y emite una baliza por Bluetooth Low Energy 5.0. Después vuelve a empezar. Mientras la cinta siga mojada, el ciclo se repite.
ABLIC especifica una detección a partir de 150 microlitros de agua, cantidad que su propia ficha de producto describe como apenas unas pocas gotas, con emisión de la señal en menos de cinco minutos si se trata de agua corriente. Las cintas se fabrican en versiones de 0,5, 2 y 5 metros y pueden encadenarse hasta 15 metros. El punto exacto de la cinta donde cae el agua no afecta a la detección. La empresa lo presenta como el primer sensor del mundo capaz de detectar fugas del tamaño de una gota, aunque ese primer puesto procede de un estudio interno de la propia empresa.
El 28 de octubre de 2025, tras obtener las certificaciones FCC (Estados Unidos) y CE (Unión Europea), ABLIC llevó el producto a ambos mercados. La versión de exportación incorpora dos mejoras respecto al modelo japonés: el alcance de comunicación se duplica hasta unos 100 a 200 metros y el límite superior de temperatura de funcionamiento sube de 60 °C a 85 °C. Esa segunda cifra apunta directamente a los centros de datos, donde las salas de servidores trabajan calientes y una fuga en el circuito de refrigeración resulta una forma carísima de enterarse de que existía.
Seiji Tanaka, presidente de la compañía, afirmó en las declaraciones que acompañaron el lanzamiento que más de 80 empresas japonesas ya habían adoptado el sensor. Entre ellas, NTT East lo instaló en unas 650 instalaciones de telecomunicaciones sin personal, de modo que los equipos de mantenimiento dejaran de hacer rondas de inspección con mal tiempo, y también figura una planta de mecanizado de metales que vivió el terremoto de Tohoku de 2011. Tanaka mencionó además dos aplicaciones ajenas a la fontanería: vigilar la sudoración de una yegua durante el parto y seguir el nivel de savia en las plantas.
Un billón de sensores y el problema de las pilas
La tecnología nació de un pronóstico.
En 2013, el ingeniero estadounidense Janusz Bryzek, entonces en Fairchild Semiconductor, empezó a promover un objetivo que bautizó como el universo de un billón de sensores: un mundo que consumiría un billón de sensores al año, incrustados en campos de cultivo, puentes, redes de agua potable, hospitales, todo. Ese mismo año se celebró la primera TSensors Summit y la industria japonesa se tomó el planteamiento en serio.
La objeción de Takeuchi, tal como la recoge Newswitch, es de orden práctico. Los sensores convencionales necesitan pilas, y las pilas no se tiran con facilidad. Multiplíquese eso por un billón y la contabilidad ambiental se complica enseguida.
No fue el único en advertirlo. EnABLES, un proyecto de investigación financiado por la Unión Europea y coordinado por el Instituto Nacional Tyndall de Irlanda, publicó en 2021 un documento de posición que estimaba que, sin cambios, en 2025 acabarían tiradas sin reciclar 78 millones de pilas de dispositivos del internet de las cosas cada día. Era una proyección, no una medición, y partía de hipótesis de crecimiento que no se han cumplido todas. Pero planteaba el problema igual que los ingenieros de ABLIC: el sensor dura diez años, la pila dura tres y alguien tiene que ir a cambiarla.
Por otro lado, la cifra del billón anual tampoco ha llegado en el plazo que dibujó Bryzek. De la captación de energía ambiental se lleva diciendo más de una década que está a punto de generalizarse.
Por qué una empresa de relojes acabó aquí
El camino de ABLIC hasta este problema pasa por los relojes de pulsera.
La historia de la compañía arranca en 1968, cuando dentro de la actual Seiko Instruments se puso en marcha el desarrollo de circuitos integrados CMOS para relojes de cuarzo. La división de semiconductores se segregó y empezó a operar por su cuenta en enero de 2016, cambió su nombre por el de ABLIC en enero de 2018 y pasó a ser filial de MinebeaMitsumi en abril de 2020. Cada etapa de esa historia giró en torno a la misma disciplina: diseñar circuitos que hagan algo útil con corrientes ridículamente pequeñas, porque un reloj tiene que funcionar años con una pila del tamaño de un botón de camisa.
El grupo Seiko llevó esa lógica más lejos que casi nadie. En 1998 lanzó el Thermic, un reloj de pulsera que generaba su propia energía a partir de la diferencia de temperatura entre la piel de quien lo llevaba y el aire del entorno, con una autonomía de unos diez meses a carga completa. Comercialmente fue una rareza y su producción duró poco.
Takeuchi le dijo a Newswitch que su ideal es usar la energía del entorno en cualquier momento, en cualquier lugar y sin que se note.
En qué se diferencian los europeos y los estadounidenses
El nombre más asentado es el alemán EnOcean, escindido de Siemens en 2001 y con sede en Oberhaching, cerca de Múnich. Su primer objetivo fueron los edificios: interruptores de luz y sensores de sala sin pilas, alimentados por la presión del dedo o por la luz interior. Su protocolo de radio se ratificó en 2012 como norma internacional ISO/IEC 14543-3-10, concebida específicamente en torno a la captación de energía ambiental.
La belga e-peas, con sede en Louvain-la-Neuve, vende el chip de gestión de energía y no el aparato terminado. Su familia AEM está pensada para extraer potencia utilizable de células fotovoltaicas, generadores termoeléctricos y radiofrecuencia, y sus productos recientes arrancan en frío desde unos 275 milivoltios y 1,5 microvatios. La estadounidense Everactive va en la dirección contraria y vende un sistema en chip autoalimentado que integra un núcleo ARM, una radio de bajo consumo y la gestión de energía de la captación en una sola pastilla. La empresa levantó primero un negocio de monitorización de purgadores de vapor sin pilas y en febrero de 2025 anunció la venta de esa división a la canadiense Shoplogix, para volver a vender silicio.
Frente a eso, la posición de ABLIC es más estrecha. En lugar de una plataforma genérica de captación, construyó un circuito de funcionamiento intermitente optimizado para avisos puntuales y empaquetó un producto completo alrededor de un problema que podía resolver por entero. Es tanto una estrategia como una limitación: un sensor que acumula energía durante minutos y suelta una única baliza sirve muy bien para decir que algo gotea y muy mal para medir de forma continua.
La compañía es franca con sus puntos débiles. El kit experimental de sensor de suelo, alimentado por bacterias electrogénicas que viven en la tierra fértil, lleva una advertencia en la propia web de ABLIC: los microorganismos del suelo dependen mucho del entorno, preparar una tierra que genere electricidad de forma fiable lleva tiempo y la producción suele ser inestable. Las fichas de producto consultadas en agosto de 2026 indican además que el modelo del sensor de fugas con LoRa sigue en desarrollo, y el modelo estándar necesita un receptor Bluetooth aparte, de modo que el cableado que se ahorra en la tubería reaparece, en menor escala, en la pasarela.
Aun así, hoy unas pocas gotas de agua mueven un transmisor. En Japón el argumento comercial se apoya con fuerza en las tuberías envejecidas, las instalaciones sin personal y una plantilla de mantenimiento cada vez más corta. A quien alguna vez le haya aparecido una mancha en el techo durante un fin de semana, o se haya preguntado adónde va a parar la pila de ese sensor de la pared: ¿cómo se plantea esta conversación en su país?
参照
- https://newswitch.jp/p/50132
- https://www.ablic.com/jp/semicon/clean-boost-technology/
- https://www.ablic.com/en/semicon/news/2025/10/28/bl_waterleaksensor_useu_market/
- https://hub.ablic.com/ja/cb/wls
- https://hub.ablic.com/cb/kit/soil
- https://www.ablic.com/jp/semicon/corp/history/
- https://museum.seiko.co.jp/collections/watch_latestage/collect041/
- https://www.enables-project.eu/outputs/position-paper/
- https://site.ieee.org/scv-mems/files/2013/09/Emergence-of-Trillion-Sensors-Movement.pdf
- https://en.wikipedia.org/wiki/EnOcean
- https://e-peas.com/product/aem13921/
- https://everactive.com/
- https://shoplogix.com/shoplogix-acquires-industrial-monitoring-services-division-of-everactive-in-strategic-asset-sale/
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