🐉 El 24 de agosto Francia anunció tres parques temáticos cerca de París, financiados con 6.000 millones de euros de capital saudí. Horas después, la presidenta de la región de París dijo que uno de ellos sería de Dragon Ball, y las imágenes conceptuales de un Shenron de 70 metros dieron la vuelta al mundo. Una semana más tarde, la empresa japonesa que posee los derechos del anime declaró que no había autorizado nada y que no sabía nada del asunto. Cuatro días después, una ministra francesa de visita en Tokio dijo que el Gobierno nunca había puesto ese nombre sobre la mesa.

Lo que ocurrió entre el 24 y el 31 de agosto

Lunes 24 de agosto de 2026. El príncipe heredero saudí Mohamed bin Salmán se encontraba en París. Emmanuel Macron publicó en X que Francia y Arabia Saudí habían firmado un memorando de entendimiento para levantar tres parques temáticos en Cergy-Pontoise, a unos 35 kilómetros al noroeste de la capital: 6.000 millones de euros a lo largo del desarrollo, unos 7.000 millones de dólares o alrededor de 1,1 billones de yenes, y 22.000 empleos directos. El presidente mencionó su afición al manga. No nombró ninguna franquicia. Una asesora del presidente explicó a la prensa que la idea nació de una conversación en la que ambos líderes descubrieron una pasión compartida por el manga, y por Dragon Ball Z en particular.

Menos prudente fue Valérie Pécresse, presidenta de la región de Île-de-France. En una publicación y un vídeo difundidos ese mismo día afirmó que Dragon Ball llegaba a Île-de-France y que Son Goku tendría su propio parque a un paso de París.

Al día siguiente, el Elíseo publicó la declaración conjunta francosaudí. El texto describe la ambición de Qiddiya Investment Company de desarrollar un complejo de usos mixtos y varios parques en Cergy-Pontoise, con hasta tres grandes anclas de entretenimiento y hoteles, por unos 6.000 millones de euros durante todo el desarrollo. En ningún punto se menciona una obra concreta. Ese mismo 25 de agosto, Le Monde informó de que Qiddiya todavía no había obtenido el acuerdo de los titulares japoneses de derechos para usar el nombre y los personajes de Dragon Ball en suelo francés.

El 31 de agosto, la región difundió un comunicado construido alrededor de la expresión «un parque Dragon Ball» y lo situó en Courdimanche, en el Valle del Oise, sobre los terrenos de Mirapolis, un parque francés que abrió en 1987 y cerró en 1991. El solar lleva vacío desde entonces. Pécresse habló de un proyecto de una escala comparable a la de Disney y explicó que su región llevaba 18 meses trabajando en él.

Ese mismo día, Toei Animation colgó un breve comunicado en su web corporativa.

Las imágenes eran auténticas. El país, no

El comunicado de Toei dice que la compañía y las demás empresas titulares de derechos «no han concedido ninguna licencia» para el proyecto del que se informa, y que no tiene constancia de tales hechos.

Y añade que todas las imágenes y vídeos conceptuales que circulaban en la cobertura procedían del anuncio conjunto que Toei hizo con Qiddiya el 22 de marzo de 2024 para un parque en Qiddiya City, Arabia Saudí.

Ese parque saudí existe y tiene licencia. Ocupa más de 500.000 metros cuadrados, con siete zonas temáticas y más de 30 atracciones, y en su centro se alza un Shenron de unos 70 metros de altura recorrido por una montaña rusa. Se presentó como el primer parque temático de Dragon Ball del mundo, semanas después de que se hiciera pública la muerte de Akira Toriyama en marzo de 2024.

Las imágenes mostraban un plan que sí existe, para un emplazamiento situado a 4.700 kilómetros de Cergy-Pontoise y encargado por la misma inversora saudí.

Qué significa realmente una licencia

Toei no acusó a nadie de construir nada de forma ilegal. Nada se ha construido todavía. Lo que dijo es que no existe ningún acuerdo y que no había oído hablar del asunto.

Dragon Ball no pertenece a una sola compañía. Los derechos se reparten entre Bird Studio, el estudio de Toriyama; la editorial Shueisha; Toei Animation, responsable del anime; y Bandai Namco, con los videojuegos y buena parte del merchandising. Julien Bouvard, profesor de estudios japoneses en la Universidad Jean Moulin Lyon 3, explicó a France 24 que sacar adelante un nuevo proyecto de Dragon Ball exige el consentimiento de cada una de ellas, y que las empresas japonesas son muy exigentes con el trato que reciben sus personajes fuera del país. Las editoriales francesas de manga, contó, envían sus ediciones a Japón para que las revisen, y cuando el equilibrio de color se desvía un poco en la impresión, del otro lado lo detectan y lo señalan.

Las licencias, además, se conceden por territorio. Lo que tiene Qiddiya es un acuerdo para un parque cerca de Riad. Ese permiso no viaja solo hasta el Valle del Oise.

El 4 de septiembre, la AFP se dirigió a los demás titulares. Bandai Namco Entertainment declinó hacer comentarios. Una portavoz de Shueisha dijo que la editorial no tiene nada que ver con el proyecto.

Desde Japón llegó una pregunta más directa

Dos días después del anuncio, el 26 de agosto, Kazuhiko Torishima publicó un mensaje en X. Es el editor que descubrió a Toriyama a finales de los años 1970, dirigió más tarde la revista Weekly Shonen Jump como su sexto redactor jefe y llevó a sus páginas el primer capítulo de Dragon Ball en 1984. Compartiendo una noticia del diario Mainichi sobre el acuerdo francosaudí, escribió: «¿Por qué no hay ningún japonés aquí?».

Siguieron dos líneas más, que objetan que Dragon Ball se maneje como una unidad de propiedad intelectual y no como una obra.

No era una postura improvisada. En una entrevista publicada por Diamond Online en agosto de 2025 se declaró en contra del parque saudí, con el argumento de que los títulos de Jump los criaron los niños japoneses que se gastaban su propia paga en la revista, y de que esos niños jamás podrían visitar un parque en Arabia Saudí. En la misma entrevista dijo que no tiene ninguna implicación en el proyecto. Pero cuando el editor que llevó Dragon Ball a la imprenta pregunta en público quién está sentado a la mesa, la frase pesa distinto que la queja de un fan.

El pueblo natal de Toriyama chocó con el mismo muro

Kiyosu, una ciudad de unos 69.000 habitantes en la prefectura de Aichi, es donde nació Toriyama. El municipio aspira a acoger el estadio del equipo filial de los Chunichi Dragons, y un concejal local, Tetsuo Takahashi, propuso llamarlo Kiyosu Dragon Ball Park, un juego de palabras que funciona en japonés y en inglés a la vez. En junio, el ayuntamiento escribió por correo electrónico a una empresa de gestión de derechos con sede en Tokio para preguntar si podía usar el nombre. El 19 de agosto llegó la respuesta: en esta fase no se puede dar una contestación.

El 28 de agosto, en un pleno municipal, el alcalde Sumio Nagata reconoció que superar los obstáculos de derechos de autor resultaría extremadamente difícil, según recogió el diario Mainichi. Preguntado por el anuncio francés, calificó su escala de impresionante y añadió que su ciudad seguía negociando con las partes implicadas y que lo más importante era mantener con ellas una relación en la que se pudiera seguir hablando.

Una localidad en la cuna del autor envió un correo y le pidieron que esperara. Así suele funcionar la gestión de derechos, y casi nadie la ve porque transcurre en cadenas de correos y no en la cuenta de un presidente.

El 4 de septiembre, París respondió

Once días después del anuncio, en una rueda de prensa en Tokio, la ministra delegada francesa de Francofonía y Asociaciones Internacionales, Éléonore Caroit, respondió a la AFP sobre la cuestión de la licencia. El nombre que había circulado, dijo, «no es un nombre que el presidente, el Elíseo o el Gobierno hayan puesto por delante». Con los elementos que tenía, se trataría de un parque sobre el manga y no necesariamente sobre un manga concreto. Sobre lo que implica para Japón, añadió, habrá que esperar anuncios más precisos, también por parte de los inversores.

Ese mismo día, en BFMTV, Pécresse calificó el proyecto de excelente noticia y sostuvo que los desmentidos japoneses no tienen impacto sobre él. Negociar los derechos con los titulares, agregó, corresponde a quienes llevan el proyecto, y lo harán con calma.

Así que la región que dio el nombre de la obra y el Gobierno que no lo dio mantienen ahora cierta distancia. Es una distinción fina, y no sobrevivió a la cobertura: el día del anuncio, una asesora del presidente había explicado a la prensa que la idea nació de un entusiasmo compartido por Dragon Ball Z. Nombrar una franquicia como origen de una conversación no es lo mismo que nombrarla como licencia.

Al 5 de septiembre, Qiddiya se ha limitado a hablar de conversaciones con grandes marcas internacionales que poseen licencias, y no ha publicado una respuesta detallada al comunicado de Toei. Una fuente del sector dijo a la AFP que Qiddiya mantiene una relación sólida con Toei y no tiene ningún interés en forzar un acuerdo en Francia, y que sea cual sea el eje del proyecto parisino, estará pensado para el público francés. Por qué la región se adelantó a todo esto, nadie lo ha explicado, y rellenar ese hueco con suposiciones sería inventar.

El memorando sigue en pie. Tres parques, 6.000 millones de euros, sin fecha de apertura, y una prensa francesa que empieza a manejar un horizonte en torno a 2032. Lo que carece de autorización es el uso concreto de Dragon Ball.

Nadie ha dicho que el proyecto esté muerto. Nadie ha dicho que Dragon Ball esté confirmado. Ambas cosas son ciertas al mismo tiempo.

Francia es el segundo mercado de manga del mundo por detrás de Japón, y la Japan Expo de París reúne a más de 200.000 personas al año. El apetito nunca estuvo en duda. Lo que estaba en duda era el papeleo.

¿En tu país, cuántas veces llega antes el anuncio que el contrato?

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