¿Qué hace que un tifón se intensifique de forma explosiva? La respuesta puede estar en unos vórtices tan pequeños que resultan casi invisibles. El supercomputador Fugaku de Japón ha reproducido, por primera vez en la historia, el ciclo de vida completo de un tifón con una resolución de 100 metros, y los diminutos movimientos atmosféricos que los modelos de predicción convencionales no captaban están a punto de cambiar lo que sabíamos sobre la predicción de tifones.

La primera simulación de un tifón completo a 100 metros

En enero de 2026, un equipo de investigación de la Universidad de Tohoku, la Universidad de Tokio y la Universidad de Keio anunció un resultado con gran impacto para la meteorología mundial. Utilizando el supercomputador Fugaku, instalado en el Centro de Ciencia Computacional de RIKEN, lograron por primera vez simular con éxito unos cuatro días de vida de un tifón, desde la fase de vórtice débil previo a su formación hasta convertirse en un "supertifón" con una presión central del orden de 920 hectopascales, con una resolución horizontal sin precedentes de 100 metros.

El estudio fue dirigido por el profesor asociado Junshi Ito (Universidad de Tohoku), junto con el investigador especial Hiroshi Niino (Universidad de Tokio, profesor emérito) y el profesor asociado Yoshiaki Miyamoto (Universidad de Keio). El resultado se publicó en la revista Geophysical Research Letters, de la Unión Geofísica Estadounidense, con fecha del 14 de enero de 2026.

Por qué la resolución de 100 metros es revolucionaria

Los modelos numéricos que se usan hoy en la predicción del tiempo tienen una resolución de unos 2 kilómetros. Es como calcular el estado de la atmósfera tratando cada cuadrado de 2 kilómetros de lado como una sola celda. Con ese nivel se puede prever de forma aproximada la forma y la trayectoria del tifón, pero es demasiado grueso para reproducir los complejos remolinos de aire que se producen en su interior.

Una resolución de 100 metros es 20 veces más fina, lo que equivale a multiplicar por 400 la cantidad de información por superficie. Es como pasar de una imagen de satélite borrosa a observar la estructura interna del tifón con una cámara de alta definición. Esta técnica se denomina simulación de grandes remolinos (LES, por sus siglas en inglés): calcula directamente los remolinos grandes y solo modela el efecto de los más pequeños. Como su coste de cálculo es enorme, es la primera vez en el mundo que se aplica al ciclo de vida completo de un tifón.

El papel decisivo de los "pequeños vórtices"

El hallazgo más llamativo de esta simulación fue un grupo de pequeños vórtices, llamados mesovórtices, de unos 10 kilómetros de radio, que aparecen cerca de la pared del ojo del tifón. El cálculo de ultra alta resolución captó con nitidez cómo varios de estos mesovórtices se formaban, se fusionaban y desaparecían una y otra vez. Por encima de ellos se alzaban intensas corrientes ascendentes giratorias ("torres calientes" rotatorias), rodeadas de innumerables remolinos diminutos.

El papel de estos pequeños vórtices resultó inesperado. Al "perturbar" el flujo de aire que entra hacia el centro del tifón, debilitaban la intensidad media de las corrientes ascendentes y, en consecuencia, retrasaban el inicio de la intensificación rápida (Rapid Intensification).

En cifras concretas: mientras que el cálculo convencional a 2 kilómetros de resolución iniciaba la intensificación rápida unas 42 horas después del comienzo, a 100 metros lo hacía unas 68 horas después, es decir, con un retraso de aproximadamente un día. En cambio, la intensidad máxima final (una presión mínima de unos 920 hectopascales) era prácticamente la misma. Esto significa que, aunque "hasta qué punto se fortalece" sea igual, hay una gran diferencia en la precisión con que se predice "cuándo se intensifica de golpe".

Por qué predecir la intensificación rápida es tan importante

La intensificación rápida (Rapid Intensification, RI) es el fenómeno por el que la velocidad máxima del viento de un ciclón tropical aumenta unos 30 nudos (alrededor de 15 metros por segundo) o más en 24 horas. Muchos de los tifones y huracanes que han causado daños catastróficos en los últimos años pasaron por una RI, y predecirla es un reto a escala mundial.

El tifón número 19 de 2019 (nombre internacional Hagibis) vio caer su presión central hasta 915 hectopascales en apenas día y medio y causó graves daños en el archipiélago japonés. Esta investigación se diseñó tomando como referencia el entorno de desarrollo de Hagibis. Si la RI pudiera predecirse con precisión, las órdenes de evacuación y la respuesta ante desastres podrían adelantarse, lo que aumentaría enormemente las posibilidades de salvar vidas.

Fugaku en el contexto de la supercomputación mundial

Lo que hizo posible este estudio fue la abrumadora capacidad de cálculo de Fugaku. Simular durante cuatro días un dominio de 2.000 kilómetros de lado y 60 capas verticales con pasos de 100 metros exige un volumen de cálculo astronómico.

Fugaku, desarrollado conjuntamente por RIKEN y Fujitsu, es el supercomputador insignia de Japón y sucesor del ordenador "K". En 2020 logró un cuádruple triunfo en el ranking mundial de supercomputadores TOP500. Incorpora el procesador A64FX, de arquitectura Arm y diseño propio de Fujitsu, y cuenta con unos 7,63 millones de núcleos.

En la lista TOP500 de noviembre de 2025, el estadounidense El Capitan (unos 1,81 exaflops) encabeza la clasificación, seguido de otro sistema estadounidense, Frontier (unos 1,35 exaflops). Fugaku ocupa el 7.º puesto con 442 petaflops en el benchmark HPL. Sin embargo, en el benchmark HPCG, que refleja mejor el rendimiento en aplicaciones científicas reales, registra 16 petaflops y se mantiene como segundo del mundo, solo por detrás de El Capitan. La "velocidad teórica máxima" y la "capacidad real en cálculo científico" no siempre coinciden, y en esta última Fugaku sigue estando al máximo nivel mundial. En Europa, por su parte, el sistema JUPITER, instalado en el Centro de Supercomputación de Jülich (Alemania), entró en funcionamiento en 2025 y se convirtió en la primera máquina a exaescala del continente.

Próximos pasos: hacia la fusión con el aprendizaje automático

Esta investigación se realizó como un "experimento idealizado" que excluyó deliberadamente la cizalladura vertical del viento y el propio desplazamiento del tifón, con el fin de evaluar de forma pura el efecto de los pequeños vórtices. El equipo tiene previsto avanzar hacia simulaciones con condiciones más realistas y compararlas con observaciones de aviones y satélites.

Además, el enorme conjunto de datos de cuatro días obtenido en este trabajo puede aprovecharse como datos de entrenamiento para modelos de predicción de la intensidad de los tifones basados en aprendizaje automático, y se espera que contribuya también a mejorar los esquemas de cálculo de los modelos de predicción convencionales.

Cuando el cambio climático "monstrifica" los tifones

Por efecto del cambio climático, el aumento de la temperatura del mar tiende a hacer más potentes los tifones y huracanes. En 2024 se sucedieron en distintas partes del mundo tormentas de categoría 5 y los daños no dejan de agravarse. Predecir con precisión cuándo y dónde cambiará bruscamente la intensidad de un tifón ya no es un reto solo para Japón, sino urgente para el mundo entero.

Este resultado pionero de Fugaku supone un gran paso para mejorar esa precisión. El "secreto de los pequeños vórtices" descubierto en el mundo de los 100 metros podría convertirse, con el tiempo, en un dique que proteja vidas frente a los tifones.


En Japón, cada temporada de tifones deja graves daños, y predecirlos con la mayor precisión posible es un desafío desde hace décadas. ¿Cómo se prepara tu país frente a los tifones, huracanes o ciclones? Nos encantaría también conocer tu opinión sobre la investigación en prevención de desastres apoyada en supercomputadores.

Referencias