⚛️ La mayoría de las computadoras cuánticas viven dentro de un refrigerador más frío que el espacio exterior. Esta está en una sala corriente de Tsukuba, a presión atmosférica normal, y se encendió el mes pasado. Se llama MoQuren, y quienes la construyeron apuestan a que la máquina cuántica que se imponga será la que quepa en un centro de datos.

Sin refrigerador ni cámara de vacío

El 21 de julio de 2026, el Instituto Nacional de Ciencia y Tecnología Industrial Avanzada de Japón (AIST) y una empresa emergente de Tokio llamada OptQC anunciaron que habían terminado de construir una computadora cuántica óptica y la habían puesto en marcha. La máquina, bautizada MoQuren, está instalada en el centro de investigación G-QuAT del AIST, dedicado al desarrollo de negocios con tecnologías cuánticas y de inteligencia artificial, dentro del campus del instituto en Tsukuba, a una hora al norte de Tokio.

Ambas instituciones hablan de un hito mundial, y conviene leer la afirmación con cuidado. Lo nuevo no es la computación cuántica óptica en sí, sino que una máquina de fabricación nacional pensada para un servicio comercial se instala por primera vez en un entorno real de investigación y desarrollo.

Puesta frente al resto del sector, es una afirmación estrecha. Las máquinas ópticas ya han entrado en centros de investigación europeos. La francesa Quandela entregó en octubre de 2025 un sistema de 12 cúbits llamado Lucy al centro de cálculo TGCC del CEA, donde se está acoplando a una supercomputadora clásica, y la neerlandesa QuiX Quantum afirma que vende computadoras ópticas al Centro Aeroespacial Alemán desde 2022.

Las máquinas superconductoras, las que fabrican Google e IBM, necesitan refrigeradores de dilución que mantienen el chip apenas por encima del cero absoluto: de ahí esa especie de araña dorada colgada dentro de un cilindro que aparece en todas las fotos de prensa. Las de iones atrapados requieren un vacío extremo. Las ópticas codifican la información en luz, así que funcionan a temperatura ambiente y presión normal, sin necesidad de aislarlas del mundo.

Una segunda ventaja tiene más peso comercial de lo que parece. Una máquina que manipula luz dentro de fibra óptica habla el mismo idioma físico que la industria de las telecomunicaciones, que lleva cuarenta años abaratando componentes ópticos y haciéndolos fiables. El AIST y OptQC plantean el beneficio en clave energética: con la inteligencia artificial disparando el consumo eléctrico de los centros de datos, una computadora que no hay que refrigerar y que puede miniaturizarse empieza a parecerse menos a un experimento de física y más a un equipo industrial.

Lo que la máquina puede hacer hoy

Según la hoja de ruta que publica OptQC, esta primera unidad corresponde a su «modelo libre de mantenimiento», concebido para funcionar de forma estable antes que para exhibir potencia. Las especificaciones que figuran allí son 100 entradas de tipo cuántico analógico y una frecuencia de operación de 100 MHz, con solucionadores de optimización y redes neuronales como aplicaciones previstas. No es un millón de cúbits, ni tampoco un centenar de cúbits lógicos con corrección de errores. Es una máquina que los ingenieros pueden dejar funcionando y contra la que los desarrolladores pueden escribir código.

MoQuren está destinada a convertirse en el «sistema O» dentro de ABCI-Q, la plataforma híbrida cuántico-clásica que el AIST arma en G-QuAT. La compañía que la rodea es poco habitual: el sistema H es una supercomputadora con GPU de 138 PFLOPS en doble precisión, el sistema F es una máquina superconductora de Fujitsu con 64 cúbits físicos y el sistema Q es una máquina de átomos neutros de QuEra con 260 cúbits físicos. Cuatro apuestas distintas sobre el futuro del cálculo, dentro de un mismo edificio.

La integración no ha terminado. La página de estado operativo del propio AIST, en su actualización del 30 de julio de 2026, sigue registrando el sistema O como «en preparación», mientras que H, F y Q figuran en servicio. OptQC desarrolla primero un kit de desarrollo de software con simulador incorporado, para que los programadores prueben algoritmos en su propia computadora antes de tocar el equipo real. El portal Science Portal de la agencia japonesa JST informó el 3 de agosto de que el acceso por la nube para empresas e instituciones está previsto antes de que termine 2026.

De un laboratorio de Tokio a una hoja de ruta empresarial

OptQC se constituyó el 2 de septiembre de 2024 como derivación del laboratorio de Akira Furusawa, en la Escuela de Posgrado de Ingeniería de la Universidad de Tokio. Furusawa es el físico que en 1998 logró en Caltech la primera teleportación cuántica incondicional del mundo y que dedicó dos décadas a convertirla en una arquitectura de cálculo, una historia que ya contamos aquí.

El equipo fundador salió directamente de esa mesa de laboratorio. El consejero delegado, Kan Takase, se doctoró allí y siguió como profesor asistente antes de dejar la universidad para montar la empresa. El director de tecnología, Warit Asavanant, llegó de Tailandia en 2011 como estudiante de grado, se formó con Furusawa hasta el doctorado y hoy se ocupa del entrelazamiento cuántico a gran escala que hace las veces de procesador. En el consejo figuran también el propio Furusawa e Hidehiro Yonezawa, que dirige el equipo de control cuántico óptico del instituto RIKEN. La luz comprimida que alimenta a máquinas como esta batió este año un récord de calidad, en un trabajo anunciado en marzo por un equipo en el que participan OptQC y NTT.

La cronología publicada por la empresa recoge una ronda semilla de 650 millones de yenes en enero de 2025, unos 4,1 millones de dólares al cambio de 157 yenes por dólar con el que cerró la divisa el 31 de julio de 2026. También hay dinero público: el proyecto cuenta con el apoyo de un programa del Gabinete japonés llamado BRIDGE.

Trece días después de que MoQuren empezara a funcionar, el 3 de agosto de 2026, OptQC anunció una alianza de capital y negocio con NTT. Ambas firmaron un contrato de investigación conjunta hasta el ejercicio 2027 para completar el diseño de la arquitectura y de las tecnologías clave de una máquina óptica tolerante a fallos de un millón de cúbits físicos. El objetivo declarado es alcanzarla en el ejercicio 2030, con un equipo de la clase de 10.000 cúbits en 2027 y pruebas de concepto con clientes sobre él en 2028. Son metas anunciadas, no resultados, y las separa una distancia considerable de una máquina analógica de 100 entradas.

Tres países, tres apuestas distintas

Los gigantes estadounidenses apostaron mayoritariamente por los circuitos superconductores. Willow, el chip de 105 cúbits que Google presentó en diciembre de 2024, demostró que la tasa de error caía de forma exponencial a medida que crecía el código corrector, el resultado «por debajo del umbral» que el campo llevaba años esperando; su siguiente meta declarada es un cúbit lógico de larga vida. IBM publicó una hoja de ruta con fechas hacia Starling, un sistema que, según la compañía, ejecutará 100 millones de puertas sobre 200 cúbits lógicos en 2029 en su sede de Poughkeepsie, en Nueva York. Ambos viven dentro de un refrigerador.

La fotónica, sin embargo, no es una especialidad japonesa, como ya demuestran esas máquinas europeas. La apuesta más pesada es estadounidense. PsiQuantum, con sede en Palo Alto, levantó 1.000 millones de dólares en una ronda de serie E en septiembre de 2025 con una valoración de 7.000 millones y está construyendo instalaciones de escala industrial en Chicago y Brisbane. Basta poner al lado la ronda semilla de 650 millones de yenes de OptQC para ver la asimetría.

China corre por las dos vías, y además desde el mismo laboratorio. La Universidad de Ciencia y Tecnología de China construyó Zuchongzhi, la línea superconductora del país, cuya tercera generación llegó en marzo de 2025 con 105 cúbits, la misma cifra que Willow. Esa universidad fabrica también la serie óptica Jiuzhang. En mayo de 2026, un equipo suyo dirigido por Chao-Yang Lu y Jian-Wei Pan publicó en Nature el Jiuzhang 4.0: 1.024 fuentes de luz comprimida de alta eficiencia alimentando un circuito de 8.176 modos, con detecciones de hasta 3.050 fotones, un orden de magnitud por encima de la versión de 2023. En física pura es el dispositivo óptico más impresionante de esta lista.

También está construido para una sola tarea. El muestreo de bosones gaussianos se eligió porque castiga a las computadoras clásicas, no porque haya clientes esperando la respuesta, aunque el propio artículo de Nature señala que sirve para generar los códigos bosónicos que exigirá la tolerancia a fallos. Por ahora, Jiuzhang es un instrumento para zanjar una discusión sobre la ventaja cuántica. MoQuren es un producto que se está conectando a una plataforma con tarifas ya publicadas.

Ahí se resume la apuesta japonesa: ni la máquina más grande ni la que maneja más fotones, sino una comercial, fabricada en casa y encajada en una plataforma nacional donde ya funcionan tres modalidades rivales. Si aparecerán clientes de fuera es una pregunta todavía sin respuesta.

El argumento energético

Si uno pregunta por qué todo esto importa fuera de un departamento de física, OptQC vuelve siempre a la electricidad. Sacar el refrigerador del presupuesto energético y colocar la computadora allí donde llega la red óptica existente: esa es su respuesta. Que el razonamiento se sostenga es otra cuestión, todavía abierta.

La fotónica arrastra su propio problema implacable: los fotones se pierden, y cada fotón perdido es un trozo de cálculo que desaparece. Las hojas de ruta de este campo se retrasan con regularidad. Y la máquina que hoy zumba en Tsukuba no es, por ahora, una computadora cuántica de propósito general.

Aun así, algo cambió el 21 de julio. Durante años el argumento óptico se defendió en artículos científicos. Ahora lo defiende una máquina instalada en una sala, junto a una superconductora y otra de átomos neutros, esperando a que alguien se conecte.

Cuando en su país se habla de computación cuántica, ¿qué método se menciona primero? ¿Y ha empezado ya alguien a preguntar cuánta electricidad hará falta para mantenerlo encendido?

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