¿La Gran Pirámide de Guiza no se construyó hace unos 4.600 años, sino hace 25.000? Un ingeniero italiano ha desarrollado un método completamente nuevo para estimar la antigüedad a partir de los patrones de erosión de la piedra, y su resultado arroja una cifra asombrosa que desafía el consenso. Si esta investigación fuera correcta, el faraón Keops no "construyó" la pirámide, sino que solo la "renovó". Repasamos toda la controversia que sacude lo que dábamos por sabido sobre la historia antigua.

Un método de datación que nadie había intentado

Se ha venido considerando que la Gran Pirámide de Guiza fue construida hacia el 2580 a.C. por el faraón Keops (Khufu), de la IV Dinastía del antiguo Egipto. La datación por carbono-14 del mortero que une los bloques, el análisis de la antigüedad de la cerámica hallada, los registros históricos: toda la evidencia respalda una fecha de construcción de "hace unos 4.600 años", uno de los consensos más firmes de la egiptología.

Sin embargo, en enero de 2026, Alberto Donini, ingeniero vinculado a la Universidad de Bolonia (Italia), publicó un informe preliminar que desafía de frente ese consenso. En este trabajo, difundido en los repositorios académicos ResearchGate y Zenodo, propone un método propio de datación que llama "Método de Erosión Relativa" (Relative Erosion Method, REM).

Su idea de partida es sorprendentemente sencilla. La Gran Pirámide estuvo en su día cubierta por un revestimiento (piedras de recubrimiento) de caliza blanca y lisa. Pero, a raíz del gran terremoto de 1303, la mayor parte de ese revestimiento se desprendió y se reutilizó como material de construcción en la ciudad de El Cairo. Es decir, en la Gran Pirámide actual conviven, unas junto a otras, piedras que llevan expuestas a la intemperie desde su construcción y piedras que solo quedaron al descubierto hace unos 675 años, cuando se retiró el revestimiento.

El principio del REM es comparar el grado de erosión de estos dos tipos de piedra para calcular hacia atrás cuánto tiempo lleva expuesta la piedra más antigua, es decir, cuándo se construyó la pirámide.

Mediciones en 12 puntos de la base de la pirámide

Donini fijó puntos de medición en 12 lugares alrededor de la base de la pirámide e investigó en cada superficie de caliza las picaduras (pequeñas cavidades por meteorización química y física) y el desgaste superficial, estimando el volumen de material perdido.

Los resultados variaron enormemente de un punto a otro. En el punto 1 se obtuvo una cifra de unos 5.700 años, que no contradice demasiado el consenso. Pero en el punto 2 salieron unos 18.000 años, en el punto 5 más de 30.000 años y en el punto 9 una cifra asombrosa de unos 54.000 años.

Según Donini, esa gran dispersión entra dentro de lo previsto. Cada cara de la pirámide tiene una orientación distinta y recibe el viento de forma diferente. Hubo zonas enterradas en arena durante siglos y zonas desgastadas por el paso de los turistas. Los factores que influyen en la erosión (cambios de temperatura, lluvia ácida, abrasión de las tormentas de arena) son muy diversos.

Para lidiar con esa dispersión, Donini aplicó un tratamiento estadístico con una curva de probabilidad de distribución gaussiana (normal). Al promediar los datos de los 12 puntos, la fecha media de construcción resultó ser de unos 24.941 años antes del presente, es decir, en torno al 22.941 a.C. Además, señaló que la probabilidad de que la Gran Pirámide se construyera entre aproximadamente el 9.000 y el 37.000 a.C. era de en torno al 68,2 %.

¿Keops solo la "renovó"?

Si esta estimación fuera correcta, sus implicaciones serían impactantes. Hace 25.000 años no existían ni el Egipto dinástico, ni la civilización mesopotámica, ni la del valle del Indo. Ni siquiera se había inventado la escritura. La humanidad estaba en pleno Paleolítico Superior, la llamada "Edad de Piedra".

Donini no huye de esa implicación. En su informe concluye que "hacia el año 20.000 a.C. existía en Egipto una civilización capaz de construir al menos la pirámide de Keops". Es más, apunta la posibilidad de que Keops no construyera la pirámide, sino que renovara una estructura antigua ya existente y se atribuyera el mérito.

Curiosamente, el estudio también examinó dos "pirámides de las reinas" más pequeñas, situadas junto a la Gran Pirámide. De ellas se obtuvieron fechas de unos 2.500 a 5.000 años, coherentes con el consenso. Donini lo interpreta como un refuerzo de su tesis: la gran pirámide principal la habría construido una civilización antiquísima desconocida, mientras que las pequeñas pirámides de las reinas serían añadidos posteriores de los reyes de la IV Dinastía.

Por qué la arqueología dominante es escéptica

Aunque esta investigación da que hablar, la corriente principal de la arqueología muestra un fuerte escepticismo, y con razones fundadas.

Primero, el trabajo no ha pasado por la revisión por pares de las principales revistas académicas de arqueología o geología. Se ha publicado por cuenta propia en plataformas de acceso abierto, y toda la financiación corre a cargo del propio Donini.

Segundo, la velocidad de erosión no es constante a lo largo de periodos tan largos. El clima de Egipto ha variado mucho a escala de miles de años. Durante el "periodo húmedo africano" (hace unos 11.000 a 5.000 años), la región del Sáhara recibió muchas más lluvias que ahora. Cambios así en la humedad, la temperatura y la dirección del viento podrían contradecir la premisa del REM de que la velocidad de erosión es constante.

Tercero, la dispersión de los propios datos de Donini es enorme: desde unos 5.700 hasta más de 54.000 años, un rango de casi diez veces. Hay quien cuestiona la validez estadística de que la media de unos datos con tanta dispersión arroje una conclusión con sentido.

Cuarto, y quizá lo más importante, la datación convencional de la pirámide se apoya en varias líneas de evidencia independientes. La datación por carbono-14 de la materia orgánica del mortero, el análisis del estilo de la cerámica hallada, las inscripciones y los registros históricos, el descubrimiento de la aldea de los trabajadores y el "diario de Merer" hallado en 2013 (un papiro escrito por un supervisor que transportaba bloques de caliza a Guiza): todo apunta de forma coherente a una construcción en el III milenio a.C.

Un arqueólogo lo resume así: la pirámide encaja por completo en la evolución de la técnica constructiva egipcia, desde las primeras tumbas mastaba a las pirámides escalonadas y luego a la pirámide verdadera. Si solo la Gran Pirámide se retrasa 20.000 años, habría que explicar por qué existe esa progresión arquitectónica.

Una curiosidad inagotable por las pirámides

Se esté del lado que se esté en la controversia, hay algo que la investigación de Donini sí ha logrado: reavivar el interés mundial por uno de los mayores enigmas de la humanidad. Sobre la Gran Pirámide se han propuesto muchas teorías alternativas, desde los antiguos astronautas hasta la civilización de la Atlántida. Que estas teorías atraigan a la gente refleja probablemente un deseo humano profundo: pensar que nuestros lejanos antepasados quizá tenían capacidades más avanzadas de lo que creemos.

El propio Donini reconoce que el REM es solo una herramienta preliminar, no una respuesta definitiva. Hace un llamamiento a los arqueólogos de todo el mundo para que colaboren y propone ampliar las mediciones a toda la meseta de Guiza.

Que el REM acabe obteniendo apoyo científico o que simplemente se sume a la larga lista de teorías alternativas, en cualquier caso esta investigación le ha dado al mundo una razón más para alzar la vista hacia esa antigua construcción de piedra y preguntarse si aún esconde algo.


En Japón, este tema despierta gran interés: hay quien siente el romanticismo de una posible civilización antigua desconocida y quien pide cautela científica. ¿Cómo se reaccionaría en tu país ante una afirmación así? ¿Crees que es posible que algunas construcciones antiguas sean mucho más antiguas que lo que dice el consenso actual? ¡Nos encantaría escuchar tu opinión!

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