🐐 En un estanque de aguas pluviales del centro de Japón, este mes ficharon nueve nuevos trabajadores. No hacen pausas para el café, no marcan tarjeta y cobran enteramente en hierba. Conozca a la cuadrilla de jardinería más reciente de la ciudad de Yokkaichi: un pequeño rebaño de cabras muy hambrientas.
Nueve fichajes se presentan al trabajo
El 8 de junio, nueve cabras fueron soltadas en un estanque de retención de agua de lluvia del distrito de Yamanoisshiki, en Yokkaichi, una ciudad de la prefectura de Mie. Según la prensa local, en cuanto pisaron la hierba se pusieron manos a la obra: cabeza abajo y mordisqueando con una concentración absoluta.
Es la primera vez que Yokkaichi confía la siega a cabras. El rebaño llegó desde la granja Meimei Farm, en Uda (prefectura de Nara), y le tocó despejar una parcela de unos 4.700 metros cuadrados, el equivalente a dieciocho pistas de tenis de dobles. La ciudad incluso les construyó un pequeño refugio para resguardarse del viento y la lluvia. Su contrato dura hasta diciembre: mantener a raya la maleza para que el estanque siga cumpliendo su verdadera función de almacenar y drenar el agua.
Más barato que una cortacésped, y sin nada que retirar
La razón que dio la ciudad para recurrir a las cabras fue el medioambiente. El ahorro vino de propina. Yokkaichi gastaba unos 800.000 yenes (cerca de 5.000 dólares) al año en cortar la hierba a mano; con las cabras, la cifra baja a unos 500.000 yenes (3.100 dólares): un ahorro de cerca de 300.000 yenes, alrededor de 1.900 dólares.
Parte del atractivo es que no queda nada que retirar. Una máquina deja montones de recortes que alguien debe recoger y desechar. Una cabra, en cambio, los digiere. Según el representante de Meimei Farm, Shuji Uehira, una sola cabra se come el equivalente a dos bolsas de 90 litros de hierba al día. Y aquí está el detalle que termina de conquistar a todos: mientras siguen su dieta de hierba, asegura, sus excrementos apenas huelen.
El silencioso regreso de las cabras en Japón
Yokkaichi forma parte de una tendencia pequeña pero en aumento. Por todo el país, las cabras han sido reclutadas con discreción para pastar en plantas solares, arrozales abandonados y riberas de ríos: cualquier lugar donde la hierba crezca más rápido que el presupuesto. En los años cincuenta vivían en Japón más de 300.000 cabras; hoy la cifra ronda las 20.000. Como alternativa de bajas emisiones frente a las cortacéspedes de gasolina, encuentran un nuevo oficio.
La ciudad dice que evaluará cómo sale el experimento y valorará enviar cabras a otros sitios. De momento, nueve de ellas tienen un estanque para ellas solas, un refugio para la lluvia y un prado que dura hasta el invierno.
En Japón, a veces la cuadrilla de jardinería tiene cuatro patas y debilidad por la maleza. ¿En su país alguna vez han puesto animales en nómina?
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