Durante dos décadas, Japón ha vendido al mundo prácticamente un solo producto: nieve seca, profunda y frecuente.

En agosto, un equipo de la Universidad de Hokkaido y del instituto forestal nacional pasó esa nieve por un modelo climático y obtuvo una cifra que desde entonces circula entre quienes viven del esquí en el país. Siete.

Siete de 349

El anuncio se hizo el 3 de agosto de 2026, dos días después de que el artículo apareciera en línea en Seppyo, la revista de la Sociedad Japonesa de Nieve y Hielo. Lo firman Nao Yoshizawa, profesor de la Universidad de Hokkaido especializado en turismo de esquí, y Yuta Katsuyama, investigador de nieve en la estación experimental de Tohkamachi, en la prefectura de Niigata.

Los autores tomaron las 349 estaciones japonesas que operan al menos un remonte o una telecabina y las procesaron una por una con SNOWPACK, un modelo de manto nivoso alimentado por el conjunto de proyecciones climáticas d4PDF a cinco kilómetros de resolución. Hicieron tres corridas: una de referencia histórica entre 1951 y 2011, otra con un mundo 2 °C más cálido que los niveles preindustriales y una tercera con 4 °C. En el calendario del modelo, esos escenarios equivalen aproximadamente a los periodos 2030-2091 y 2050-2111.

El criterio era sencillo: ¿puede una estación abrir al menos 100 días al año solo con nieve natural?

Con 2 °C, 53 estaciones superan esa barrera en todo su dominio esquiable y otras 108 lo consiguen en parte de él. Con 4 °C, la operación completa sobrevive en siete. La parcial, en 26. El equipo no da los nombres de esas siete, pero señala que las que más posibilidades tienen de aguantar están en las cotas altas de Hokkaido y Nagano.

El segundo hallazgo golpea con más fuerza a quien compra un billete de avión por la calidad de la nieve. En la corrida histórica, franjas del litoral del mar de Japón, las montañas al oeste de Sapporo, la cordillera de Ou y la zona fronteriza entre Niigata, Nagano y Gunma promediaban más de veinte días de nieve fresca al año. Con 4 °C, la mayoría de las estaciones baja a diez o menos. Una estación puede seguir abierta y haber perdido, aun así, el motivo por el que la gente viajaba hasta allí.

Seis mapas de Japón con la probabilidad de apertura total y parcial de 349 estaciones de esquí en las corridas histórica, +2 °C y +4 °C

Fuente: Instituto de Investigación Forestal y de Productos Forestales / Universidad de Hokkaido

Por qué el estudio se detiene en 2 °C y 4 °C

Esos dos umbrales no son caprichosos. Dos grados marcan el límite exterior de lo que el Acuerdo de París considera admisible; cuatro es, más o menos, adonde llega el mundo si deja de intentarlo.

El 2 de septiembre de 2026, el Programa de la ONU para el Medio Ambiente (PNUMA) publicó Limiting Overshoot, su primer informe redactado dando por hecho que el umbral de 1,5 °C se va a rebasar. El calentamiento de largo plazo se sitúa hoy en torno a 1,4 °C. Aun cumpliendo todos los países todos sus compromisos, el PNUMA calcula un pico cercano a 1,8 °C. Con las políticas actuales, la mediana llega a unos 2,6 °C en 2100, dentro de un rango de 1,9 a 3,6.

Cruzada con el estudio japonés, la cuenta sitúa a Japón en algún punto que deja atrás el escenario de las 53 estaciones sin alcanzar el de las siete, aunque la cola alta de la distribución sí llega hasta ahí.

El país, además, se calienta más rápido que el planeta. La Agencia Meteorológica de Japón cifra el aumento de la temperatura media anual japonesa en 1,44 °C por siglo, frente a 0,79 °C en el conjunto del mundo. El invierno recién terminado, de diciembre de 2025 a febrero de 2026, quedó 0,90 °C por encima del promedio de 1991-2020: el quinto más cálido desde que hay registros, en 1898.

Las proyecciones de nieve de la propia agencia apuntan en la misma dirección que el artículo. En su escenario de 4 °C, el espesor máximo anual de nieve cae alrededor de un 60 % en todo el país a finales de este siglo respecto al final del anterior. En el de 2 °C, el descenso ronda el 30 % y se concentra de Honshu hacia el sur, mientras que el futuro de Hokkaido queda pequeño y difícil de precisar. Para la vertiente del mar de Japón en Hokkaido, las cifras son de en torno al 38 % con 4 °C y al 11 % con 2 °C.

El mapa ya se estaba encogiendo

Esto no cae sobre un sector saludable.

En 1999 operaban en Japón 698 estaciones de esquí. En 2025 quedaban 417, mínimo histórico y un 40 % por debajo de aquel máximo, según la Japan Funicular Transport Association. El estudio partió de su propia lista de 349 estaciones modelables, de modo que ambas cifras no cuentan el mismo conjunto de instalaciones, pero la dirección no está en discusión.

La causa, hasta ahora, ha sido sobre todo doméstica. La práctica del esquí y el snowboard tocó techo en 1998 con unos 18 millones de personas, según el Libro Blanco del Ocio del Centro Japonés de Productividad, y desde entonces cayó junto con la economía y con la generación que había puesto el deporte de moda. La asociación cita también la falta de nieve por el calentamiento y el envejecimiento de las instalaciones, pero a lo largo de estas tres décadas la presión dominante ha sido la ausencia de clientes.

El clima llega ahora encima de eso. La agencia meteorológica registra desde 1962 una tendencia a la baja en el espesor máximo anual de nieve en la vertiente del mar de Japón, además de menos jornadas con nevadas de 20 centímetros en el este y el oeste del país.

La nieve es el producto

Y sin embargo, las estaciones emblemáticas siguen elevando sus cifras, porque la demanda dejó de ser japonesa.

En la zona de Niseko, en Hokkaido, los municipios de Kutchan, Niseko y Rankoshi sumaron 2.135.000 visitas en la temporada 2025-26, un 8,4 % más. Las pernoctaciones de extranjeros llegaron a 973.798, un 32,9 % más, mientras que el número de personas detrás de esa cifra solo subió un 9,4 %. Las estancias se alargan. La encuesta de la Niseko Promotion Board sitúa el desembolso medio del visitante internacional en unos 580.000 yenes, alrededor de 3.700 dólares al cambio de 156 yenes por dólar de comienzos de septiembre de 2026, frente a unos 125.000 yenes, unos 800 dólares, del huésped japonés. Australia sigue siendo el mayor mercado.

El valle de Hakuba, en Nagano, cuenta lo mismo a otra escala. Sus diez estaciones recibieron 1.925.000 visitantes en 2025-26, la mejor cifra en diez temporadas según la DMO que gestiona el valle. De ellos, 925.000 fueron extranjeros: el 48 % del total y un 17 % más que el año anterior.

La nieve, mientras tanto, ya se comporta de forma irregular. Niseko acumuló 751 centímetros en 2025-26 frente a una media decenal de 851. Noviembre y diciembre llegaron tan flojos que la apertura completa se retrasó entre una y dos semanas, y la temporada no arrancó de verdad hasta enero.

Un puñado de valles concentra hoy casi todo su ingreso anual en unos cien días de invierno, y su clientela reserva vuelos internacionales específicamente por la calidad de la nieve.

Japón no es el único que hace estas cuentas

Europa hizo el mismo ejercicio antes. Un estudio publicado en 2023 en Nature Climate Change evaluó 2.234 estaciones de esquí en 28 países europeos y concluyó que, sin nieve artificial, el 53 % afronta un riesgo muy alto de falta de nieve con 2 °C de calentamiento y el 98 % con 4 °C. Cubriendo con cañones la mitad de las pistas, esas proporciones bajan al 27 % y al 71 %, a cambio de más agua y más electricidad.

Un análisis global aparecido en PLOS ONE en 2024 ordenó el daño por cordilleras. Con una trayectoria de emisiones altas, los días anuales con manto de nieve entre 2071 y 2100 se reducen alrededor de un 50 % en los Alpes japoneses, un 42 % en los Alpes europeos y un 23 % en las Montañas Rocosas.

Los Alpes japoneses pierden aproximadamente el doble que las Rocosas. Según los modelos, la nieve polvo que arrastra a australianos y estadounidenses al otro lado del Pacífico es más frágil que la que dejaron en casa.

Lo que el modelo dejó fuera a propósito

La cifra de siete estaciones lleva un asterisco grande, y lo pusieron los propios investigadores: la producción de nieve artificial quedó excluida. Se trataba de una primera pasada sobre nieve natural, y los números europeos insinúan qué compran las máquinas. Con 4 °C, rebajan la proporción en riesgo del 98 % al 71 %. Ayuda sin llegar a salvar a nadie, y sale cara en agua y en energía justo en las décadas en que ambas escasearán más.

Tampoco entraron en el modelo el trazado concreto de las pistas, las condiciones económicas de cada zona ni la reacción de los propios esquiadores ante un mapa más delgado. Yoshizawa y Katsuyama enumeran todo eso como el siguiente trabajo pendiente.

Lo que subrayan al cerrar es la concentración. Si el turismo de esquí japonés se repliega hacia unos pocos valles altos del norte, esos lugares se volverán todavía más caros y más saturados de lo que ya están, mientras desaparecen las estaciones locales de baja cota donde aprendió a esquiar la mayoría de los japoneses. La pregunta que dejan abierta es si un niño cualquiera de una prefectura nevada podrá siquiera aprender a esquiar.

Japón ha empezado a contar sus inviernos estación por estación. ¿Alguien ha hecho ese cálculo donde usted vive? ¿Y sigue apareciendo el invierno con el que creció?

Referencias