En el intestino de la rana arborícola japonesa, un pequeño anfibio verde común en los arrozales y jardines de Japón, ha aparecido una bacteria con una actividad antitumoral poco habitual.
Seigo Iwata y el profesor Eijiro Miyako, del Instituto Avanzado de Ciencia y Tecnología de Japón (JAIST), demostraron que Ewingella americana, aislada de intestinos de esas ranas, eliminó por completo tumores colorrectales en ratones tras una sola inyección. El trabajo se publicó en Gut Microbes el 10 de diciembre de 2025.
Conviene dejarlo claro de entrada: se trata de investigación preclínica en ratones. No hay ningún ensayo clínico en marcha.
Por qué los anfibios llamaron la atención de los científicos
¿Ha oído alguna vez de una rana o lagartija con cáncer? Probablemente no. Esto no se debe simplemente a que no observemos estos animales con suficiente atención. De hecho, los biólogos han notado durante mucho tiempo que los tumores espontáneos son notablemente raros en los anfibios salvajes, un misterio que ha desconcertado a los científicos durante años.
Con los avances recientes que revelan la profunda influencia de las bacterias intestinales en la función inmunitaria y la progresión del cáncer, el equipo de investigación planteó la hipótesis de que el microbioma intestinal único de los anfibios podría albergar secretos para combatir el cáncer.
Encontrando una «superbacteria» entre 45 cepas
El equipo de investigación recolectó bacterias intestinales de tres especies de anfibios y reptiles nativos de Japón. Sus sujetos incluyeron la rana arborícola japonesa (Dryophytes japonicus), el tritón de vientre de fuego japonés (Cynops pyrrhogaster) y la lagartija de hierba japonesa (Takydromus tachydromoides).
De estos animales aislaron 45 cepas bacterianas y las cribaron de forma sistemática por seguridad y efecto antitumoral. Nueve superaron el filtro: cinco frenaron significativamente el crecimiento del tumor y tres lograron además su regresión. Una destacó sobre el resto: Ewingella americana, de la rana arborícola japonesa.
Respuesta completa del 100% con una sola dosis
En un modelo de cáncer colorrectal en ratones, una única dosis intravenosa de E. americana eliminó por completo los tumores: una tasa de respuesta completa (RC) del 100%. Queda muy por encima de lo que lograron los tratamientos estándar en la misma comparación, entre ellos un inhibidor de puntos de control inmunitario (anticuerpo anti-PD-L1) y quimioterapia (doxorrubicina liposomal). El modelo empleó células tumorales implantadas por vía subcutánea; falta probarlo en un modelo ortotópico, con el tumor crecido en el propio colon.
En ensayos comparativos, la quimioterapia y la inmunoterapia mostraron solo eficacia parcial en algunos ratones. En contraste, cada uno de los ratones del grupo de tratamiento bacteriano vio desaparecer completamente sus tumores.
El efecto además se mantuvo. Cuando los investigadores reimplantaron células cancerosas en esos ratones 30 días después, los tumores no crecieron, lo que apunta a que se había formado memoria inmunológica.
Un mecanismo de ataque de doble acción
El excepcional efecto anticancerígeno de E. americana proviene de su singular mecanismo de ataque de dos frentes.
Efecto citotóxico directo
Esta bacteria es un anaerobio facultativo: puede sobrevivir con oxígeno pero prospera en ambientes con poco oxígeno. El núcleo de los tumores sólidos es típicamente hipóxico, creando una fortaleza que muchos fármacos anticancerígenos tienen dificultad para penetrar. Sin embargo, para E. americana, este ambiente privado de oxígeno es el hábitat perfecto. Dentro de las 24 horas posteriores a la administración, los recuentos bacterianos dentro de los tumores aumentaron aproximadamente 3.000 veces. Este crecimiento explosivo permite la destrucción directa de las células cancerosas.
A las 24 horas de la administración, el recuento bacteriano dentro del tumor se multiplicó por unas 3.000 veces. Esa proliferación rápida destruye directamente las células cancerosas.
Efecto de activación inmunitaria
La presencia bacteriana estimula poderosamente el sistema inmunitario, reclutando células T, células B y neutrófilos al sitio del tumor. Estas células inmunitarias producen citoquinas proinflamatorias (TNF-α, IFN-γ) que amplifican aún más las respuestas inmunitarias e inducen la apoptosis de las células cancerosas.
Esta combinación de «ataque directo» y «activación inmunitaria» produce efectos que superan con creces los tratamientos convencionales.
Focalización precisa: solo tumores
E. americana se acumuló selectivamente en el tejido tumoral y no colonizó ningún órgano sano. El artículo lo atribuye a condiciones propias del tumor: la hipoxia interior favorece el crecimiento anaerobio, la proteína CD47 que expresan las células cancerosas genera una inmunosupresión local que permite sobrevivir a la bacteria, la vasculatura anormal y permeable del tejido tumoral le facilita la entrada, y los metabolitos específicos del tumor la alimentan una vez dentro.
Resultados de seguridad en ratones
La vida media de la bacteria en sangre fue de unas 1,2 horas y a las 24 ya era indetectable. No apareció colonización en hígado, bazo, pulmones, riñones ni corazón. La inflamación fue transitoria y leve, y se resolvió en 72 horas; 60 días de observación no revelaron toxicidad crónica.
Es importante destacar que la bacteria es sensible a los antibióticos estándar, proporcionando un «interruptor de seguridad» en caso de que surjan problemas durante el tratamiento.
Ahora bien, la bacteria no es una desconocida para la medicina humana. Ewingella americana se describió como nuevo género y especie en 1983, aparece con frecuencia en verduras y setas, y acumula casos publicados como patógeno oportunista en personas: bacteriemia, neumonía, conjuntivitis, peritonitis e infección urinaria asociada a catéter. En junio de 2025, Cureus informó de una sepsis en un paciente oncológico en quimioterapia durante una transfusión de sangre. Un informe de 2024 describió una cepa multirresistente sensible solo a la tigeciclina.
Nada de esto contradice los resultados del estudio, pero pesa a la hora de pensar en la clínica. Los pacientes a los que se dirigiría esta terapia son personas con cáncer refractario, es decir, inmunodeprimidas: justo el grupo en el que se han descrito esas infecciones. La seguridad en ratones y la seguridad en una persona inmunodeprimida son cuestiones distintas.
Perspectivas futuras y desafíos
El equipo planea probar a continuación modelos de mama, páncreas y melanoma, optimizar la administración mediante fraccionamiento de dosis e inyección intratumoral, y buscar sinergias con la inmunoterapia y la quimioterapia existentes. El artículo señala como candidatos prometedores los tumores hipóxicos e inmunológicamente «fríos», entre ellos el de páncreas y el de mama triple negativo.
Conviene repetir la advertencia: son resultados en ratones. Llevarlo a humanos exigirá más trabajo de seguridad, determinar la dosis y entender mejor cómo llegan las bacterias al tumor, y no hay ningún ensayo programado. Quien esté valorando opciones de tratamiento oncológico debe consultarlo con su oncólogo.
Biodiversidad: un tesoro de innovación médica
El profesor Miyako declaró: «Esta investigación demuestra que la biodiversidad inexplorada representa un tesoro para el desarrollo de nueva tecnología médica, al tiempo que potencialmente proporciona nuevas opciones de tratamiento para pacientes con cánceres refractarios.»
Una pista sobre el tratamiento del cáncer estaba en el intestino de una rana corriente, lo que dice bastante sobre cuánto del mundo natural sigue sin examinar.
¿Y en su país? ¿Está avanzando la investigación sobre bacterias intestinales o tratamientos contra el cáncer basados en el microbioma? ¿Se han descubierto aplicaciones médicas de animales comunes en su región? ¡Nos encantaría conocer su opinión!
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