¿Y si tus recuerdos pudieran sobrevivir a tu cuerpo? Una encuesta reciente a 312 neurocientíficos halló que el 41 % cree que podría ser posible decodificar los recuerdos a largo plazo de un cerebro preservado, incluso después de la muerte. Y el 40 % piensa que la "emulación cerebral completa" podría llegar a recrear la mente de una persona dentro de una computadora, con un plazo estimado en torno a 2125 para los humanos. Esto es lo que dice la ciencia y por qué el debate está lejos de resolverse.


Los recuerdos dejan una huella física en el cerebro

Todos tenemos recuerdos imborrables: el primer día de colegio, el nacimiento de un hijo, ese instante que nos cambió la vida. Durante mucho tiempo, los científicos han sospechado que esos recuerdos que no se borran no son simples pensamientos abstractos, sino cambios físicos reales grabados en la estructura del cerebro.

Un equipo de investigación liderado por la Universidad de Monash (Australia) publicó en junio de 2025, en la revista PLOS One, un estudio que planteó esta cuestión a la comunidad científica de forma sistemática: encuestó a 312 neurocientíficos, entre especialistas en memoria y neurocientíficos generales, con 28 preguntas sobre cómo se almacenan los recuerdos.

Los resultados fueron llamativos. El 70 % de los participantes coincidió en que los recuerdos a largo plazo se mantienen mediante cambios persistentes en la fuerza de las conexiones entre neuronas y en sus sinapsis (los puntos donde las neuronas intercambian información).

Dicho de forma sencilla: cuando vives una experiencia intensa, se producen cambios químicos y físicos en conjuntos de neuronas del cerebro. Los científicos los llaman "engramas". Cuanto más fuerte es el recuerdo, más conexiones se forman entre las células de ese engrama. El conjunto de la fuerza y los patrones de esas conexiones neuronales, que perduran toda la vida, es lo que se denomina "conectoma": el mapa del cableado de tu cerebro, único para ti.

¿Quedan recuerdos en el cerebro tras la muerte?

Aquí empieza lo importante. Si los recuerdos están codificados físicamente en la estructura del cerebro, ¿se podrían "leer" en un cerebro preservado después de que la persona haya muerto?

La encuesta planteó justamente esa pregunta, centrada en una técnica llamada criopreservación estabilizada con aldehído (ASC): un método que sumerge el cerebro en un fijador químico y lo conserva a temperaturas muy bajas para mantener su estructura.

La estimación mediana de los científicos encuestados fue del 41 %; es decir, casi la mitad de estos expertos considera que un cerebro preservado con ASC podría conservar suficiente información estructural para decodificar, en teoría, al menos algunos recuerdos a largo plazo. Es una cifra muy alta para una pregunta tan especulativa. Ariel Zeleznikow-Johnston, autor principal del estudio e investigador de la Universidad de Monash, lo expresó así: "Los científicos suelen ser muy cautos y reacios a especular sobre lo que podría ser posible en el futuro. Este resultado indica que los neurocientíficos creen que, hecho correctamente, esto tiene una probabilidad razonable de funcionar".

En experimentos con animales ya se ha logrado una preservación cerebral de alta calidad: los cerebros conservados pueden visualizarse a una resolución altísima, mostrando sinapsis y conexiones nerviosas individuales. Hacerlo con el cerebro de una persona recién fallecida, sin embargo, plantea enormes desafíos prácticos, éticos y legales.

Emulación cerebral completa: subir la mente a una computadora

Si un cerebro fallecido puede conservar sus recuerdos, el siguiente paso es audaz: ¿se podría mapear toda esa información y recrear la mente de una persona dentro de una computadora?

Este concepto se llama Emulación Cerebral Completa (WBE, por sus siglas en inglés). La idea es preservar la estructura del cerebro con una resolución tan fina como para capturar todo lo que codifica las propiedades psicológicas de una persona (sus recuerdos, personalidad, preferencias y formas de pensar) y luego construir una simulación digital tan fiel al original que se comportaría de forma indistinguible de la persona viva.

Si has visto la película de 2014 Transcendence, protagonizada por Johnny Depp, ya conoces una versión dramatizada de este concepto. Pero la WBE ya no es solo ciencia ficción: es un área activa de investigación y debate científico.

En la encuesta de Monash, el 40 % de los neurocientíficos estimó que crear una emulación cerebral completa a partir de un cerebro preservado es teóricamente posible. Cuando se les pidió asumir que las tecnologías de registro ya estaban establecidas de antemano, esa proporción subió al 62 %.

En cuanto a los plazos, las predicciones medianas fueron sorprendentemente concretas: hacia 2045 para el gusano C. elegans (un organismo diminuto con apenas 302 neuronas), hacia 2065 para el ratón y hacia 2125 para el ser humano.

La revolución del conectoma: del gusano a la mosca y al ser humano

Para entender por qué los científicos son siquiera ligeramente optimistas respecto a la WBE, hay que conocer la "revolución del conectoma" que está en marcha.

Un conectoma es un mapa completo de todas las neuronas y todas las conexiones de un cerebro. En octubre de 2024, una gran colaboración internacional llamada FlyWire publicó en la revista Nature el primer conectoma completo del cerebro de una mosca de la fruta adulta. El mapa incluye sus 139.255 neuronas y más de 50 millones de conexiones sinápticas, y es el mapa cerebral completo más complejo jamás elaborado de un animal adulto.

Como referencia, los únicos conectomas completados antes eran los del gusano C. elegans (302 neuronas) y el de la larva de la mosca de la fruta (3.000 neuronas). La mosca adulta es varios órdenes de magnitud más compleja.

Aún más notable: investigadores de la Universidad de California en Berkeley tomaron ese conectoma y simularon el cerebro completo de la mosca en un ordenador portátil, y la simulación predijo con precisión cómo respondería a los estímulos el cerebro real del insecto.

Pero el salto de la mosca al ser humano es abismal. La mosca tiene unas 140.000 neuronas; el cerebro humano, unos 86.000 millones (más de 600.000 veces más), cada una conectada a miles de otras a través de unos 100 billones de sinapsis. El informe sobre el estado de la emulación cerebral de 2025 señala como principales cuellos de botella la obtención de datos, la anotación molecular, la validación de modelos y el escalado computacional.

¿La copia digital serías realmente "tú"?

Aunque pudiéramos copiar a la perfección cada neurona y cada sinapsis del cerebro, queda la pregunta más profunda: esa entidad digital resultante, ¿serías realmente tú?

Brian Patrick Green, especialista en ética de la Universidad de Santa Clara, sostiene que la identidad humana va mucho más allá del cerebro: "Nuestra identidad incluye no solo la mente y la memoria, sino también la personalidad, el cuerpo, los músculos, los huesos y las relaciones. Más allá de eso, nuestra situación social y el mundo en que vivimos también forman parte de nuestra identidad. Incluso objetos externos, como una foto querida o un recuerdo de un amigo cercano, pueden llegar a ser parte de quienes somos".

Sentirse vivo no es solo cuestión de conexiones neuronales. También lo componen las experiencias sensoriales (ver, tocar, oler, saborear) y la interacción constante con el mundo físico. Nuestros sentidos corporales, biológicos, son tan esenciales para lo que nos hace humanos como la química del cerebro.

Además, un cerebro vivo cambia sin cesar y se recablea en respuesta a nuevas experiencias. Si una emulación cerebral completa quedara estática, congelada en el estado en que fue capturada, sería una instantánea, no una mente viva.

Y luego está el "problema difícil de la conciencia": el profundo misterio de por qué y cómo surge en nosotros la experiencia subjetiva. Algunos científicos apuntan a que la conciencia podría ser un fenómeno cuántico y, de ser así, quizá sería imposible de reproducir con la computación clásica.

El profesor Masataka Watanabe, de la Universidad de Tokio, propone otro enfoque: en lugar de copiar el cerebro sin más, fusionar poco a poco el cerebro biológico con una máquina a lo largo de meses o años, transfiriendo no solo los recuerdos, sino los propios algoritmos que generan la conciencia. Igual que los hemisferios izquierdo y derecho comparten la conciencia a través del cuerpo calloso, sostiene que también podrían compartirla un cerebro biológico y una máquina; y cuando el cerebro biológico dejara de funcionar, la conciencia continuaría en la máquina sin interrupción.

En la vanguardia: de la criopreservación al más allá digital

Varias organizaciones ya trabajan para hacer realidad la preservación y la emulación del cerebro.

La fundación estadounidense Carboncopies lidera la investigación y el desarrollo centrados específicamente en la emulación cerebral completa, y se concentra en tres capacidades esenciales: registrar la función cerebral, mapear la estructura del cerebro y emularlo por computación.

La Brain Preservation Foundation impulsa investigación científicamente validada sobre la preservación del cerebro humano para su conservación a largo plazo. Por su parte, la empresa emergente estadounidense Nectome ha desarrollado técnicas de preservación con el objetivo final de "subir" el contenido del cerebro, pero su planteamiento inicial exigía extraer el cerebro con la persona aún viva, es decir, presuponía la eutanasia, lo que provocó un serio debate ético.

La comunidad Aspirational Neuroscience ofrece un premio de 100.000 dólares (unos 15 millones de yenes) a quien logre extraer recuerdos concretos del cerebro preservado de un animal, un hito que los investigadores prevén alcanzable en un plazo de cinco años.

Donde se cruzan ciencia, filosofía y cultura

La idea de la inmortalidad digital toca algo profundamente humano: el miedo a la muerte y el deseo de continuidad. En Japón, donde la tradición budista enseña que la conciencia es impermanente y que el apego al yo es fuente de sufrimiento, la idea de conservar la propia mente para siempre genera una honda tensión filosófica. Y, a la vez, es una cultura fascinada por la frontera entre lo vivo y lo digital, desde los relatos de fantasmas hasta animes como Ghost in the Shell, que exploran qué ocurre cuando la mente se encuentra con la máquina.

La pregunta de si una copia digital de ti eres realmente "tú" evoca la paradoja del barco de Teseo, debatida por los filósofos durante milenios. Si se sustituyen una a una todas las tablas de un barco, ¿sigue siendo el mismo barco? Si cada neurona de tu cerebro se mapea y se reproduce digitalmente, ¿el resultado sigues siendo tú o solo una copia muy convincente?

No son meros acertijos filosóficos abstractos. A medida que avance la tecnología de preservación cerebral, se convertirán en cuestiones prácticas y legales urgentes: ¿tiene derechos una emulación digital?, ¿puede dar su consentimiento?, ¿quién es su propietario?, ¿se la puede "apagar"?

La ciencia avanza más rápido de lo que muchos esperaban, pero los desafíos éticos, filosóficos y técnicos son enormes. Quizá falten décadas, o un siglo, para algo parecido a la emulación completa de un cerebro humano. Pero que el 40 % de los neurocientíficos lo considere posible significa que esto ya no es solo ciencia ficción.

¿Y en tu país, cómo se ve la idea de preservar la conciencia después de la muerte? ¿Es la inmortalidad digital un sueño que merece la pena perseguir o una línea que los seres humanos no deberían cruzar? Nos encantaría escuchar puntos de vista de todo el mundo.

Referencias