🌊 Bajo el agua, la luz y las ondas de radio apenas viajan. Solo el sonido llega lejos.

Por eso el océano se sigue interpretando de oído, por un puñado de especialistas, grabación a grabación. NEC acaba de recibir un contrato de investigación del gobierno japonés para entregarle ese trabajo a una inteligencia artificial, y el modelo que quiere construir serviría igual de bien a un biólogo marino que a un buque de guerra.

El sonido llega. No hay suficiente gente para leerlo

A cierta profundidad, las herramientas que hacen legible el mundo de la superficie dejan de servir. Las cámaras no ven nada aprovechable y el radar y la radio se absorben casi de inmediato. Existen formas de medir anomalías magnéticas o gravitatorias, pero su alcance es corto. El sonido, en cambio, sigue avanzando: se curva al atravesar las capas de temperatura, rebota en el fondo y en la superficie, y recorre kilómetros.

Así que al océano se lo escucha. El sónar emite y recoge lo que vuelve; los hidrófonos simplemente escuchan. Ambos generan datos acústicos submarinos y, según describe NEC el estado actual del campo, esos datos pasan después a manos de analistas expertos que aplican técnicas avanzadas de procesamiento de señales y años de criterio acumulado para averiguar qué produjo cada ruido. La empresa señala sin rodeos dónde se atasca todo esto: el volumen de datos es enorme, el análisis exige mucho tiempo y concentración sostenida, y la precisión tiene un techo.

El obstáculo: no hay respuestas correctas

El 18 de agosto de 2026, NEC anunció que se había adjudicado el contrato titulado «Investigación sobre Modelos Fundacionales de Acústica Submarina mediante Aprendizaje Autosupervisado (Parte 1)». El cliente es el Instituto de Ciencia y Tecnología para la Innovación en Defensa, dependiente de la agencia japonesa de adquisiciones de defensa, y el trabajo se enmarca en un programa llamado Investigación Innovadora de Ruptura. Lo que un gran modelo de lenguaje hace con el texto, este debería hacerlo con el sonido submarino. NEC afirma que lo tendrá construido para el año fiscal 2027. El importe del contrato no se divulgó.

La IA actual suele aprender de datos que un humano ya marcó: esto es un gato, esto no lo es. En acústica submarina casi no existen esas marcas. Determinar con certeza qué produjo una grabación exige a menudo estar en la misma zona del mar y en el mismo momento, y buena parte de lo que se sabe queda dentro del secreto militar o comercial.

El aprendizaje autosupervisado es el rodeo. En lugar de pedirle al modelo que coincida con las etiquetas humanas, se oculta una parte de la grabación y se le exige que prediga lo que falta. Si eso se repite a lo largo de suficientes horas de océano, el modelo absorbe la forma estadística del sonido submarino sin que nadie le explique qué es cada cosa. Las etiquetas solo hacen falta al final, en pequeñas cantidades, para orientar el modelo hacia un trabajo concreto.

Con todo, el aprendizaje automático no es nuevo en este campo. Un trabajo sobre clasificación de sonidos de buques mediante aprendizaje autosupervisado apareció en 2023 en la revista de la Sociedad Acústica de Estados Unidos, y Google ha publicado SurfPerch, un modelo preentrenado pensado para grabaciones de hidrófonos. El vacío que describe NEC es la ausencia de un modelo fundacional de propósito general, no la ausencia de IA.

NEC aporta dos cosas. Una es la experiencia en entrenamiento a gran escala acumulada con cotomi, su tecnología de IA propia. La otra, según la propia empresa, son más de 90 años fabricando sónar de forma ininterrumpida, desde la antigua Armada Imperial anterior a la guerra hasta la Fuerza Marítima de Autodefensa. El comunicado indica como punto de contacto a su División de Seguridad Marítima, lo que sugiere que esto no es un proyecto secundario.

El instituto abrió en el barrio tokiota de Ebisu en octubre de 2024, y la propia agencia explica en sus materiales que se diseñó siguiendo el modelo de DARPA y DIU en Estados Unidos. Recluta gestores de programa fuera del ministerio, fija objetivos deliberadamente difíciles y tolera el fracaso. Para una organización de defensa japonesa, decir en voz alta que se permite fracasar ya es una novedad.

Una misma señal, tres clientes distintos

La detección por sónar, la comunicación acústica submarina y la observación oceanográfica parecen tres industrias separadas. Una capa más abajo son el mismo problema de física. En todos los casos la señal llega estirada, refractada, con eco en dos fronteras y sepultada bajo el ruido del oleaje, los motores, la lluvia y los animales. Da igual si se busca identificar un contacto o medir una columna de agua: la primera tarea nunca cambia, que es extraer estructura de un canal empeñado en destruirla.

Un modelo que haya aprendido la gramática acústica del océano es, por tanto, una base compartida y no tres inversiones paralelas. Las aplicaciones que enumera NEC van de la defensa a la exploración de recursos y vida marina, la vigilancia ambiental y una predicción sísmica más precisa. La empresa resume el destino como un gemelo digital del océano: una imagen que se actualiza de forma continua sobre lo que ocurre dentro de una masa de agua, en lugar de una instantánea del día en que pasó por allí el último buque oceanográfico.

Esquema que muestra cómo los datos acústicos submarinos a gran escala recogidos por instituciones públicas y privadas alimentan un modelo fundacional autosupervisado que después sirve a la defensa, la exploración de recursos y vida marina, la vigilancia ambiental y la predicción sísmica

Fuente: comunicado de prensa de NEC

El lugar evidente para instalarlo es un robot

La agencia japonesa de adquisiciones de defensa ya tiene varias líneas de vehículos submarinos no tripulados (UUV) en marcha. El UUV de operación prolongada es un cilindro de unos 10 metros de eslora, con módulos de misión intercambiables entre la proa y la popa. En el año fiscal 2023 arrancó además una investigación específica sobre tecnologías de control de UUV. Y en el lado más civil de la misma agencia se estudian UUV de observación oceanográfica, incluido uno destinado al levantamiento de la topografía del lecho marino y de las características acústicas.

La radio no llega a un UUV sumergido. La comunicación acústica existe, pero su tasa de datos es órdenes de magnitud menor. Transmitir el audio en bruto a un buque nodriza y esperar a que alguien lo interprete no es un arreglo viable. Cualquier interpretación tiene que producirse a bordo, en tiempo real y con un presupuesto energético limitado. Que exista o no un modelo general compacto capaz de separar lo relevante de lo prescindible marca la diferencia entre un robot que graba todo para analizarlo después y un robot que decide por su cuenta qué merece la pena grabar.

Comprar cascos, tender redes o apostar por la interpretación

Estados Unidos compra cascos. Con su plan de construcción naval de mayo de 2026, la Armada sacó al Orca de Boeing, un UUV de tamaño extragrande, de la fase experimental para incorporarlo a la adquisición prevista de la flota. La partida cubre 135,8 millones de dólares por dos unidades en el año fiscal 2027, unos 1.130 millones de dólares en el conjunto del Programa de Defensa de Años Futuros y 16 vehículos hasta el año fiscal 2031. En paralelo avanza la compra de 47 buques de superficie no tripulados medianos. Los programas aliados apuntan en la misma dirección, con el Ghost Shark australiano y el XV Excalibur británico ya fuera del papel.

China está tendiendo infraestructura. Investigadores de la Iniciativa de Transparencia Marítima en Asia del CSIS han documentado plataformas de sensores fijas y flotantes entre la isla de Hainán y las islas Paracel. Forman parte de lo que Pekín denomina Red de Información del Océano Azul. Las fuentes chinas la presentan como un sistema de vigilancia ambiental y comunicaciones. Analistas externos describen una arquitectura por capas que va de las antenas del lecho marino a los satélites, y oficiales de la Armada estadounidense han acabado llamando a ese conjunto una gran muralla submarina.

Japón no va a superar en gasto a ninguno de los dos. Lo que tiene, en cambio, son datos y una infraestructura de escucha que ya existe por razones puramente civiles. La red S-net cuenta con 150 estaciones de observación en el fondo marino a lo largo de la fosa de Japón; DONET tiene 51 en la fosa de Nankai, y entre sus sensores hay hidrófonos. N-net, que cubre el extremo occidental de la fosa de Nankai, se terminó en junio de 2025. Como materia prima para entrenar, es una buena mano.

La apuesta implícita en este contrato es que, si la competencia submarina se decide en última instancia por quién entiende el océano más rápido, la capa de interpretación puede pesar más que el número de plataformas. Es una apuesta razonable. Todavía no es una apuesta demostrada.

Dos pilares, un solo contrato

El Cuarto Plan Básico de Política Oceánica de Japón, aprobado por el Gabinete el 28 de abril de 2023, se apoya en dos pilares: la seguridad marítima integral y la construcción de un océano sostenible. El 22 de diciembre de ese mismo año el gobierno adoptó una Estrategia AUV orientada a desarrollar para 2030 una industria nacional de vehículos submarinos autónomos, y NEC figura entre las empresas de la plataforma público-privada de la Oficina del Gabinete. Este contrato aterriza en la costura entre ambos pilares, que es presumiblemente la intención.

La costura es también donde está la dificultad. «Se recopilarán mediante colaboración público-privada» es una sola frase en un comunicado y un problema realmente arduo en la práctica. Las grabaciones acústicas son sensibles de un modo en que no lo son los datos de entrenamiento corrientes, porque pueden revelar firmas acústicas de buques, caladeros y movimientos de países aliados. Las instituciones civiles que custodian registros oceánicos de larga duración no tienen por qué estar deseando verlos absorbidos por un modelo financiado con presupuesto de defensa, y en Japón la investigación de doble uso sigue generando un debate cuidadoso. Que esos datos fluyan o no pesará más que cualquier decisión de arquitectura.

Se trata de la Parte 1 de una investigación por encargo, no de un sistema a punto de salir al mar. «Liderar el mundo» es el objetivo declarado de NEC y no un resultado alcanzado, y aunque algunos medios han presentado el proyecto como una primicia mundial, NEC no lo describe así.

Aun así, la idea de fondo es buena. Al océano se lo ha escuchado poco no por falta de micrófonos, sino por falta de gente capaz de descifrar lo grabado. En Japón ese argumento avanza en forma de programa de investigación de defensa, con la predicción sísmica y los estudios de vida marina puestos a su lado con la misma seriedad. En tu país, ¿el dinero de defensa dentro de la ciencia oceánica se acepta con naturalidad o complica la conversación?

Referencias