🛰️ ¿Y si la respuesta al apetito energético de la IA no fuera construir más centrales eléctricas, sino lanzar los centros de datos al espacio? Es exactamente lo que están intentando el grupo NTT de Japón, Google, SpaceX y otros. Con energía solar casi permanente, refrigeración natural a unos -270 °C y espacio para crecer, la computación orbital ha dejado de ser ciencia ficción.

El problema energético que la IA le plantea a la Tierra

La difusión de la IA generativa ha disparado el consumo eléctrico de los centros de datos del mundo. El informe "Energy and AI" (2025) de la Agencia Internacional de la Energía calcula que ese consumo pasará de unos 415 TWh en 2024 a cerca de 945 TWh en 2030. Solo Estados Unidos consumió 183 TWh en 2024, más del 4% del total nacional, y llegaría a 426 TWh en 2030, un 130% más. En ese país, los centros de datos explicarán casi la mitad del crecimiento de la demanda eléctrica de la década. Entrenar y ejecutar modelos de IA exige GPU de alto rendimiento como la NVIDIA H100, que consumen mucho más que un servidor convencional.

Y no es solo electricidad. Enfriar todo ese calor exige sistemas que consumen enormes cantidades de agua y energía. Solo Microsoft utiliza miles de millones de litros al año para refrigeración, y en las zonas donde se construyen centros de datos han aparecido conflictos por el agua.

Si la demanda sigue creciendo a este ritmo, en tierra faltarán electricidad, agua y suelo. De esa inquietud nació una idea audaz: construir los centros de datos en el espacio.

¿Por qué el espacio? Tres ventajas decisivas

El centro de datos orbital atrae atención porque resuelve de golpe tres problemas difíciles de solucionar en tierra.

Primero, energía solar sin interrupciones. En la superficie, el clima y el ciclo día-noche condicionan mucho el rendimiento fotovoltaico. Un satélite en la órbita adecuada recibe luz solar casi las 24 horas. Según los cálculos de Google, los paneles en órbita pueden generar hasta ocho veces más que los terrestres.

Segundo, refrigeración natural. El espacio está a unos -270 °C y permite expulsar el calor por radiación infrarroja. Sin gastar una gota de agua, el propio vacío funciona como un disipador gigantesco.

Tercero, espacio para crecer. Conseguir terreno para un centro de datos es cada vez más difícil, mientras que en órbita no hay límite físico de ubicación. Quedan la congestión orbital y la basura espacial, pero la escalabilidad supera con mucho a la terrestre.

La "red de computación espacial integrada" de NTT

Quien más lejos ha llegado en este terreno es el grupo japonés NTT.

En mayo de 2021, NTT y el operador de satélites SKY Perfect JSAT presentaron la iniciativa "Red de Computación Espacial Integrada". En julio de 2022 aportaron 9.000 millones de yenes cada uno (unos 60 millones de dólares) para crear la empresa conjunta Space Compass, con el objetivo declarado de convertirla en un negocio de 100.000 millones de yenes (unos 670 millones de dólares).

Space Compass trabaja en tres líneas.

El negocio de centro de datos espacial gira en torno al "servicio de retransmisión óptica de datos": satélites situados en órbita geoestacionaria (unos 36.000 km de altitud) actúan como nodos que reenvían por comunicación óptica los datos que recogen los satélites de observación en órbita baja. Frente a la radiofrecuencia convencional, multiplica por unas diez la velocidad y permite una transmisión casi en tiempo real. El satélite geoestacionario "SkyCompass-1" se está construyendo en alianza con la estadounidense Skyloom.

El negocio de RAN espacial utiliza HAPS (plataformas de gran altitud), aeronaves no tripuladas que vuelan en la estratosfera, a unos 20 km, para dar cobertura de comunicaciones en catástrofes, islas remotas y zonas aisladas. Space Compass ha invertido hasta 100 millones de dólares en AALTO, filial de Airbus, para aprovechar la plataforma "Zephyr".

El negocio de teledetección espacial apunta a una plataforma que integre satélites y sensores terrestres, con aplicaciones en ciudades inteligentes y prevención de desastres.

En abril de 2025, Space Compass se adjudicó un contrato del Ministerio de Defensa japonés para una demostración de comunicación óptica entre satélites geoestacionarios.

IOWN, la base óptica de todo el proyecto

El fundamento del plan de NTT es IOWN (Innovative Optical and Wireless Network), su infraestructura de comunicación de nueva generación.

IOWN lleva la tecnología óptica de la red hasta el terminal y busca superar a la comunicación basada en señales eléctricas en consumo, velocidad y capacidad. La convergencia fotónica-electrónica reduce el consumo y aporta una alta tolerancia a la radiación cósmica, dos cualidades muy convenientes en el espacio.

En un centro de datos orbital, IOWN habilita enlaces ópticos de gran capacidad entre satélites y, con ellos, la "computación en constelación": el procesamiento distribuido entre decenas o centenares de satélites. Un satélite aislado tiene poca capacidad de cálculo, pero un enjambre coordinado puede ofrecer mucha. Es, en la práctica, una nube distribuida en órbita.

NTT y la JAXA investigan juntos desde enero de 2023 tecnologías de base para ese objetivo: inferencia de IA a bordo, procesamiento activado por eventos y detección ligera de cambios.

Las grandes tecnológicas estadounidenses entran en la carrera

Al otro lado del Pacífico el movimiento se ha acelerado.

Google presentó en noviembre de 2025 el "Project Suncatcher": una constelación en órbita baja de satélites con paneles solares y chips TPU (Tensor Processing Unit), enlazados entre sí por comunicación óptica en espacio libre. El diseño contempla 81 satélites volando en formación cerrada dentro de un radio de aproximadamente un kilómetro, funcionando como un único ordenador distribuido. En 2027 prevé lanzar dos satélites prototipo junto a Planet Labs. Su consejero delegado, Sundar Pichai, ha dicho que en una década los centros de datos espaciales podrían ser algo normal.

Starcloud (antes Lumen Orbit), con sede en Redmond (estado de Washington), se fundó en 2024 y diseñó, fabricó y lanzó su satélite de demostración Starcloud-1 en 21 meses con solo tres millones de dólares de financiación inicial. Despegó en un Falcon 9 de SpaceX en noviembre de 2025 con una GPU NVIDIA H100 a bordo, la primera de clase centro de datos que opera en órbita, y la misión llegó a entrenar un modelo de IA y a ejecutar inferencia de un modelo de Google en el espacio. En marzo de 2026 cerró una ronda de serie A de 170 millones de dólares liderada por Benchmark y EQT Ventures, con una valoración de 1.100 millones; su financiación acumulada supera los 200 millones. Su meta final es un centro de datos orbital de 5 gigavatios con una matriz solar de 4 km de lado.

Amazon: su fundador, Jeff Bezos, prevé centros de datos espaciales de escala gigavatio dentro de 10 a 20 años, y Blue Origin planea lanzar su plataforma satelital "Blue Ring" a partir de la primavera de 2026. Elon Musk también ha manifestado interés por los centros de datos orbitales desde SpaceX, cuya principal aportación es el desplome de los costes de lanzamiento.

China no se queda quieta. La empresa emergente ADA Space lanzó 12 satélites en mayo de 2025 para empezar a construir un superordenador en órbita bautizado "constelación de computación de los tres cuerpos", con enlaces ópticos de 100 Gbps y una capacidad de procesamiento de hasta 744 TIPS.

La ventaja japonesa en comunicación óptica entre satélites

La comunicación óptica entre satélites es una de las tecnologías decisivas. En el espacio no se puede tender fibra óptica, así que los enlaces láser en espacio libre son la única vía para mover datos a gran velocidad entre satélites.

Ahí Japón está en cabeza. NTT acumula décadas de tecnología óptica desarrollada para la red terrestre de fibra y va por delante al trasladarla al entorno espacial. Sus dispositivos de convergencia fotónica-electrónica combinan bajo consumo y alta resistencia a la radiación, dos ventajas notables fuera de la atmósfera.

La JAXA investiga con NTT infraestructura de comunicación óptica espacial desde 2019, y en la Expo de Osaka-Kansai de 2025 se mostró una demostración espacial de la tecnología óptica de gran capacidad de NTT. SKY Perfect JSAT, por su parte, lleva más de 30 años operando más de 30 satélites de comunicaciones.

El Gobierno japonés respalda el sector con el "Fondo de Estrategia Espacial", creado en 2024, que destinará un billón de yenes (unos 6.700 millones de dólares) en diez años. En noviembre de 2025, la primera ministra Sanae Takaichi situó la industria aeroespacial entre los sectores prioritarios de inversión.

Retos y perspectivas

Quedan muchos obstáculos por delante.

La radiación es el mayor problema técnico. Los rayos cósmicos impactan directamente en semiconductores como las GPU y las memorias, con riesgo de corrupción de datos y caídas del sistema. En los ensayos de Google, las TPU resistieron el equivalente a cinco años de exposición orbital, pero el efecto sobre la memoria de gran ancho de banda (HBM) exige más verificación.

La disipación del calor tampoco es sencilla. El espacio está muy frío, pero en el vacío no funcionan ni el aire ni el agua: solo queda la radiación, y expulsar mucho calor por esa vía exige superficies radiantes enormes. La propia Estación Espacial Internacional despliega radiadores de más de una decena de metros para una potencia térmica modesta.

El coste de lanzamiento baja año tras año, pero sigue siendo alto: hoy ronda los 1.500 a 2.900 dólares por kilogramo. Según los cálculos de Google, si a mediados de la década de 2030 cayera hasta 200 dólares por kilogramo, el centro de datos orbital igualaría en coste al terrestre. La operación comercial regular del Starship de SpaceX acercaría ese umbral.

El mantenimiento es otro escollo. En tierra un servidor averiado se sustituye de inmediato; en órbita, enviar a alguien a repararlo resulta casi imposible. Eso obliga a diseños redundantes, con procesadores y satélites de reserva, lo que encarece el conjunto.

Aun así, la demanda de cálculo de la IA crece mucho más rápido que la capacidad de ampliar la red eléctrica terrestre. Más que un sustituto de los centros de datos en tierra, el orbital funcionaría como una "segunda capa" de infraestructura que absorba lo que abajo no cabe.

Una nueva carrera de infraestructuras, con el espacio como escenario

Actualización (julio de 2026): en febrero de 2026, Starcloud solicitó a la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC) de Estados Unidos una constelación de 88.000 satélites destinada a computación orbital. Su siguiente nave, Starcloud-2, está prevista para 2026 con unas cien veces más generación eléctrica que la primera y chips de la generación Blackwell de NVIDIA, además del que la empresa describe como el mayor radiador jamás desplegado en órbita: una prueba directa de si la disipación de calor puede escalar.

En Japón crece la expectativa por el centro de datos espacial como vía hacia una infraestructura "definitivamente ecológica", aunque también hay voces que miran con frialdad los costes y las dificultades técnicas. ¿Cómo se discute en tu país el problema energético de los centros de datos? ¿Qué te parece la idea de construir centros de datos en el espacio? Cuéntanos qué piensas.

Referencias