La carrera por desarrollar los drones que actuarán como "compañeros" de los cazas tripulados se acelera en todo el mundo. Estados Unidos ya ha logrado el primer vuelo de prototipos de caza no tripulado con IA, y China presentó de golpe cuatro nuevos drones furtivos en un desfile militar de 2025. Japón, por su parte, prevé el primer vuelo de prueba de su demostrador en noviembre de 2025. ¿Cuánta distancia le separa de Estados Unidos y China? ¿Y qué desafíos estructurales afronta su industria de defensa?

¿Qué es un "wingman leal"? El protagonista del combate aéreo de nueva generación

Uno de los conceptos más observados del combate aéreo actual es el del "wingman leal" (compañero fiel): un sistema en el que una aeronave no tripulada dotada de IA vuela en formación con un caza tripulado y ejecuta de forma autónoma misiones de reconocimiento, guerra electrónica o ataque. En Estados Unidos se denomina CCA (Collaborative Combat Aircraft, aeronave de combate colaborativa) y en Japón, "dron de apoyo al combate".

¿Por qué es tan importante esta tecnología? Primero, el dron puede enviarse a misiones peligrosas sin poner en riesgo la vida del piloto. Segundo, se fabrica mucho más barato que un caza tripulado, lo que permite una estrategia de "abrumar por cantidad". Tercero, la decisión autónoma basada en IA permite coordinar varias aeronaves a la vez y aligerar la carga del piloto.

En la guerra de Ucrania se ha visto una y otra vez cómo drones baratos destruyen carros de combate y buques carísimos. Esa lección ha sacudido las doctrinas militares de muchos países y ha acelerado la inversión en las tecnologías de colaboración entre aeronaves tripuladas y no tripuladas.

EE. UU.: un futuro con más de 1.000 CCA escoltando cazas de sexta generación

En el desarrollo de cazas no tripulados, quien va más avanzado es Estados Unidos. Como parte de su programa de Dominio Aéreo de Nueva Generación (NGAD), la Fuerza Aérea estadounidense impulsa a marchas forzadas los CCA que operarán junto al caza de sexta generación F-47, desarrollado por Boeing.

En 2024, la Fuerza Aérea adjudicó contratos de desarrollo a cinco empresas (Anduril, Boeing, General Atomics, Lockheed Martin y Northrop Grumman) y después seleccionó a Anduril y General Atomics como candidatas de fabricación para el Increment 1 (primera fase). El YFQ-44A "Fury" de Anduril realizó su primer vuelo en octubre de 2025, y el YFQ-42A "Gambit 2" de General Atomics lo había logrado en agosto de ese mismo año.

La escala del plan es descomunal. En el Increment 1 se contemplan entre 100 y 150 aparatos, y en el Increment 2, hasta 2.350 más. En conjunto, la Fuerza Aérea aspira a desplegar al menos 1.000 CCA. En el presupuesto del año fiscal 2026 se prevén más de 4.000 millones de dólares (unos 600.000 millones de yenes) para el F-47 y los CCA en conjunto, y unos 800 millones de dólares solo para los CCA. El objetivo es alcanzar la capacidad operativa inicial antes de 2030.

Además, en diciembre de 2025 la Fuerza Aérea anunció la selección de nueve proveedores para el Increment 2. Se desarrollan en paralelo varios tipos de CCA para misiones diversas: combate aire-aire, ataque aire-tierra, guerra electrónica e ISR (inteligencia, vigilancia y reconocimiento).

China: el impacto de revelar cuatro drones furtivos de una vez

A la altura de Estados Unidos, y por delante en algunos aspectos según ciertos análisis, se sitúa China.

En el Salón Aeronáutico de Zhuhai de noviembre de 2024 se presentó el Feihong FH-97A, capaz de volar en formación con cazas tripulados, lo que evidenció el avance de sus drones de tipo wingman leal. Aún más impactante fue el desfile militar del 80.º aniversario de la victoria sobre Japón, en septiembre de 2025: allí, junto al ya conocido dron de ataque GJ-11, se mostraron por primera vez cuatro drones furtivos completamente nuevos.

Dos de ellos son de clase CCA, relativamente pequeños, y uno recuerda al diseño del estadounidense XQ-58. Los otros dos son de gran tamaño, comparables al caza J-10, y montan motores turbofán que parecen derivar del WS-10 o el WS-15. Los analistas interpretan que China busca construir una fuerza de drones por niveles: modelos pequeños "de producción masiva barata" junto a otros grandes "de altas prestaciones".

China también desarrolla el J-20S, el primer caza furtivo de quinta generación biplaza del mundo, con un concepto en el que el piloto del asiento trasero dirige un grupo de drones acompañantes. En noviembre de 2025 difundió imágenes de un J-20 volando en formación con drones GJ-11 y con aviones de guerra electrónica J-16D, señal de que avanza con paso firme en la demostración de la colaboración entre lo tripulado y lo no tripulado.

Europa, Australia y Corea del Sur: cada uno con su enfoque

El desarrollo de cazas no tripulados no se limita a la pugna entre Estados Unidos y China.

El Reino Unido puso en servicio en mayo de 2025 su demostrador de wingman leal "StormShroud", con un pedido inicial de 24 unidades. Se desarrolla como una "plataforma colaborativa autónoma" (ACP), al margen del programa GCAP de nuevo caza, y busca también la colaboración con cazas tripulados ya existentes de cuarta y quinta generación.

Australia ha liderado el desarrollo de CCA en el bloque occidental con el "MQ-28 Ghost Bat", codesarrollado con Boeing. Dotado de IA, destaca por un diseño singular: un morro modular intercambiable que permite alternar entre reconocimiento, guerra electrónica y ataque. Para finales de 2025 o principios de 2026 estaba prevista una prueba de disparo del misil AIM-120.

Corea del Sur, en paralelo al desarrollo de su caza nacional de generación 4,5 KF-21, avanza con varios tipos de drones de tipo wingman leal. La entrada de la industria es intensa: Korean Air, por ejemplo, ha presentado un modelo de caza no tripulado para la Fuerza Aérea surcoreana.

Japón: en qué punto está (los drones vinculados al GCAP)

El desarrollo japonés de cazas no tripulados gira en torno a su vinculación con el GCAP (nuevo caza), que Japón desarrolla junto al Reino Unido e Italia.

Mitsubishi Heavy Industries (MHI) presentó en la Feria Internacional Aeroespacial de octubre de 2024 dos conceptos de dron de apoyo al combate: uno, un CCA mediano con forma de avión; otro, un dron desechable con forma de misil bautizado "ARMDC-20X". Desde el año fiscal 2022, MHI trabaja, por contrato con la Agencia de Adquisiciones, Tecnología y Logística (ATLA), en la "investigación y prototipado de tecnología de IA embarcada en drones".

Kawasaki Heavy Industries (KHI), por su parte, mostró por primera vez en DSEI Japan 2025 (mayo de 2025) un vídeo conceptual de un dron de apoyo al combate con IA. Presume de capacidad de generación eléctrica y de guerra electrónica basadas en su propio motor compacto KJ300, y contempla la colaboración no solo con el nuevo caza, sino también con otras aeronaves tripuladas como el avión de patrulla P-1.

SUBARU también participa en la investigación de tecnologías de CCA: en el Simposio Tecnológico de ATLA de noviembre de 2025 exhibió un dron demostrador de su fabricación. En las pruebas de vuelo realizadas en la localidad de Taiki (Hokkaido) logró simular con éxito el vuelo en formación de cinco aparatos.

ATLA ha anunciado que efectuará el primer vuelo de un demostrador no tripulado con IA en noviembre de 2025. Además, en diciembre de 2025 sacó a concurso un "estudio sobre los riesgos y desafíos de introducir drones que cooperen con el nuevo caza", con lo que empieza a abordar una cuestión operativa de fondo: hasta dónde permitir la autonomía de la IA.

En el presupuesto de defensa del año fiscal 2026 se consignan 4.800 millones de yenes (unos 32 millones de dólares) para el diseño conceptual de los drones vinculados al nuevo caza. Y para el conjunto de los activos no tripulados se destinan 100.100 millones de yenes (unos 670 millones de dólares), con el objetivo de establecer, a lo largo del año fiscal 2027, un "sistema de defensa costera multicapa basado en activos no tripulados".

Los desafíos estructurales que afronta Japón

Sin embargo, comparada con sus competidores de Estados Unidos, China o Europa, la industria de defensa japonesa arrastra varios desafíos estructurales.

Primero, la abismal diferencia de presupuesto. Mientras Estados Unidos prevé invertir 8.900 millones de dólares (unos 1,3 billones de yenes) solo en los programas de CCA entre los años fiscales 2025 y 2029, el presupuesto japonés relacionado con los drones vinculados se queda en 4.800 millones de yenes. Los ingresos anuales de unos 1 billón de yenes de la división de aeronáutica, defensa y espacio de MHI no llegan ni a una décima parte de los cerca de 11,2 billones de yenes que factura solo Lockheed Martin.

Segundo, la falta de experiencia real de combate y de datos. El rendimiento de la IA depende de la calidad y la cantidad de los datos de entrenamiento, pero Japón, al carecer de experiencia de combate, depende de las simulaciones. Estados Unidos va por delante en vuelos reales con IA: con el X-62A (un F-16 modificado pilotado por IA) ha realizado combates aéreos simulados contra pilotos humanos.

Tercero, la fragilidad de la base de la industria de defensa. Durante años, las empresas japonesas del sector han dependido únicamente de la demanda interna. La situación se ha ido flexibilizando por etapas, con los tres principios sobre transferencia de equipos de defensa de 2014 y la autorización de exportaciones a terceros países en 2024, pero los resultados en el mercado exterior siguen siendo limitados. A ello se suma una estructura con pocos actores y en la que resulta difícil que las empresas privadas entren en el ámbito de la defensa.

Cuarto, el debate ético y legal sobre la autonomía de la IA, ineludible. ¿Hasta qué punto se deja en manos del juicio autónomo de la IA la ejecución de un ataque por parte de un dron? El estudio de "riesgos y desafíos" que ATLA sacó a concurso busca precisamente respuestas a esa cuestión. La pregunta de "hasta dónde debe intervenir el ser humano" es, más allá de lo técnico, un reto político y filosófico.

Las fortalezas de Japón y su perspectiva

Con todo, Japón cuenta también con fortalezas propias. La cooperación internacional con el Reino Unido e Italia a través del GCAP aporta ventajas tanto en transferencia de tecnología como en reparto de los costes de desarrollo. El esquema de desarrollo competitivo entre MHI y KHI genera diversidad de conceptos. Y el aprovechamiento de tecnologías de doble uso (civil y militar) resulta prometedor: reconvertir para la defensa tecnologías civiles como la IA, los sensores o los semiconductores puede atraer a empresas emergentes y de otros sectores.

En el presupuesto del año fiscal 2026 se avanza también, en paralelo, en la evaluación e incorporación de drones extranjeros, como el Bayraktar TB2S de Turquía o el Heron de Israel. Es un enfoque realista que, sin obsesionarse con el "desarrollo nacional", acelera el propio incorporando tecnología extranjera ya madura.

El desarrollo de cazas no tripulados ya no es "cosa del futuro". Estados Unidos y China han entrado en la fase de pruebas de vuelo de sus prototipos y apuntan a un despliegue operativo hacia finales de la década de 2020. Que Japón logre hacerse notar en esta carrera dependerá, además de asegurar presupuesto, de la inversión en tecnología de IA, del refuerzo de su base industrial y de la profundización de la cooperación internacional.

En Japón, frente a quienes esperan que los cazas no tripulados refuercen la seguridad, persiste también una honda inquietud ética: ¿se puede dejar en manos de una IA la decisión de matar a una persona? ¿Qué debates hay en tu país sobre el desarrollo de cazas no tripulados y el uso militar de la IA?

Referencias