🛩️ En un rincón de una fábrica de cazas en Lancashire, Inglaterra, descansa un fuselaje que los ingenieros apodan "el puro". Son tres cuartas partes de un avión que marcará el rumbo del caza que defenderá los cielos de Japón a partir de 2035: el demostrador del GCAP, el caza de sexta generación que Japón, el Reino Unido e Italia construyen juntos. A mediados de junio, BAE Systems permitió que un grupo de periodistas lo viera por primera vez. Y lo primero que les sorprendió no fue el diseño furtivo, sino el enorme tamaño del aparato.

El avión al que llaman "el puro"

La presentación se hizo sin estridencias. BAE Systems invitó a un pequeño grupo de periodistas especializados en aviación y defensa —de medios como Aviation Week, FlightGlobal y la Royal Aeronautical Society— a su planta de Samlesbury, en el noroeste de Inglaterra, donde el Demostrador Aéreo de Combate Futuro (FCAD, por sus siglas en inglés) toma forma en una esquina de la misma instalación que fabrica secciones del Eurofighter Typhoon.

Lo que vieron fue el fuselaje delantero, central y trasero de un avión fabricado ya en un 75% de su volumen, con las grandes secciones estructurales en producción desde hace 12 a 18 meses. BAE apunta a una presentación oficial ("rollout") antes de finales de 2027, y después vendrán las pruebas de vuelo.

A finales de este año, según BAE, ese fuselaje —"el puro"— viajará por carretera hasta la planta de Warton para el ensamblaje final, donde se unirá a las alas y a los dos estabilizadores verticales. Ya se han fabricado tres juegos de alas y tres de colas: dos de cada uno irán al avión y el tercero se destinará a ensayos estructurales. Los revestimientos de material compuesto, según BAE, figuran entre las mayores estructuras de fibra de carbono que la industria aeroespacial británica haya producido jamás.

Tony Godbold, director de entrega del programa británico de combate aéreo futuro, describe el aparato como "un programa crítico de reducción de riesgos para el GCAP": un banco de pruebas volante que genera datos reales que alimentan directamente el diseño del caza definitivo.

Un tercio más largo que un Typhoon

Recreación en vuelo del demostrador de combate aéreo del GCAP que construye BAE Systems

Fuente: Royal Aeronautical Society (@AeroSociety)

Las dimensiones exactas siguen siendo secreto oficial. Pero a partir de lo que se mostró, Aviation Week estima que el demostrador es al menos un tercio más largo que el Eurofighter Typhoon, lo que lo convierte en el avión más grande ensamblado en el Reino Unido desde el patrullero Nimrod MRA4.

Basta hacer la cuenta para dimensionarlo. Un Typhoon mide unos 16 metros de largo; un tercio más sitúa al demostrador por encima de los 20 metros. Es más grande que un F-22 (18,9 m), supera con mucho a un F-35A (unos 15,7 m) y queda en la misma categoría que el Su-57 ruso (20,1 m). Su envergadura superará los 10,9 metros del Typhoon, sobre una planta alar que BAE describe como "delta recortada". Y aquí viene lo importante: se espera que el caza GCAP de serie sea todavía más grande.

¿Por qué construir un caza de este tamaño? El propio fuselaje responde a la pregunta. Justo delante del tren de aterrizaje principal hay dos profundas bodegas internas de armamento, con capacidad —según lo publicado por Aviation Week— para aproximadamente el doble de la carga interna de un F-35, y con espacio para misiles de mayor diámetro. Si a eso se suma el combustible interno que puede albergar un fuselaje tan largo, las prioridades del diseño se leen con facilidad: volar más lejos y cargar más, sin recurrir a armamento externo que arruinaría el perfil furtivo. Para Japón, cuyos cazas cubren enormes extensiones del Pacífico donde los aviones cisterna podrían no sobrevivir a un conflicto real, esas dos cualidades encabezan la lista de requisitos.

La ingeniería furtiva se nota también en los detalles. Las tomas de aire serpenteantes —conductos curvados que ocultan al radar los álabes del motor— recorren buena parte de la longitud del avión, algo que BAE señala como uno de los retos de integración más difíciles de la construcción. Los dos estabilizadores verticales podrían acercarse al tamaño de los del Panavia Tornado, un avión que las tripulaciones británicas apodaban "The Fin" por su enorme cola.

Un demostrador, no el caza definitivo

Conviene subrayar una distinción: el FCAD no es un prototipo del GCAP. Es un proyecto nacional británico pensado para reconstruir capacidades que el país no ejercita desde hace cuatro décadas. El Reino Unido no vuela un avión de combate de diseño propio desde el demostrador EAP, que despegó por primera vez el 8 de agosto de 1986, superó la barrera del sonido ese mismo día y abrió el camino al Typhoon. El FCAD debe hacer por el GCAP exactamente lo que el EAP hizo por el Typhoon, casi 40 años después.

Por eso volará con dos motores EJ200 tomados del Typhoon, con toberas modificadas, en lugar del nuevo propulsor que desarrollan conjuntamente la japonesa IHI, Rolls-Royce y la italiana Avio Aero. La cabina emplea una palanca lateral y una gran pantalla panorámica. Los pilotos de pruebas acumulan ya más de 300 horas en el simulador, y buena parte del software de control de vuelo se genera con herramientas de codificación automática. BAE tramita además, por primera vez en su historia, una certificación militar de aeronavegabilidad desde cero. Entre los ensayos previstos figuran validar en vuelo las técnicas furtivas y lanzar un misil desde la bodega interna. Godbold afirma que este esfuerzo ya ha ahorrado años de riesgo de desarrollo al programa principal.

Japón, por cierto, conoce bien este manual. Mitsubishi Heavy Industries hizo volar en 2016 el demostrador X-2 Shinshin, que puso a prueba el diseño furtivo y los materiales compuestos que hoy nutren la aportación japonesa al GCAP. El caza definitivo lo diseña Edgewing, la empresa conjunta de BAE Systems, Leonardo y la japonesa JAIEC, con un calendario que dicta Tokio: la flota de F-2 se retira hacia 2035, así que el nuevo avión debe estar operativo para entonces, aproximadamente la mitad del tiempo que llevó poner en servicio el Typhoon.

Los rivales: Estados Unidos acelera, Europa se desmorona

¿Cómo queda esto frente a los demás programas de sexta generación? El contraste no podría ser más nítido.

Estados Unidos es el que más lejos ha llegado, y también el más hermético. Boeing ganó el contrato del F-47 en marzo de 2025 y la primera célula ya se fabrica en San Luis, con el objetivo de un primer vuelo en 2028. La Fuerza Aérea planea comprar al menos 185 aviones con un radio de combate superior a las 1.000 millas náuticas y velocidades por encima de Mach 2. Los aviones experimentales clasificados que apoyaron el programa volarían desde 2019, aunque jamás se ha publicado una fotografía real del F-47.

El FCAS europeo recorrió el camino contrario. A comienzos de junio de 2026, el canciller alemán Friedrich Merz confirmó la muerte del caza conjunto NGF, corazón del programa franco-germano-español; el ministro de Defensa Boris Pistorius dijo al día siguiente que el desenlace no sorprendió a nadie. Nueve años después de su lanzamiento, un proyecto con ambiciones del orden de los 100.000 millones de euros se cerró sin haber construido un solo prototipo, hundido por la pugna de liderazgo entre Dassault y Airbus y por requisitos que nunca encajaron: Francia necesitaba un avión embarcable y con capacidad nuclear; Alemania, un caza de superioridad aérea. Sobreviven la nube de combate y los drones, mientras la prensa especializada informa de que la industria alemana explora alternativas, incluido un consorcio liderado por Airbus con la sueca Saab; en Berlín incluso se ha planteado sumarse al GCAP.

Todo ello deja al GCAP en una posición singular: de los tres programas occidentales, es el único cuya célula pueden rodear y fotografiar los periodistas. No va tan adelantado como el F-47, pero tiene material real, una estructura trinacional que funciona y un plazo de entrega fijado por la retirada de los F-2 japoneses. Es, además, el primer caza que Japón desarrolla en cooperación sin Estados Unidos.

Próxima parada: el rollout de 2027

Los hitos que vienen son concretos: el fuselaje viajará a Warton para el ensamblaje final, el rollout llegará antes de finales de 2027 y después un primer vuelo devolverá al Reino Unido a la cabina de sus propios diseños, con lecciones que fluirán directamente hacia el avión que pilotarán los japoneses desde 2035.

Japón pasó décadas comprando cazas estadounidenses o fabricándolos bajo licencia, y su único intento de reactor de diseño propio, el F-2, terminó como un desarrollo conjunto con EE. UU. bajo una fuerte presión estadounidense. El GCAP es la apuesta del país por que tres potencias medianas puedan construir juntas lo que ninguna lograría por separado. ¿Cómo resuelve tu país ese mismo dilema: desarrollar sus propias armas, aliarse con socios o comprar directamente en el mercado?

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