🛩️ Japón hizo su mayor apuesta en defensa en una generación con un caza furtivo que desarrolla junto al Reino Unido e Italia. Ahora el gobierno británico se desmorona, el socio principal todavía no confirma el dinero y el contrato que mantiene vivo el proyecto vence en cuestión de días. De los tres socios, el que no duerme es Tokio.
El avión al que Japón ató su nombre
El Programa Global de Combate Aéreo, conocido por sus siglas en inglés GCAP, es el plan de Japón, el Reino Unido e Italia para construir un caza furtivo de sexta generación y ponerlo en servicio en 2035. Debe reemplazar al Mitsubishi F-2 japonés y a los Eurofighter Typhoon que operan británicos e italianos. El trabajo pasa por una empresa conjunta llamada Edgewing, participada por la británica BAE Systems, la italiana Leonardo y una sociedad japonesa respaldada por Mitsubishi Heavy Industries. El organismo gubernamental que coordina todo, GIGO, tiene su sede en Reading, Inglaterra, y lo dirige un funcionario japonés, Masami Oka.
Para Londres y Roma, el GCAP es un programa de defensa entre muchos. Para Japón es otra cosa. Los analistas lo describen como su primer gran proyecto internacional de defensa que no pasa por Estados Unidos, un giro notable para un país que lleva décadas comprando cazas estadounidenses. Eso lo convierte tanto en una declaración política como en una decisión de compra. La primera ministra Sanae Takaichi ha puesto en juego su prestigio: según una cifra publicada por la prensa británica, Japón ya ha comprometido unos 500.000 millones de yenes, alrededor de 2.300 millones de libras o unos 3.100 millones de dólares.
El derrumbe británico, a cámara lenta
El problema es que el socio principal atraviesa una crisis política profunda.
El primer ministro Keir Starmer anunció su dimisión el 22 de junio de 2026, tras una racha demoledora: una derrota aplastante en las elecciones locales de mayo, un partido fracturado y una elección parcial que entregó a su rival interno más peligroso, el alcalde del Gran Mánchester Andy Burnham, un escaño en el Parlamento y un camino hacia el liderazgo. Burnham es ahora el favorito para sucederlo, lo que lo convertiría en el sexto primer ministro británico en siete años.
Bajo la política late una pelea por el dinero. La propia revisión de defensa británica reclama unos 28.000 millones de libras (cerca de 37.000 millones de dólares) más en cuatro años de los que el Tesoro dice poder encontrar. La disputa sobre cómo cerrar esa brecha se volvió personal y, el 11 de junio, se llevó por delante al secretario de Defensa, John Healey, junto al ministro de las Fuerzas Armadas, ambos dimitidos por el bloqueado plan de inversión en defensa. También se ha informado de que el Tesoro quiere asumir directamente la financiación del GCAP, quitándole el control al Ministerio de Defensa para evitar sobrecostes. Del acuerdo que ahora se negocia, solo una parte, cifrada por la prensa en hasta 6.000 millones de libras (unos 8.000 millones de dólares), está destinada al GCAP.
Por qué el nervioso es Japón
Que un gran programa de armamento se pase de presupuesto no es raro. Lo que aquí aprieta es el calendario.
Japón quiere el avión volando en 2035, y ese objetivo no deja margen. Lo actual es un parche: en abril, Edgewing ganó un contrato de 686 millones de libras (917 millones de dólares) para sostener el diseño solo hasta el 30 de junio. Después, sin un contrato plurianual completo, el trabajo se queda sin financiación que lo sostenga. El Reino Unido asegura que el contrato internacional se firmará antes de fin de mes, una promesa hecha hacia el 14 de junio, cuando Takaichi se reunió con Starmer en Londres durante una gira europea y ambos se comprometieron a acelerar el programa. Si un gobierno en plena elección de líder puede cumplir esa firma a tiempo es la gran incógnita.
Las dudas no son solo paranoia japonesa. Ben Wallace, exsecretario de Defensa británico, afirmó a comienzos de junio que el gobierno quiere salirse en silencio y espera estirar el programa con trabajo vago y gradual hasta que Japón, que no puede aceptar un retraso largo, se retire por su cuenta y así Londres evite la culpa. El Ministerio de Defensa británico ha reafirmado públicamente su compromiso, pero la diferencia de tono es difícil de ignorar. Como dijo un comentarista británico, el GCAP es mucho más urgente para Takaichi, que necesita aparentar que lidera un Japón fuerte y bien acompañado, que para un gobierno de Starmer que pelea por sobrevivir el verano. Según informes desde Tokio, altos cargos han cuestionado en privado cuán en serio se lo toma el Reino Unido.
Mientras tanto, se forma una cola en la puerta
Aquí está lo curioso: mientras el núcleo se tambalea, la lista de espera crece.
Canadá es el caso más concreto. Ha pedido formalmente entrar como observador, con una solicitud enviada a Londres y cartas pendientes para Tokio y Roma, presentándolo como una forma de diversificar frente a las compras de defensa estadounidenses. El 24 de junio, el ministro de Defensa canadiense, David McGuinty, se reunió con su homólogo japonés, Shinjiro Koizumi, y dijo después que Canadá quería saber más y dejaba la decisión a los tres socios. Alemania, tras abandonar su rival caza franco-alemán FCAS, sopesa ahora el GCAP, y el máximo responsable de Leonardo ha dado la bienvenida a Berlín, aunque Londres apenas se ha pronunciado. Arabia Saudí lleva años queriendo entrar a través del Reino Unido, con un Japón tradicionalmente cauto. También han sonado Polonia, Suecia y la India.
Para gestionar ese interés sin frenar al núcleo de tres, Japón impulsa un nuevo marco de observadores: los países que quieran comprar el avión, no codesarrollarlo, accederían a datos de rendimiento y avance bajo confidencialidad, con posible cooperación en fabricación de piezas más adelante. Los ministros de Defensa de los tres países tienen previsto reunirse en julio, donde podría anunciarse el estatus de observador de Canadá. La ironía es nítida. El programa recluta nuevos miembros justo cuando su socio fundador no puede garantizar que pagará su parte.
La verdadera pregunta
Si se le quita la jerga, el GCAP es una apuesta por un socio. Japón miró un vecindario peligroso, decidió que no podía depender para siempre de Estados Unidos y puso su dinero y su prestigio detrás del Reino Unido e Italia. Esa apuesta está hoy secuestrada por una carrera por el liderazgo británico y por una hoja de cálculo del Tesoro, cosas que nadie en Tokio puede votar. El contrato debería firmarse en cuestión de días; para cuando leas esto, quizá ya sepamos si fue así.
Japón apostó fuerte por un aliado que no puede controlar. ¿Tu país alguna vez puso su seguridad en manos de un socio cuya política no podía dar por segura?
参照
- https://news.yahoo.co.jp/articles/b31e61615a3448bdbb39ac9b5a6eb9c668279780
- https://www.nikkei.com/article/DGXZQOCB2487X0U6A620C2000000/
- https://breakingdefense.com/2026/06/uk-eyes-sixth-generation-gcap-fighter-contract-signing-in-weeks/
- https://aviationweek.com/defense/uk-signals-gcap-international-contract-due-soon
- https://spectator.com/article/how-serious-is-starmer-about-building-a-fighter-jet-with-japan/
- https://en.wikipedia.org/wiki/2026_Labour_Party_leadership_crisis
- https://defence-industry.eu/britain-and-japan-agree-to-speed-up-gcap-fighter-programme-as-part-of-wider-technology-and-security-partnership/
Discusión global
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