🌠 Una hoja forjada con una estrella caída suena a botín de videojuego. En Japón se forjaron cinco, en 1898. Las encargó un vasallo del shogunato reconvertido en ministro del gobierno Meiji que tomó la idea de un zar ruso, y la roca de la que salieron terminó siendo útil para los científicos que descifraban la daga de un faraón de hace 3.300 años.
La piedra de encurtidos que vino del espacio
En la madrugada del 13 de agosto de 2026, mientras las Perseidas cruzaban el cielo de Hokkaido, un equipo de Toyama Television aprovechó la ocasión para perseguir algo más extraño que una lluvia de meteoros: una espada japonesa hecha con uno de ellos. El reportaje se emitió en toda la cadena FNN.
Hacia 1890, en el curso alto del río Kamiichi, en lo que entonces era la aldea de Shirahagi (hoy el municipio de Kamiichi, prefectura de Toyama), alguien recogió un bloque de hierro. Las versiones discrepan sobre quién fue: un minero según unas, un campesino según otras. Pesaba demasiado para su tamaño, así que se envió a la Casa de la Moneda de Osaka, que concluyó que era un trozo de hierro sin más. Durante los años siguientes, según cuentan en la zona, sirvió de peso sobre un barril de encurtidos.
En 1895, el Servicio Geológico del Ministerio de Agricultura y Comercio volvió a examinarlo y encontró la prueba decisiva: un patrón de Widmanstätten, el entramado cristalino que solo se forma en metal que se enfría durante millones de años dentro de un asteroide. Aquel bloque de 22,7 kilos con forma de U era un meteorito de hierro. Lo bautizaron Shirahagi, por el nombre de la aldea.
La espada que vio en Rusia
Enomoto Takeaki (1836-1908) se enteró del hallazgo y lo compró con su propio dinero en marzo de ese mismo año.
Para entonces Enomoto ya había vivido varias vidas. Ingresó en 1856 en la escuela naval del shogunato en Nagasaki y en 1862 viajó a estudiar a los Países Bajos, de donde volvió con formación en técnica naval occidental, derecho internacional y cuatro idiomas europeos. Cuando se entregó el castillo de Edo en 1868 se negó a que las fuerzas imperiales se quedaran con los buques del shogunato, puso rumbo al norte y resistió en la fortaleza de Goryokaku, en Hakodate, hasta rendirse. Después hizo algo que casi nadie del bando perdedor consiguió: bajo el amparo de Kuroda Kiyotaka se dedicó al desarrollo de Hokkaido y acabó ocupando las carteras de Comunicaciones, Educación, Exteriores y Agricultura y Comercio en el gobierno que lo había vencido.
Desde 1874 fue ministro plenipotenciario de Japón en Rusia, donde negoció el tratado de intercambio de Sajalín y las Kuriles de 1875, por el que Japón renunció a Sajalín y obtuvo las Kuriles. Según el santuario Ryugu, que hoy custodia una de sus espadas, fue durante ese destino, en el palacio de Tsárskoye Seló, a las afueras de la capital, cuando Enomoto vio por primera vez una hoja de hierro estelar perteneciente a Alejandro I.
En 1814, mientras Europa celebraba la derrota de Napoleón, el naturalista inglés James Sowerby mandó forjar una espada con su fragmento del meteorito Cabo de Buena Esperanza y trató de entregársela al zar durante su visita a Londres. El protocolo diplomático se lo impidió: Alejandro se marchó de la ciudad sin llegar a saber que existía, y Sowerby tuvo que enviársela después en valija diplomática. La espada desapareció durante más de un siglo, y una búsqueda en 1937 no dio con ella, hasta que el geólogo Paul Henderson la localizó en el Hermitage en 2013. Su hoja supera los 600 milímetros y sigue en buen estado, algo que se explica por el contenido de níquel.
Enomoto quería una igual. En 1898, tres años después de comprar el Shirahagi, el forjador Okayoshi Kunimune entregó cinco hojas, dos largas y tres cortas, hechas con unos cuatro kilos del meteorito. Enomoto las llamó ryuseito: espadas de meteoro.
Cómo es de verdad una hoja hecha de estrella
Forjarlas fue un suplicio. El hierro meteorítico no es mejor acero para espadas que el de origen terrestre, solo más raro, y la investigación posterior explicó por qué: las inclusiones de azufre y fósforo lo hacen agrietarse bajo el martillo. El relato del santuario Ryugu sostiene que Kunimune rezó en un santuario y guardó tres semanas de abstinencia ritual antes de dar con un método viable. Acabó mezclando el meteorito con tamahagane, el acero tradicional de la espadería japonesa, y plegando el metal muchas más veces de lo habitual: dieciséis en una hoja y veinticuatro en otra.
Después Enomoto lo puso todo por escrito. Su artículo, "Ryuseito Kiji", apareció en 1902 en la revista Journal of Geography, editada por la Sociedad Geográfica de Tokio, una institución que él mismo había ayudado a fundar. Los investigadores actuales lo consideran uno de los primeros trabajos científicos sobre un meteorito de hierro escritos en Japón. En él, Enomoto anota que las hojas presentaban en la superficie unas manchas parecidas a los anillos de la madera de zelkova, y que ese era el rasgo distintivo del hierro estelar. La hoja en la que ese dibujo salió más grande, más nítido y sin defectos fue la que regaló al príncipe heredero, el futuro emperador Taisho.
Un equipo dirigido por Mutsumi Komatsu examinó la espada corta que conserva el Museo de Ciencias de la Ciudad de Toyama y presentó sus resultados en la reunión de 2019 de la Sociedad Meteorítica. Mide unos 30 centímetros en total, con una hoja de 21 centímetros. En la espiga hay dos caracteres incrustados en oro, 星鉄, que significan "hierro estelar", y en el reverso la fecha: marzo de 1898. La superficie, comprobaron, es homogénea, sin las grietas que suelen producir las impurezas de este material.
Cuando un capricho de la era Meiji se volvió patrón de laboratorio
En febrero de 2020, un equipo del Instituto de Tecnología de Chiba dirigido por Takafumi Matsui entró en el Museo Egipcio de El Cairo con un equipo portátil de fluorescencia de rayos X y cartografió, sin tocar ni dañar la pieza, los elementos de la daga de hierro hallada en el sarcófago de Tutankamón.
Que la hoja procedía de un meteorito ya lo había demostrado un estudio liderado por investigadores italianos en 2016. Lo que el equipo de Matsui quería averiguar era cómo se había fabricado. Encontraron entre un 10 % y un 12 % de níquel, inclusiones de sulfuro de hierro y una distribución del níquel en bandas de simetría cúbica, que es el aspecto que tiene un patrón de Widmanstätten cuando se cartografía en lugar de revelarlo con ácido, y que apunta a una octaedrita. Un calentamiento intenso habría borrado ese patrón, así que su supervivencia implica que la daga se trabajó en frío. El trabajo se publicó en febrero de 2022 en la revista Meteoritics and Planetary Science.
Para estar seguros de lo que veían necesitaban un meteorito conocido, medido con el mismo aparato y del mismo modo. Así que viajaron al Museo de Ciencias de la Ciudad de Toyama y analizaron el fragmento de Shirahagi que allí se conserva, un segundo trozo recogido dos años después del primero y que más tarde se demostró que procedía de la misma caída. La roca que Enomoto persiguió por romanticismo servía, ciento veinticinco años después, como patrón de calibración para la egiptología.
El calcio detectado en la empuñadura de oro indica el uso de yeso, que en Egipto no se empleó hasta más de mil años después de Tutankamón, así que la daga probablemente llegó de fuera. Las cartas de Amarna registran el envío de una daga de hierro al abuelo del joven rey desde Mitanni, en lo que hoy es el norte de Siria y el sureste de Turquía. Esa conclusión está discutida. Un comentario publicado al año siguiente en la misma revista sostiene que el calcio es probablemente un artefacto de la medición, que un bandeado de un milímetro no puede resolverse con un barrido que avanza casi un milímetro por paso y que, en cualquier caso, la empuñadura y la hoja no tienen por qué compartir origen.
Matsui dirigía además el Museo Aeroespacial de Gifu-Kakamigahara, donde encargó a forjadores de la ciudad de Seki tres hojas de hierro meteorítico para comprobar cómo pudo trabajar ese material el mundo antiguo. Murió en marzo de 2023.
Dónde están ahora las cinco espadas
La espada larga entregada en 1898 pasó a la casa imperial. La segunda hoja larga está en la Universidad de Agricultura de Tokio, heredera de una escuela agrícola que Enomoto fundó en 1891. Una de las espadas cortas pertenece al Museo de Ciencias de la Ciudad de Toyama. Otra la ofrendó en 2017 su bisnieto Enomoto Takamitsu al santuario Ryugu de Otaru, en Hokkaido, que el propio Enomoto levantó en 1876. Esa hoja, de unos 19 centímetros, solo se muestra en ocasiones especiales; la primera exhibición pública llegó en junio de 2020, cuando el sacerdote principal decidió sacar la "espada espiritual" con la esperanza de que ayudara a acabar con la pandemia.
Con la quinta el relato se vuelve borroso. En el Museo Nacional de Naturaleza y Ciencia explican que una se perdió en un incendio durante la guerra. La propia web del Museo de Ciencias de la Ciudad de Toyama afirma que una espada corta la conserva la familia con la que se casó una sobrina de Enomoto. Las dos versiones siguen vigentes y las dos proceden de instituciones bien situadas para saberlo.
Lo que queda del trozo del que salieron las espadas está en Tokio. El hijo de Enomoto, Takenori, lo donó al Museo Nacional de Naturaleza y Ciencia en 1909, y allí se expone: una masa en forma de U con una cara cortada plana y lisa, que es la herida por donde salieron cinco espadas. En Kamiichi, una estela levantada en 1981 en el santuario Sengoku recuerda dónde cayó.
Y la espada corta de Toyama, que normalmente no está a la vista del público, ocupará el vestíbulo de la planta baja del museo del 19 de septiembre al 18 de octubre de 2026. La entrada cuesta 530 yenes, poco más de tres dólares, para adultos y es gratuita hasta el bachillerato.
El metal caído del cielo aparece en muchos sitios en cuanto uno empieza a buscarlo, y la daga de Tutankamón no es más que el caso célebre. Lo que distingue a las ryuseito japonesas es que no tienen nada de antiguas: un político de la era Meiji compró una piedra, mandó convertirla en espadas, escribió un artículo al respecto y con ello dejó a la ciencia moderna algo con lo que comparar. ¿Hay en su país algún objeto llegado de fuera del planeta? ¿Y qué decidió hacer la gente con él?
Referencias
- https://www.fnn.jp/articles/-/1090405
- https://www.tsm.toyama.toyama.jp/?tid=101911
- https://www.tsm.toyama.toyama.jp/?tid=104320
- https://doi.org/10.5026/jgeography.14.33
- https://www.hou.usra.edu/meetings/metsoc2019/pdf/6216.pdf
- https://www.perc.it-chiba.ac.jp/news/2022/02/14/1636/
- https://onlinelibrary.wiley.com/doi/10.1111/maps.13787
- https://ryugujinja.jp/treasure/
- https://royalsocietypublishing.org/doi/10.1098/rsnr.2013.0044
- https://www.sorahaku.net/exhibition/permanent/other/tetsuinsekitou/
- https://www.nodai.ac.jp/about/guide/enomoto1891/
- https://www.ndl.go.jp/portrait/e/datas/28
- https://www.hokkaido-np.co.jp/movies/detail/6166243023001/
- https://ryugujinja.jp/history/
- https://onlinelibrary.wiley.com/doi/10.1111/maps.13942
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