¿Y si pudieras poner un satélite en órbita sin una enorme plataforma de lanzamiento? La startup japonesa AstroX se ha propuesto exactamente ese reto: elevar un cohete con un globo gigante hasta la estratosfera (a unos 25 km de altitud) y lanzarlo desde allí hacia el espacio. La empresa ha cerrado una ronda de Serie A por un total de 2.320 millones de yenes (unos 15 millones de dólares) y aspira a alcanzar el espacio dentro de 2026. Veamos cómo este enfoque poco convencional podría transformar el transporte espacial y por qué Japón necesita esta tecnología ahora.

¿Qué es el método "Rockoon"?

"Rockoon" es un término que combina "rocket" (cohete) y "balloon" (globo). El principio es sencillo: un gran globo de gran altitud eleva un cohete hasta la estratosfera (unos 20-25 km sobre la Tierra) y allí el cohete se enciende y se lanza hacia el espacio.

La idea en sí es antigua: en los años cincuenta, el físico estadounidense James Van Allen ya usó "rockoons" para investigar la alta atmósfera. Pero en ningún lugar del mundo se ha usado este método para poner un satélite en órbita. AstroX quiere ser la primera en lograr una inserción orbital por el método Rockoon.

¿Por qué molestarse en elevar el cohete con un globo? Hay cuatro ventajas principales.

Gran reducción de la resistencia del aire. A 25 km de altitud, la presión atmosférica es apenas una décima parte de la del nivel del mar. Al lanzar el cohete desde allí, encuentra mucha menos resistencia, con lo que necesita menos combustible y el propio cohete puede ser más pequeño y barato.

Sin grandes instalaciones de lanzamiento. Los cohetes convencionales requieren enormes plataformas, depósitos de combustible y canales de escape. Con el método Rockoon se puede lanzar desde un barco en el mar, lo que evita inversiones colosales en infraestructura.

Independencia del clima. La estratosfera tiene un clima estable, así que la lluvia o el viento en tierra no le afectan, lo que reduce mucho el riesgo de aplazamientos.

Libertad para elegir el punto de lanzamiento. El globo puede soltarse desde cualquier lugar; lanzando desde el mar es posible insertar el satélite directamente en la órbita deseada, incluso en órbitas inaccesibles para el "viaje compartido" de los grandes cohetes.

AstroX: rumbo al espacio desde Fukushima

AstroX se fundó en mayo de 2022 en la ciudad de Minamisoma, prefectura de Fukushima, una zona gravemente afectada por el gran terremoto del este de Japón y el accidente nuclear de 2011. La elección no fue casual: forma parte de la "Iniciativa Costa de Innovación de Fukushima", impulsada por el Gobierno para regenerar la región con tecnología de vanguardia.

Su director ejecutivo, Shotake Oda, es un emprendedor en serie que fundó y vendió varias empresas de TI antes de lanzarse al negocio espacial, un sueño que tenía desde niño. Su visión, en palabras de la compañía, es "recuperar el 'Japan as No.1' en el desarrollo espacial".

Es una visión audaz, pero el equipo técnico que la respalda es sólido. El director de tecnología es el profesor Yutaka Wada, del Laboratorio de Ingeniería de Transporte Espacial del Instituto de Tecnología de Chiba, con un historial de lanzamientos de cohetes universitarios, incluidos disparos desde el mar. Además, se ha incorporado como directivo Takashi Maemura, que fue el primer responsable de lanzamiento del H-IIA, el principal cohete japonés. En el núcleo del equipo están algunos de los grandes referentes del desarrollo de cohetes en Japón.

La trayectoria de financiación: de la semilla a 2.320 millones de yenes

La captación de fondos de AstroX se ha acelerado con rapidez.

En diciembre de 2022 levantó una ronda semilla de 50 millones de yenes (unos 330.000 dólares). En septiembre de 2024, una pre-Serie A de 400 millones de yenes (unos 2,6 millones de dólares). Y en el primer cierre de la Serie A, en noviembre de 2025, reunió 1.800 millones de yenes en total: 1.360 millones en capital de firmas como alpha, Daiwa Corporate Investment, Animal Spirits, DeepCore o Shizuoka Capital, más 440 millones en deuda de Abukuma Shinkin Bank, Mizuho Bank y Sumitomo Mitsui Banking Corporation.

En febrero de 2026, con el segundo cierre de la Serie A, recibió aportaciones adicionales de One Capital, Inclusion Japan e inversores ángeles, hasta elevar el total de la Serie A a 2.320 millones de yenes (unos 15 millones de dólares).

Haber reunido tanto capital en menos de cuatro años desde su fundación refleja la confianza de los inversores en el concepto Rockoon y en la capacidad de ejecución de AstroX.

Hitos técnicos: hacia el espacio, paso a paso

AstroX ha ido acumulando pruebas técnicas de forma constante.

Diciembre de 2022: logró en la prefectura de Yamaguchi un lanzamiento aéreo de un cohete de modelo desde un globo, demostrando lo básico del control de actitud en el disparo en el aire.

Agosto de 2024: lanzó con éxito el microcohete híbrido "Kogitsune", desarrollado junto a estudiantes del Instituto de Tecnología de Chiba, que alcanzó 300 metros de altura y permitió afinar las técnicas de recuperación en el mar.

Noviembre de 2024: lanzó con éxito el "FOX-1 (cohete C1-2)", de unos 6,3 m de largo y 33 cm de diámetro, con motor de cohete híbrido, que alcanzó 7 km de altitud. Fue un hito importante: una demostración a la escala que se usará en los lanzamientos suborbitales.

Diciembre de 2025: completó con éxito su primera prueba de lanzador (rampa de lanzamiento), verificando el rendimiento de su diseño propio y logrando también separar un cohete de prueba.

El siguiente gran hito, previsto para dentro de 2026, es un vuelo suborbital por el método Rockoon: elevar el cohete con un globo hasta la estratosfera, lanzarlo desde allí y alcanzar los 100 km de altitud (la "línea de Kármán", la frontera internacional del espacio).

Por qué Japón necesita esta tecnología

Aunque sorprenda, Japón, una potencia espacial, lanza cerca del 99% de sus pequeños satélites nacionales en cohetes extranjeros. Los fabricantes japoneses de satélites no tienen más remedio que esperar a "compartir viaje" en cohetes como el Falcon 9 de SpaceX, con opciones limitadas de calendario y de órbita.

Se prevé que la industria espacial mundial alcance unos 1,8 billones de dólares (unos 280 billones de yenes) para 2035, y el mercado de pequeños satélites es uno de sus segmentos de más rápido crecimiento. El mercado japonés de pequeños satélites rondaba los 329 millones de dólares (unos 51.000 millones de yenes) en 2024 y se espera que se duplique para 2033.

Pero si un país no puede lanzar sus propios satélites con sus propios cohetes, seguirá dependiendo del exterior para una infraestructura espacial estratégica. El CEO de AstroX, Oda, advierte: "Si seguimos así, nos quitarán la infraestructura, igual que ocurrió con las TI". El sistema Rockoon de AstroX aborda este reto de frente al ofrecer lanzamientos de bajo costo, alta frecuencia y flexibles. La empresa se marca como objetivo un costo por lanzamiento inferior a 500 millones de yenes (unos 3,3 millones de dólares).

La competencia global en Rockoon

AstroX también tiene competidores en el mundo.

La canadiense SpaceRyde desarrolla un sistema de lanzamiento de pequeños satélites desde globos. La española Zero 2 Infinity ha probado su sistema Bloostar. La estadounidense Leo Aerospace (surgida de la Universidad de Purdue) demostró un lanzamiento Rockoon en el desierto de Mojave en 2019.

Aun así, ninguna empresa ha logrado todavía la inserción orbital por el método Rockoon. AstroX cuenta con ventajas técnicas propias: su tecnología de cohete híbrido, la investigación conjunta con JAXA sobre sistemas de control de actitud y la colaboración con Obayashi Corporation (que aportó la tecnología de supresión de rotación usada también en la construcción del Tokyo Skytree).

La hoja de ruta de AstroX

La empresa ha fijado un calendario claro:

  • 2026: vuelo suborbital por el método Rockoon (alcanzar los 100 km de altitud).
  • 2028: alcanzar la altitud de órbita de satélites (500 km).
  • 2029: iniciar el servicio comercial de lanzamiento de satélites y buscar una salida a bolsa (OPV).

Si se cumple, nacería la primera empresa del mundo, no solo de Japón, en lanzar satélites comercialmente por el método Rockoon.

Un nuevo capítulo para el desarrollo espacial japonés

Japón tiene una historia espacial de la que enorgullecerse, con la serie de cohetes H-II o la misión de retorno de muestras de asteroides "Hayabusa". Pero llegó tarde a la revolución de los lanzamientos de bajo costo que lidera SpaceX.

AstroX toma un camino distinto: una startup que afronta un reto que las grandes agencias no supieron resolver. Con base en una región que busca reconstruirse tras el desastre, liderada por un emprendedor ajeno al sector espacial y apostando por una tecnología que aún nadie en el mundo ha logrado, encarna la "manera de pensar poco convencional" que necesita la industria espacial japonesa.

Está por ver si AstroX lo consigue. Pero que de Japón surja un aspirante serio en la carrera Rockoon demuestra que la ambición espacial de este país sigue viva.

¿Qué enfoque usa tu país para los lanzamientos espaciales? ¿Existen intentos nuevos que rompan con los métodos habituales? Cuéntanos tu punto de vista en los comentarios.

Referencias