🧬 Durante décadas, el gen RPS19 fue conocido sobre todo por causar un raro trastorno sanguíneo infantil. Ahora un equipo japonés lo ha sorprendido cumpliendo una segunda función que nadie había podido demostrar: frenar el cáncer. El mismo gen, dos caras opuestas.

Un grupo dirigido por el profesor Masatoshi Fujita, de la Universidad de Kyushu, junto con el Centro Nacional del Cáncer y la Universidad de Tokushima, demostró por primera vez que RPS19 suprime de forma activa el cáncer en células humanas, y descifró cómo lo hace. Los resultados se publicaron en la revista Cell Reports.

El acelerador y el freno

Conviene imaginar la célula como un coche. Algunas proteínas funcionan como acelerador y la empujan a crecer y dividirse. Otras actúan como freno y la detienen cuando algo va mal. El cáncer aparece cuando ese equilibrio se rompe: el freno falla y el acelerador queda pegado al suelo.

El freno más conocido es una proteína llamada p53, apodada "la guardiana del genoma". Cuando el ADN se daña, p53 detiene la célula para que se repare o, si el daño es grave, le ordena autodestruirse. Es una defensa tan central que TP53, el gen que la codifica, es el más alterado en los cánceres humanos: pierde su función en cerca de la mitad de los casos.

Un gen con dos caras

Aquí RPS19 se vuelve interesante. El gen ya se conocía, pero por un motivo distinto. Las mutaciones hereditarias de RPS19 son la causa más frecuente de la anemia de Diamond-Blackfan, una enfermedad congénita rara en la que la médula ósea apenas produce glóbulos rojos. Quienes la padecen también tienen mayor riesgo de cáncer a lo largo de la vida.

La pista llevaba años ahí. Las mutaciones de RPS19 parecían vinculadas al cáncer, pero nadie había mostrado que el gen funcionara de verdad como freno tumoral, ni mucho menos cómo. Ese vacío es el que el equipo de Kyushu se propuso cerrar.

Lo que RPS19 hacía en realidad

El mecanismo resultó ser una reacción en cadena. Los investigadores hallaron que la proteína RPS19 se une a otra llamada SET, que se comporta como parte del acelerador del cáncer. Al fijarse a SET y contenerla, RPS19 mantiene a p53 trabajando con normalidad. Dicho de otro modo, RPS19 sostiene el freno sujetando a quien intentaría inutilizarlo.

Al revisar bases de datos de tumores, el patrón se confirmó. En cánceres de mama y de estómago, los niveles bajos de RPS19 se asociaban con una enfermedad más agresiva, sobre todo en pacientes cuya p53 seguía intacta. En varios otros tumores, incluido el melanoma maligno, aparecieron mutaciones de RPS19 que arruinan su capacidad de atrapar a SET como posible causa del propio cáncer.

Por qué entra en juego un fármaco que ya existe

Se trata de investigación básica, y el equipo es prudente al respecto. De aquí no sale un tratamiento mañana. Pero el trabajo sí apunta a una dirección práctica, y se apoya en fármacos que ya existen en lugar de en algo creado desde cero.

El razonamiento es este. En pacientes con p53 funcional pero RPS19 defectuoso, el freno está sano: solo lo mantienen presionado. Los llamados inhibidores de MDM2 aumentan la cantidad de p53 activa al bloquear a MDM2, la proteína que normalmente marca a p53 para su destrucción. Esos fármacos ya se ensayan en cánceres que conservan una copia sana de p53. Los investigadores sugieren que ese mismo tipo de medicamento podría ayudar al grupo con p53 normal y RPS19 mutado, y lo señalan como una vía que merece estudiarse.

Es una afirmación medida, no un titular de gran avance.

El largo camino del laboratorio a la clínica

Los laboratorios japoneses tienen la costumbre de producir estos hallazgos de base que tardan años en llegar al paciente. Que un gen famoso por una anemia infantil resulte proteger frente al cáncer recuerda cuánta biología fundamental sigue sin cartografiar. ¿Hasta dónde han avanzado la investigación del cáncer y la medicina personalizada en tu país, y llegan siquiera a publicarse noticias como esta?

Referencias