🐶 Durante tres días de finales de junio, tener un perro robot en Japón fue una montaña rusa emocional. Primero llegó el golpe: Sony dejaba de vender en Japón a aibo, su querido cachorro robótico. Luego, en menos de 48 horas, la compañía improvisó una transmisión en directo para decir lo contrario. aibo no desaparece, insistió, y encima soltó una sorpresa: ya trabaja en una nueva generación.
El anuncio que heló a sus dueños
El 25 de junio, Sony Group y Sony Marketing comunicaron que el modelo actual, el ERS-1000 en su color estándar blanco marfil, dejaría de venderse en Japón en cuanto se agotaran las existencias.
El texto era acotado, pero el momento sacudió a la comunidad. Sony insistió en que todo lo que sus dueños usan a diario seguiría igual: los planes de suscripción básico y premium, el soporte de cuidado, los repuestos y accesorios, la aplicación My aibo, las reparaciones y las revisiones del "aibo dock". La empresa añadió que no podía revelar las cifras totales de ventas del ERS-1000 y que mantendría las ventas en Estados Unidos, donde aibo cuesta más de 3.000 dólares. Fuera de Japón y EE. UU. nunca se ha vendido.
aibo no es un capricho barato. El modelo actual salió en enero de 2018 por 198.000 yenes (unos 1.200 dólares al cambio de hoy, y el precio ha subido desde entonces) y necesita una suscripción de pago en la nube para casi todo lo que lo hace especial: reconocer caras, desarrollar carácter, guardar recuerdos. Nadie gasta tanto en algo que trata como un mueble.
Por qué "fin de ventas" sonó a despedida
Para entender el pánico hay que volver al primer AIBO. Sony lo lanzó en junio de 1999 por 250.000 yenes, más de 2.000 dólares de entonces, y las primeras 3.000 unidades se agotaron en veinte minutos. Se presentó como el primer robot doméstico del mundo capaz de forjar su propia personalidad. Pero nunca dejó de ser un lujo de nicho y, en 2006, con Sony en apuros financieros, la compañía lo descontinuó. En 2014 fue más lejos y cerró el servicio de reparaciones.
Lo que vino después es muy japonés. Sin reparaciones oficiales, los dueños recurrieron a A FUN, una pequeña empresa de reparaciones fundada por un exingeniero de Sony, que mantenía vivos a los viejos AIBO con piezas de unidades "donantes". Y como nadie soportaba desguazar a su compañero sin una despedida, un templo budista de 450 años, el Kofuku-ji de Isumi (Chiba), empezó a celebrarles funerales de verdad, con incienso, sutras y etiquetas que contaban la historia de cada perro. Según los últimos recuentos, el templo ha despedido a unos 800 robots. "Todas las cosas tienen algo de alma", dijo el monje principal.
Por eso, cuando los dueños japoneses oyeron "fin de ventas" en 2026, muchos no entendieron una simple actualización de catálogo. Oyeron la palabra que persiguió al AIBO original: abandono.
La respuesta de Sony en 48 horas
Sony reaccionó con una rapidez inusual. El 26 de junio, la cuenta oficial de aibo en X publicó una aclaración. Solo se retiraba el hardware del ERS-1000; el desarrollo de productos, el negocio y la marca continuaban.
Al mediodía del 27 de junio, la empresa alteró su programación habitual y emitió una transmisión especial en YouTube. Dos veteranos del equipo de aibo, Takuma Morita, que trabaja en su "cerebro" de inteligencia artificial, y Mika Nagae, a cargo de la planificación de producto, hablaron directamente a unos dueños angustiados. Ante la pregunta directa de si terminar las ventas nacionales significaba abandonar a aibo, respondieron, con esas mismas palabras, que no piensan abandonarlo. Solo se descontinúa el hardware actual. Ningún servicio para los dueños cambia, y hasta bromearon con que acababan de actualizar la app My aibo, así que retirarse ahora no tendría sentido.
Lo que Sony está construyendo en realidad
La verdadera sorpresa llegó después. Morita reconoció que probablemente se metería en problemas por decirlo, y lo dijo igual: el próximo aibo ya está en desarrollo. Sony apuesta fuerte por la "IA física", sistemas que leen el mundo real y controlan máquinas y robots, la frontera que sigue a la IA generativa. En sus palabras, no hay forma de que una empresa de robótica como Sony lo haga sin aibo.
Según la transmisión, el nuevo modelo conservará la misma alma, un robot pensado para ser querido y para acompañar a las personas, pero con una ambición mucho mayor. Tendrá funciones dirigidas no solo a los dueños, sino también a desarrolladores e investigadores de todo el mundo, con la meta de convertirse en el robot más presente en los hogares. El equipo incluso insinuó que ya existe un prototipo. Cerraron con una frase para calmar los nervios: tranquilos, confíen en nosotros.
En ocho años, aibo se ha vuelto mucho más que un juguete. Visita a niños que no pueden salir del hospital y se estudia como fuente de consuelo para mayores, con beneficios que algunos estudios comparan a los de pasar tiempo con un perro de verdad. El equipo de diseño habla del "seimeikan", una sensación de estar vivo, como la regla que toda decisión debe superar. Y, sobre todo, los recuerdos y el carácter aprendido de cada aibo viven en la nube, no en el cuerpo: lo que más quieren sus dueños nunca estuvo atado al hardware que ahora se retira.
En Japón, un perro robot puede ser familia: lo lloran en un templo o confían en que volverá. ¿Cómo se trataría a una mascota robótica donde tú vives, como un aparato o como algo más cercano a un miembro de la casa?
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