🌸 Una planta que atrapa insectos acaba siendo comida por uno. La drosera de hoja de cuchara, una pequeña planta carnívora, cierra sus flores con más fuerza cuando algo las roza si antes ha sufrido daños en las hojas. Un equipo de la Universidad de Educación de Naruto y otras instituciones lo comprobó cortando hojas para imitar el ataque de una oruga, y en Japón se presentó como la «memoria» de una planta sin cerebro. Lo que la planta guarda por dentro, sin embargo, los investigadores aún no lo han averiguado.
La cazadora de insectos que los insectos devoran
Su nombre japonés, komousengoke, incluye la palabra «musgo», pero la drosera de hoja de cuchara (Drosera spatulata) no es un musgo. Es una planta con flores del género Drosera. Sus hojas, con forma de cuchara, están cubiertas de pelos rojos, y las gotas pegajosas de sus puntas sujetan a los insectos pequeños para que la planta aproveche sus nutrientes. Sus flores rosadas permanecen abiertas apenas medio día.
Hay un insecto que pasea por estas trampas sin problema: la oruga de la polilla pluma de la drosera (Buckleria paludum). En 2020, Haruka Osaki, investigadora del Museo de la Naturaleza y las Actividades Humanas de Hyogo, y Kazuki Tagawa, profesor asociado de ecología evolutiva en la Universidad de Educación de Naruto, informaron, a partir de observaciones en Okinawa, que las orugas lamen el mucílago de los pelos glandulares a medida que avanzan. Sin el pegamento, los pelos no se doblan hacia la «presa» y la hoja no se enrolla.
La polilla no es solo cosa de Japón. El sitio británico de registros Hampshire Moths la describe como una especie escasa en brezales húmedos y turberas de partes de Inglaterra y Gales, donde sus orugas se alimentan de la drosera de hoja redonda (Drosera rotundifolia).
Las orugas no comen solo hojas. Cuando crecen, entran en las flores y se comen los óvulos, las partes que se convertirían en semillas. En 2018, Tagawa descubrió que las flores de las droseras se cierran en unos 2 a 10 minutos cuando se estimula la base de la flor. Experimentos posteriores del grupo mostraron que ese movimiento ayuda a proteger los óvulos de las orugas.
El video muestra a una especie emparentada, Drosera tokaiensis, cerrando sus pétalos (publicado por Tagawa).
Cerrar de más y no cerrar tienen su precio
La señal que activa el cierre es sencilla: algo tocó la zona cercana a la flor. Pero no siempre es una oruga. El viento, la lluvia o un animal inofensivo también pueden rozarla.
Los investigadores lo plantean como un dilema. Si la flor se cierra por error, la planta gasta la energía de un movimiento rápido y pierde una oportunidad de polinización cruzada, es decir, con polen de otra planta, algo que da a la descendencia más diversidad genética. Si no reacciona ante una oruga de verdad, pierde los óvulos y esa flor no da semillas.
La pista del equipo fue el orden en que comen las orugas. Al nacer se alimentan de hojas; unos días después, ya más grandes, pasan a las flores y los frutos. Una planta a la que le han comido las hojas tiene, por tanto, muchas probabilidades de que pronto le ataquen las flores. Si usa el daño en las hojas como un aviso de que las flores serán las siguientes, las plantas dañadas deberían responder con más fuerza a un contacto ambiguo.
15 plantas frente a 17
El artículo se publicó en línea en la revista Ethology el 2 de julio de 2026. El trabajo contó con financiación de la Sociedad Japonesa para la Promoción de la Ciencia. Fue un experimento en interior, con luz y temperatura controladas. Un día antes de la floración, el equipo cortó hojas a 15 plantas para simular el ataque y dejó otras 17 intactas como control. Cuando se abrieron las flores, imitaron a una oruga que trepa por el tallo pinzando el tubo del cáliz, justo debajo de la flor, con unas pinzas una vez por segundo, 10 veces en total.
Al medir 15 minutos después del estímulo, las plantas con hojas cortadas habían cerrado sus flores hasta un ángulo significativamente menor que las de control.
La hora también influyó. Las plantas de control cerraban poco a primera hora, justo después de abrir, y con más fuerza a medida que su reloj interno se acercaba a la hora habitual de cierre. Los investigadores lo interpretan como que la polinización manda mientras la flor es reciente, y la defensa después. Las plantas con hojas cortadas cerraban siempre con fuerza, a cualquier hora; según el equipo, la defensa había pasado por delante de la polinización.
Eso sí, el ataque se simuló cortando hojas, no con orugas reales. Una revisión de 2021 presentada por la Universidad de Ciencias de Tokio explica que las plantas reconocen compuestos que activan sus defensas, llamados elicitores, presentes en la saliva y otras secreciones de los insectos. Con los materiales de la universidad y el resumen del artículo no se puede saber si un corte limpio provoca la misma respuesta que una mordida de verdad.
¿Qué se guarda cuando lo llamamos «memoria»?
El comunicado de la Universidad de Educación de Naruto escribe «memoria» entre comillas. Su resumen detallado en japonés dice que los resultados sugieren que la planta conservó la información sobre el daño durante al menos un día y la usó para ajustar su respuesta posterior, y añade que esto «podría considerarse una especie de memoria». El resumen en inglés del artículo es más prudente. No usa la palabra memoria y llama al efecto «cross-organ priming», priming entre órganos. El priming es el fenómeno por el cual un estímulo previo hace que la respuesta a uno posterior sea más fuerte o más rápida.
Tagawa dice que los próximos pasos son el mecanismo molecular, incluidas las sustancias químicas implicadas, y la comparación entre especies para rastrear su origen evolutivo.
Según la misma revisión de la Universidad de Ciencias de Tokio, se sabe que las plantas atacadas una vez responden más rápido y con más fuerza a un segundo ataque, un efecto que se atribuye a la regulación epigenética, que cambia cómo se activan los genes sin alterar la secuencia del ADN. En la venus atrapamoscas, que se cierra cuando sus pelos sensores se tocan dos veces, un grupo en el que participaba la Universidad de Saitama mostró en 2020 que las señales de calcio podrían funcionar como una especie de memoria del primer toque. Si algo parecido ocurre en la flor de una drosera no se ha estudiado.
Según explica el grupo de investigación, un estudio de 2013 con la mimosa sensitiva (Mimosa pudica) había mostrado que el daño refuerza el movimiento defensivo del mismo órgano dañado. Aquí, el daño en las hojas cambió el movimiento de otro órgano, la flor. Que el daño en las hojas influya en la defensa de las flores no es nuevo en el terreno de las defensas químicas. En un artículo publicado en 2005, investigadores de la Universidad de California en Davis informaron de que dañar mecánicamente las hojas del tabaco silvestre (Nicotiana attenuata) redujo en el campo los daños por consumo de sus flores y frutos.
Dónde encaja en la disputa sobre la «inteligencia vegetal»
Hablar de «memoria» o «aprendizaje» en las plantas lleva años generando polémica. A mediados de la década de 2000, algunos investigadores empezaron a promover la «neurobiología vegetal», con la idea de que las plantas tienen algo parecido a un sistema nervioso. En 2007, 36 especialistas en biología vegetal firmaron una carta en la revista Trends in Plant Science para rebatirlo: sostuvieron que no hay pruebas de neuronas, sinapsis ni cerebro en las plantas y que esa etiqueta no aporta nada a la comprensión de la fisiología o la biología celular vegetal. Dos de sus defensores, František Baluška y Stefano Mancuso, respondieron en un artículo de 2009 que no trasladaban de forma dogmática el cerebro y las sinapsis animales, sino que usaban esos términos con un sentido propio de las plantas.
El estudio de la drosera no toma partido. El resumen en japonés menciona la posibilidad de que haya cambiado la «toma de decisiones» de la planta, pero lo que se midió fue el ángulo de la flor 15 minutos después del contacto. Los datos llegan hasta mostrar que el daño del día anterior cambió la intensidad de la respuesta.
El equipo no menciona aplicaciones agrícolas. Se trata de investigación básica sobre el comportamiento de una planta carnívora silvestre.
¿En tu país suena natural decir que una planta «recuerda»?
Referencias
- https://scienceportal.jst.go.jp/newsflash/20260930_n01/
- https://www.naruto-u.ac.jp/news/%e3%80%90%e3%83%97%e3%83%ac%e3%82%b9%e3%83%aa%e3%83%aa%e3%83%bc%e3%82%b9%e3%80%91%e6%a4%8d%e7%89%a9%e3%81%8c%e8%91%89%e3%82%92%e9%a3%9f%e3%81%b9%e3%82%89%e3%82%8c%e3%81%9f%e7%b5%8c%e9%a8%93%e3%82%92/
- https://www.naruto-u.ac.jp/wp-content/uploads/2026/08/media-20260818003956-vdhtlV6c.pdf
- https://doi.org/10.1111/eth.70093
- https://www.botany.one/buckleria-paludum-the-caterpillar-that-has-a-taste-for-danger/
- https://www.hantsmoths.org.uk/lep.php?code=45.029
- https://www.tus.ac.jp/today/archive/20210215_0956.html
- https://scienceportal.jst.go.jp/newsflash/20251106_n01/
- https://link.springer.com/article/10.1007/s00442-005-0284-0
- https://blumwald.ucdavis.edu/sites/g/files/dgvnsk6161/files/files/page/Alpi-2007.pdf
- https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC2688289/
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