El 2 de abril de 2026, algo inusual sucedió en el barrio de Sumida, Tokio. La primera ministra de Japón, Sanae Takaichi, y el presidente francés, Emmanuel Macron, visitaron juntos la sede de Astroscale, una empresa fundada en 2013 dedicada a la eliminación de basura espacial.
Durante los aproximadamente 30 minutos de visita, ambos líderes recibieron explicaciones del CEO de Astroscale, Mitsunobu Okada, y del CEO de Exotrail, Jean-Luc Maria, sobre tecnología de eliminación de desechos y fabricación de satélites. Recorrieron la planta donde se construyen las naves espaciales.
Tras la visita, Takaichi declaró a los periodistas que la tecnología de Astroscale es "líder mundial, un orgullo de Japón". Macron, por su parte, expresó su deseo de incluir el uso sostenible del espacio en la agenda de la cumbre del G7 que Francia acogerá en junio.
Cuando dos jefes de Estado visitan juntos una startup, el mensaje es claro: la basura espacial ya no es un problema técnico de nicho, sino una cuestión de seguridad nacional y diplomacia internacional.
¿Qué se firmó exactamente?
Coincidiendo con la visita de los líderes, Astroscale France SAS (filial francesa de Astroscale) y Exotrail anunciaron un contrato para desarrollar misiones de desorbitación de satélites. El objetivo: crear tecnología para retirar de forma segura satélites fuera de servicio de la órbita terrestre baja (LEO, por debajo de unos 2.000 km de altitud) antes de 2030.
Cada empresa aporta capacidades distintas. Astroscale se especializa en RPO (Operaciones de Encuentro y Proximidad): la capacidad de acercarse y capturar objetos en el espacio. La empresa demostró esta tecnología con la misión ELSA-d en 2021 y ADRAS-J en 2024, que logró acercarse a 15 metros de un fragmento de basura no cooperativo, una hazaña sin precedentes.
Exotrail, por su parte, es una empresa francesa de movilidad espacial conocida por su vehículo de transferencia orbital "spacevan", especializado en mover satélites entre órbitas. La alianza combina la tecnología de "atrapar" con la de "mover": un golpe doble para limpiar satélites muertos.
¿Por qué la basura espacial es una crisis creciente?
Según la Agencia Espacial Europea (ESA), actualmente se rastrean unos 44.870 objetos artificiales en órbita terrestre. Además, se estima que hay 1,2 millones de fragmentos de más de 1 cm y 140 millones de más de 1 mm sin detectar.
El problema se agrava rápidamente. Solo en 2023 se lanzaron más de 2.800 satélites a LEO, la mayoría para megaconstelaciones como Starlink de SpaceX.
Lo que hace tan peligrosa la basura espacial es su velocidad. En LEO, los objetos viajan a unos 28.000 km/h. La velocidad de colisión puede alcanzar los 36.000 km/h, más de diez veces más rápido que una bala. Un fragmento del tamaño de una canica puede destruir un satélite por completo.
El escenario catastrófico se llama Síndrome de Kessler: una reacción en cadena donde las colisiones crean más basura, que provoca más colisiones, hasta que bandas orbitales enteras quedan inutilizables. La ESA ya ha advertido que la congestión en LEO ha alcanzado niveles insostenibles.
Un mercado que se duplicará para 2030
La crisis de basura espacial ha generado una industria en pleno auge: los servicios orbitales. Este mercado incluye eliminación de desechos, extensión de vida de satélites, reabastecimiento de combustible, reparación y ajuste de órbita.
Diversas consultoras estiman que este mercado valía unos 2.400 millones de dólares en 2023 y proyectan que alcanzará entre 5.100 y 5.800 millones para 2030, con un crecimiento anual del 11-12%. La eliminación activa de desechos es el segmento de mayor crecimiento.
Astroscale figura entre los líderes mundiales del mercado, junto con Maxar Technologies, SpaceLogistics, Airbus y Thales Alenia Space. La empresa salió a bolsa en la Bolsa de Tokio en junio de 2024. A principios de abril de 2026, su capitalización bursátil rondaba los ¥140.000 millones (unos 930 millones de dólares), con ingresos creciendo un 194,5% interanual, hasta unos ¥4.400 millones ($29 millones), y una cartera de pedidos de unos ¥41.000 millones ($274 millones).
La importancia estratégica de la alianza Japón-Francia
Este acuerdo trasciende una simple colaboración empresarial.
Francia, la mayor potencia espacial de Europa, ha destinado 1.500 millones de euros al espacio dentro de su plan "France 2030", una iniciativa nacional de inversión de 54.000 millones de euros. Exotrail es beneficiaria de este programa, y la alianza con Astroscale refuerza directamente la base industrial francesa y el ecosistema europeo de servicios orbitales.
Para Astroscale, que ya cuenta con oficinas en París y Toulouse además de su sede en Japón y presencias en Reino Unido, Estados Unidos e Israel, profundizar la conexión francesa abre puertas a instituciones europeas como la ESA y operadores comerciales como Eutelsat OneWeb.
Takaichi tiene una trayectoria personal en política espacial. Como ministra de política espacial de Japón (2022-2024), promovió la tecnología de Astroscale e impulsó que la basura espacial se tratara en el G7 de Hiroshima de 2023. Que Macron anuncie su intención de retomar el tema en el G7 de junio de 2026 señala que la basura espacial está pasando de ser un "problema técnico" a una "agenda política internacional".
La hoja de ruta hacia 2030
La fecha objetivo de 2030 en este contrato se alinea con varias iniciativas internacionales. Doce países europeos han firmado la Carta de Cero Desechos de la ESA, comprometiéndose a alcanzar la "neutralidad de desechos" para finales de la década. Astroscale planea una nueva misión de demostración de eliminación de basura en 2027, que buscará atrapar y deorbitar un fragmento real por primera vez.
En el plano de defensa, Astroscale ha recibido contratos del Ministerio de Defensa japonés, JAXA, la Agencia Espacial del Reino Unido, la ESA y la Fuerza Espacial de Estados Unidos, convirtiéndose en una de las pocas empresas de confianza de múltiples potencias espaciales para operaciones orbitales sensibles.
Hacer sostenible el espacio
Sabemos qué pasa cuando tratamos los entornos compartidos como vertederos infinitos. Tardamos décadas en tomar conciencia de la contaminación por plástico en los océanos. La basura espacial es el equivalente orbital, pero con una diferencia crucial: una vez que se desencadena el Síndrome de Kessler, no hay equipo de limpieza que pueda arreglarlo.
Navegación GPS, predicción meteorológica, monitoreo de desastres, comunicaciones móviles: la vida moderna depende de los satélites. Proteger el entorno orbital no es un proyecto de aficionados al espacio. Es proteger infraestructuras esenciales para toda la humanidad.
La alianza entre Astroscale y Exotrail, respaldada por Japón y Francia, es un paso concreto en la dirección correcta. ¿Cómo está abordando tu país el problema de la basura espacial? Nos encantaría conocer tu perspectiva.
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