La moto más vendida del mundo no es una Harley ni una BMW. Es la Honda Super Cub: más de 110 millones de unidades producidas. Todo empezó con una sola frase del fundador, Soichiro Honda: "Haced una moto que el repartidor de una tienda de soba pueda conducir con una mano". ¿Por qué esta pequeña moto sigue siendo amada en más de 160 países?

1958: todo empezó por el "reparto a domicilio"

La Super Cub nació en 1958, justo cuando Japón se disponía a lanzarse hacia su era de alto crecimiento económico.

El fundador, Soichiro Honda, y su mano derecha en la gestión, Takeo Fujisawa, acababan de volver de un viaje de estudio por Europa. Al ver en Alemania lo extendidos que estaban los pequeños ciclomotores como medio de transporte de la gente, ambos se convencieron: "Vamos a crear un vehículo totalmente nuevo, adaptado a las calles y a la vida de Japón".

El concepto que se planteó al equipo de desarrollo era muy singular:

"Una moto que el repartidor de una tienda de soba pueda conducir con una mano".

La "tienda de soba" japonesa viene a ser como el reparto de pizza a domicilio. El empleado sujeta con la mano izquierda la caja con la comida (okamochi) y maneja la moto solo con la derecha mientras se cuela por callejones estrechos. Esa estampa cotidiana fue el punto de partida de toda la Super Cub.

A partir de ese concepto, el equipo fijó cuatro condiciones ineludibles:

  1. Un motor de 4 tiempos silencioso y de bajo consumo: el de 2 tiempos, entonces mayoritario, era barato, pero tenía problemas de ruido y humo blanco.
  2. Un chasis fácil de usar también para mujeres: una estructura "step-through" para poder montar incluso con falda.
  3. Una transmisión sin embrague manual: un "embrague centrífugo automático" que dejaba libre la mano izquierda.
  4. Un diseño cercano que no cansara: buscar la belleza siendo un vehículo utilitario.

Estas cuatro condiciones siguen vivas, casi 70 años después, en la Super Cub actual.

La abrumadora fiabilidad de "no se rompe"

Si algo define a la Super Cub es la leyenda de que "no se rompe".

En un programa de televisión británico se emitieron pruebas asombrosas: seguía funcionando aunque se le echara aceite de tempura (aceite de freír) en lugar de aceite de motor, arrancaba tras caer por unas escaleras y, después de hundirla en el mar y sacarla, arrancaba a la primera patada. No era un montaje: se hizo realmente ante las cámaras.

El origen de esa fiabilidad está en la primera generación, la C100.

Por entonces, lo habitual en las motos de baja cilindrada era el motor de 2 tiempos, más barato de fabricar. Pero Soichiro Honda optó adrede por un costoso "motor de 4 tiempos OHV refrigerado por aire". La razón era sencilla: "reducir la carga para quien lo usa". El de 2 tiempos obligaba a mezclar aceite con la gasolina, tenía mayor riesgo de gripaje y no evitaba el humo blanco ni el ruido. Para eliminar todo eso, eligió el más caro de 4 tiempos.

Esa filosofía sigue viva en la Super Cub actual. Por ejemplo, la técnica llamada "spiny sleeve" añade diminutas protuberancias en la pared exterior del cilindro para mejorar la disipación del calor y la redondez. El esmero por una pieza que desde fuera no se ve nunca es la esencia de la manera de fabricar de Honda.

Y de ahí al mundo: dos historias, Estados Unidos y Vietnam

La expansión internacional de la Super Cub empezó sorprendentemente pronto.

En 1959, apenas un año después de su lanzamiento, entró en el mercado estadounidense a un precio de solo 295 dólares. Pero en el Estados Unidos de entonces, "moto" era sinónimo de las grandes máquinas al estilo Harley-Davidson, con una fuerte imagen de "forajido" de chaqueta de cuero; una pequeña step-through de 50 cc resultaba al principio un elemento extraño.

El punto de inflexión fue la campaña publicitaria "You meet the nicest people on a Honda" ("la gente que va en Honda es buena gente"), iniciada en 1963.

La campaña partió de un concepto que Mike Curb, estudiante de UCLA, ideó como trabajo de clase. La agencia Grey lo compró y se lo propuso a Honda, y dio la vuelta por completo a la idea estadounidense de que la moto era algo peligroso y salvaje. Amas de casa, estudiantes, oficinistas: cualquiera montaba en Honda. Con esa imagen, la Super Cub fue un éxito rotundo: solo en 1963 se vendieron más de 100.000 unidades y al año siguiente Honda alcanzó una cuota superior al 50% del mercado estadounidense de motos.

La canción "Little Honda", que los Beach Boys publicaron en 1964, impulsó aún más su popularidad, hasta el punto de que muchos padres regalaban una Super Cub por Navidad: todo un fenómeno social.

La historia en Vietnam tiene, en cambio, un tono muy distinto.

A finales de los años sesenta, el ejército estadounidense llevó a Vietnam del Sur más de 20.000 Super Cub, y entre 1967 y 1969 llegaron al país unas 750.000 motos Honda. Tras la caída de Saigón en 1975, los vietnamitas repararon por su cuenta las Super Cub que quedaron allí y las siguieron usando. Incluso bajo el embargo económico estadounidense, mantuvieron las Cub en marcha con piezas locales e importaciones por vías no oficiales.

Como resultado, en Vietnam se acabó llamando "Honda" a cualquier moto, fuera de la marca que fuera. Es parecido a cuando en Japón se llama "Xerox" a cualquier fotocopiadora. La Super Cub se fundió con la propia vida vietnamita.

"La forma es la marca": una cima cultural, la marca tridimensional

En 2014, la propia forma del vehículo Super Cub se registró como "marca tridimensional", algo inédito para un vehículo japonés.

Una marca tridimensional significa que no es el logotipo ni el nombre, sino la "forma" misma del producto lo que queda protegido legalmente como marca. El ejemplo clásico es la botella de Coca-Cola, y la Super Cub se puso a su altura. Cualquiera la ve y sabe al instante "ah, es una Cub". Es la prueba de un diseño universal preservado durante más de medio siglo.

La filosofía corporativa de Honda incluye el "respeto por el ser humano" (ningen soncho) y las "tres alegrías": la alegría de comprar, la de vender y la de crear. La Super Cub es seguramente el producto que ha encarnado esa filosofía durante más tiempo y de forma más amplia.

Más allá de los 100 millones

La serie Super Cub se fabrica hoy en 10 plantas de 9 países y se vende en más de 160 naciones. Su producción acumulada supera los 110 millones de unidades.

Veamos esa cifra desde otro ángulo. La población de la Tierra ronda los 8.000 millones. Si cada Super Cub la usan varias personas de una familia, resulta que un pequeño porcentaje de la humanidad ha llegado a montar en una. Que un único vehículo personal, ni autobús ni tren, alcance esa cifra es algo asombroso.

En Japón, el endurecimiento de la normativa de emisiones de 2025 pondrá fin a la producción del modelo de 50 cc. Pero el de 110 cc continúa, así que la historia de la Super Cub no se interrumpe. El relato que empezó con "el chico del reparto de soba" sigue adelante.

En Japón, la Super Cub no es una simple moto: se la quiere como símbolo del "espíritu de la fabricación japonesa" (monozukuri). Su fiabilidad a prueba de todo, su cercanía para que cualquiera la conduzca y un diseño que no cambia desde hace décadas. ¿Hay en tu país un "vehículo nacional" así, o algún producto industrial amado durante generaciones? Cuéntanoslo.

Referencias