En 2025, la mayonesa japonesa cumplió su centenario. Este básico cotidiano de la mesa se fabricó y vendió por primera vez en Japón en marzo de 1925.

Por entonces, la propia palabra "mayonesa" era poco conocida en Japón, y los pequeños frascos iniciales fueron, según se cuenta, confundidos con pomada para el cabello. Las ventas del primer año fueron de apenas 120 cajas (600 kg): el modesto comienzo de la cultura japonesa de la mayonesa.

La visión del fundador: salud para el pueblo japonés

El artífice de la primera mayonesa de Japón fue Toichiro Nakashima, fundador de Kewpie. En la década de 1910, enviado a Europa y Estados Unidos como aprendiz industrial del Ministerio de Agricultura y Comercio, conoció la mayonesa en el extranjero.

Al ver a los estadounidenses comer ensalada a diario, le impresionó el sabor y el valor nutritivo de la mayonesa sobre la ensalada de papa. Movido por el deseo de "contribuir a la constitución física y la salud del pueblo japonés", se propuso desarrollar una mayonesa nutritiva y rica en yema de huevo.

Una evolución únicamente japonesa: la yema de huevo

De regreso a casa, y al ver cómo la influencia occidental se extendía por las ciudades tras el Gran Terremoto de Kanto, Nakashima comenzó a producir la primera mayonesa de Japón en marzo de 1925. La llamó "Kewpie Mayonnaise", por la entonces popular muñeca Kewpie, con el deseo de que fuera "amada por todos".

Su rasgo distintivo era el "tipo yema de huevo", que usa solo yemas. Frente al estilo de huevo entero común en Occidente, lograba un sabor más profundo y cremoso, una elección que más tarde daría a la mayonesa japonesa un lugar propio en el mundo.

El camino hacia la aceptación: publicidad y degustaciones

Aun así, al principio costó que se aceptara. No había costumbre de comer verduras crudas y el precio era alto. Nakashima invirtió en publicidad más de lo que vendía, encargando a un pintor famoso una escena familiar en torno a la mayonesa y organizando degustaciones. Al comienzo se proponía como salsa para carne y pescado, no para verduras crudas.

El esfuerzo dio fruto y, para 1941, los envíos anuales alcanzaron unas 500 toneladas. La escasez de materias primas durante la guerra obligó luego a detener la producción, fiel a la convicción de que "no se puede hacer buena mayonesa sin buenos ingredientes".

Crecimiento de posguerra: envases y cultura

La producción se reanudó en 1948, y 1958 marcó un punto de inflexión: la mayonesa en una botella de plástico exprimible que se usa con una sola mano. Por esa época se extendió la costumbre de comer verduras crudas y el consumo creció con fuerza. Otros fabricantes entraron a finales de los años 50 y 60, y la mayonesa se afianzó como un fijo de la mesa japonesa.

Una historia de calidad: la batalla contra el oxígeno

El gran reto de hacer mayonesa era evitar la oxidación del aceite que constituye buena parte del producto. Kewpie trabajó para reducir el oxígeno en el proceso, hasta lograr una vida útil de un año, sin abrir, tanto en frasco como en botella de plástico. Las botellas multicapa bloquean el oxígeno, el aire de la boca se reemplaza por nitrógeno y se elimina incluso el oxígeno residual del aceite. Estos avances también ayudaron a ampliar las exportaciones por vía marítima.

Expansión global: 79 países y regiones

La expansión internacional empezó con el mercado estadounidense en 1982, seguido de Tailandia en 1987 y China en 1993. Hoy, Kewpie Mayonnaise se vende en 79 países y regiones.

El negocio en el exterior ha crecido con fuerza en la última década, con crecimiento de dos dígitos centrado en China y el Sudeste Asiático. Los ingresos del segmento internacional apuntaban a acercarse a la escala de los 100.000 millones de yenes en el ejercicio cerrado en noviembre de 2025, y Kewpie se ha fijado como meta 180.000 millones de yenes en ventas en el exterior para el ejercicio 2028.

Popularidad en América: redes sociales y Mayo Terrace

En Estados Unidos en particular, la mayonesa japonesa se hizo tan popular en plataformas como TikTok que la oferta apenas daba abasto. El vídeo de un bloguero gastronómico usándola en un bol de arroz con salmón sumó millones de reproducciones, las búsquedas se dispararon y algunas tiendas se quedaron sin existencias. En 2010 fue número uno en un gran sitio de compras en línea de EE. UU.

La instalación experiencial "Mayo Terrace", en Chofu (Tokio), ha visto crecer el número de visitantes del extranjero. Para atender la demanda, Kewpie puso en marcha una segunda planta en Tennessee en mayo de 2025. Junto con su fábrica de California, este esquema de dos sedes acelera su avance en Norteamérica, el mayor mercado de condimentos para ensalada del mundo.

Adaptación a los gustos locales

En su salida al mundo, Kewpie ha desarrollado productos ajustados a la cultura culinaria de cada país. En China, donde la ensalada de frutas es popular, vende una versión más dulce con azúcar añadido. En Tailandia, donde muchos prefieren los sabores picantes y la comida japonesa, ofrece mayonesa de sriracha y de wasabi. En Malasia triunfa la "Chili Mayo", que combina la mayonesa con la salsa de chile nacional.

Al mismo tiempo, la Kewpie Mayonnaise elaborada en las sedes del extranjero conserva el mismo tipo de yema de huevo que en Japón. Mantener la riqueza y el umami esenciales, y a la vez responder con flexibilidad a las necesidades locales, es lo que sostiene su éxito global.

Vientos favorables para las exportaciones japonesas

El gobierno japonés viene impulsando las exportaciones de alimentos, y la mayonesa —de sabor claramente japonés pero apreciada fuera— se sitúa dentro de esa corriente. La idea de que "hay que comprar mayonesa cuando visitas Japón" se ha difundido a nivel internacional. Un sabor que los hogares japoneses dan por sentado se descubre en otros lugares como algo nuevo.

Hacia el próximo siglo

En su centenario, Kewpie adoptó el lema "still in progress. Kewpie Mayonnaise 100 años. Y el tiempo no se detiene."

Desde un pequeño frasco alguna vez confundido con pomada, la mayonesa japonesa ha crecido durante un siglo hasta ser un condimento disfrutado en 79 países y regiones. Una preocupación por la salud, un compromiso con la calidad y la flexibilidad para adaptarse a cada mercado: estos tres forman la base de sus próximos cien años.