🚃 Desde hace casi cuarenta años, viajar en tren en Japón incluye un pequeño ritual extrañamente satisfactorio. Metes un billete de papel en la ranura del torno, la máquina zumba y hace clic, y el billete reaparece al otro lado justo a tiempo para que lo cojas y sigas caminando. JR East acaba de anunciar que ese gesto tiene los días contados.

Un billete que se acerca, no se introduce

El 9 de junio, East Japan Railway, conocida como JR East, anunció que retirará de forma gradual los billetes con banda magnética para trayectos cortos a partir de la primavera de 2027. En su lugar llegan billetes de papel sin banda magnética impresos con un código QR. En vez de introducir el billete en el torno, el viajero acerca el código a un lector y pasa.

El cambio afecta a los billetes de corta distancia, es decir, trayectos de 100 kilómetros o menos, que se venden en las máquinas de todas las estaciones de líneas convencionales que opera JR East. Para que los códigos se lean con facilidad, los nuevos billetes son bastante más grandes. El billete magnético medía 30 por 57,5 milímetros; la versión QR medirá 57,5 por 85 milímetros, el mismo tamaño que un billete de tren expreso y casi el triple de superficie. El característico reverso negro de la banda magnética desaparece y da paso a un papel blanco y liso.

JR East no avanza sola. Es una de las ocho operadoras ferroviarias de la región de Tokio, junto con Keisei, Keikyu, Seibu, Tobu y otras, que en mayo de 2024 acordaron migrar del billete magnético al QR sobre un sistema compartido. Este anuncio es el paso más concreto que ha dado cualquiera de ellas hasta ahora.

Por qué hacerlo, si casi nadie compra billetes de papel

Hay dos motivos, y ambos viven detrás del torno, no delante.

El primero es ambiental. JR East tira unas 160 toneladas de billetes usados al año y, como la banda magnética debe tratarse con productos químicos antes de desecharse, esos billetes no pueden reciclarse como papel corriente. Sin esa capa magnética, el billete QR es simple papel: más barato de procesar y más amable con el medioambiente.

El segundo es mecánico. Un torno que traga un billete magnético, lo lee en movimiento y lo expulsa por el otro extremo está lleno de piezas móviles: rodillos, motores, engranajes. Un lector de QR no tiene nada de eso. Menos piezas móviles significan menos costes de mantenimiento y una cosa menos que se atasque. Cualquiera que haya visto cómo un torno se traga su billete y le cierra la puerta en las narices entiende perfectamente por qué importa.

JR East también ha dicho que quiere recuperar el espacio que hoy ocupan las máquinas expendedoras y rediseñar sus estaciones en torno al viaje digital y sin billete. El presidente Yoichi Kise dijo a la prensa que ese espacio liberado podría convertirse en algo más útil.

La cifra que explica el momento

Esta es la cifra que hace que todo el plan cobre sentido: los billetes magnéticos de papel representan hoy apenas el 2,5 por ciento de los viajes en JR East.

Ese desplome tiene nombre, y el nombre es Suica. Desde su lanzamiento en 2001, la tarjeta IC sin contacto se ha convertido en la forma habitual de viajar, comprar un café en el quiosco de la estación y pagar en las máquinas expendedoras de todo el este de Japón. Más de nueve de cada diez pasajeros ya acercan una tarjeta o el teléfono. El billete de papel, antes universal, se ha encogido en silencio hasta volverse casi irrelevante. Para la inmensa mayoría de los viajeros, la rutina diaria no cambiará en nada.

Lo que sigue siendo magnético

No todos los billetes dan el salto. Los del Shinkansen y los expresos de larga distancia conservan de momento su banda magnética. La razón es geográfica. Esos trenes suelen entrar en territorio gestionado por otras empresas del grupo Japan Railways, y no todas se han comprometido a abandonar el billete magnético. Hasta que toda la red avance al mismo ritmo, los billetes de larga distancia se quedan como están.

El sonido de una época que se apaga

Para la mayoría de los viajeros esto apenas se nota. Para cierto tipo de amante de los trenes, es el final de algo real.

El torno magnético tiene un placer táctil difícil de explicar a quien no lo ha hecho miles de veces. El zumbido, el clic, el billete esperando tu mano en el segundo exacto. Esa pequeña coreografía es lo que desaparece.

Japón ya ha vivido antes esta clase de pérdida. Los propios billetes magnéticos se volvieron estándar hace relativamente poco: se extendieron por Kansai en los años setenta y llegaron a Tokio a finales de los ochenta. La generación anterior recuerda a los empleados que picaban los billetes a mano, un sonido que se apagó sin que nadie lo lamentara demasiado. Esta vez el cambio también será gradual, así que no hay prisa por despedirse.

Cómo es donde tú vives

Un hábito de cuarenta años se cambia por un código QR, y casi nadie lo notará. Así que esta es la verdadera pregunta: ¿cómo cruzas el torno donde vives? ¿Con un billete de papel, una tarjeta, el teléfono, o pasas directamente con la tarjeta del banco? ¿Y hay algo de la vieja forma que echarías de menos?

Referencias