En 2025, Japón registró su peor crisis de osos de la historia: 238 víctimas y 13 muertes. Se desplegaron militares y policía antidisturbios. Se emitieron alertas de viaje. Sin embargo, en Karuizawa, una lujosa localidad turística que recibe 8 millones de visitantes al año, no ha habido ni una sola víctima humana en zonas residenciales durante 15 años consecutivos. ¿El secreto? Una ONG pionera que se niega a limitarse a matar osos.
Dos Japones: crisis frente a coexistencia
Japón afronta una emergencia de osos sin precedentes en 2025. Según el Ministerio de Medio Ambiente, entre abril y noviembre más de 230 personas fueron atacadas por osos, la cifra más alta jamás registrada. Al menos 13 personas perdieron la vida.
Se han avistado osos en supermercados, patios de escuelas, barrios residenciales e incluso en los baños de estaciones de tren. La situación se volvió tan grave que las Fuerzas de Autodefensa de Japón y la policía antidisturbios fueron desplegadas en las zonas afectadas, en particular en la prefectura de Akita. Las embajadas de EE. UU. y del Reino Unido emitieron alertas de viaje advirtiendo a los visitantes sobre los encuentros con osos.
Frente a este panorama nacional de miedo y tragedia, un lugar destaca: Karuizawa, en la prefectura de Nagano, el principal destino turístico de Japón. A pesar de tener solo unos 20.000 habitantes y recibir 8 millones de turistas al año, esta localidad ha mantenido cero víctimas humanas en zonas residenciales durante 15 años consecutivos.
El reto singular de Karuizawa
Karuizawa se asienta al pie del monte Asama, y cerca de dos tercios de su territorio están dentro de una Zona de Protección de Fauna Silvestre. Esto significa que el hábitat natural del oso negro asiático se solapa directamente con los espacios habitados: elegantes urbanizaciones de villas, zonas comerciales y atracciones turísticas.
A finales de la década de 1990, Karuizawa afrontó una crisis. Los osos asaltaban la basura más de 100 veces al año. Hubo residentes atacados. Algo tenía que cambiar.
Aquí entra la ONG Picchio, que surgió de un centro de investigación ornitológica creado por Hoshino Resorts en 1992. En 2000 recibió un encargo oficial del municipio de Karuizawa para gestionar el problema de los osos, y lo abordó de una forma radicalmente distinta.
La filosofía de Picchio: coexistencia, no exterminio
Picchio opera con un doble mandato claro: "proteger la seguridad humana" Y "evitar la extinción del oso". En lugar de ver estos objetivos como contradictorios, ha desarrollado un enfoque científico y basado en datos que logra ambos.
Identificación y seguimiento individual
Cuando un oso se acerca demasiado a las zonas habitadas, Picchio lo captura mediante trampas de barril. Bajo sedación, cada oso es medido, se le toman muestras de ADN y se le coloca un collar con transmisor de radio antes de devolverlo al bosque. A finales de octubre de 2025, se seguía por radio a 49 osos.
Cada oso recibe un nombre único, como "841 (Yayoi)", "920 (Kunio)" o "314 (Pi)", y se documenta y comparte entre el equipo su personalidad, sus rutas preferidas y sus patrones de comportamiento.
Condicionamiento aversivo
Simplemente capturar y reubicar a los osos no funciona a largo plazo. Picchio practica la "suelta con aprendizaje": al liberar a los osos capturados, el personal y los perros ladran con fuerza mientras disparan balas de goma para crear asociaciones negativas. El mensaje es claro: "acercarse a los humanos implica que ocurre algo aterrador".
Los únicos perros antiosos de Japón
Quizá el aspecto más notable de la labor de Picchio es su uso de los perros de oso de Carelia, una raza finlandesa entrenada específicamente para detectar y ahuyentar osos. Las Zonas de Protección de Fauna Silvestre de Japón prohíben las armas de fuego, lo que hace que estos perros sean esenciales para la disuasión no letal.
Picchio introdujo el primer perro de oso de Carelia de Japón en 2004, importando el concepto del Wind River Bear Institute de Estados Unidos. Actualmente, dos perros y dos manejadores trabajan a tiempo completo. En 2018, Picchio logró la primera cría exitosa de perros antiosos de Japón: "Elf", uno de los dos cachorros que superaron las rigurosas pruebas de aptitud, trabaja hoy activamente sobre el terreno.
Vigilancia 24/7
Salvo durante la temporada de hibernación, Picchio opera a diario. Los turnos de noche (de 23:00 a 7:00) son especialmente cruciales: el personal patrulla la localidad con antenas para detectar las señales de los transmisores. Cuando un oso se acerca a las zonas habitadas, se actúa de inmediato.
Colaboración con la comunidad
El éxito de Picchio no se basa solo en la pericia profesional, depende de la cooperación de toda la comunidad.
Sistemas de basura a prueba de osos
Picchio desarrolló contenedores de basura especiales que no vuelcan ni siquiera cuando un oso grande los sacude, con asas diseñadas para que las garras del oso no puedan abrirlas. Resultado: los más de 100 incidentes anuales de asalto a la basura se redujeron a cero en 2009.
Formación en vallas eléctricas
Los apicultores y agricultores locales reciben orientación sobre la instalación y el mantenimiento de vallas eléctricas. Una gestión adecuada del voltaje ha reducido notablemente los daños a los cultivos.
Educación desde el primer día
Las escuelas primarias de Karuizawa regalan cascabeles antiosos a los alumnos de primer curso. Picchio imparte cada año clases en las que enseña a los niños sobre la ecología de los osos y cómo actuar ante un encuentro. A veces, los propios niños ponen nombre a osos recién marcados: "234 (Kunikun)" fue bautizado por alumnos del distrito de Kazakoshi.
Impacto económico: la seguridad protege el valor
El municipio de Karuizawa paga a Picchio unos 24 millones de yenes (unos 160.000 dólares) al año por la gestión de los osos. Esta inversión ofrece un retorno considerable.
Protección del turismo
El Karuizawa Prince Shopping Plaza, junto a la estación, genera 59.000 millones de yenes (unos 390 millones de dólares) en ventas anuales. Su director general subraya que el atractivo de Karuizawa reside en "comprar rodeado de naturaleza", algo que solo funciona cuando los visitantes se sienten seguros.
Valor inmobiliario
Los precios del suelo en Karuizawa han subido durante 13 años consecutivos, y el distrito del Viejo Karuizawa mantiene los precios más altos de la prefectura de Nagano por tercer año seguido. Las zonas prémium alcanzan entre 400.000 y 600.000 yenes por tsubo (unos 1.100-1.650 dólares por metro cuadrado), y las villas de lujo se venden desde 200 millones hasta más de 2.000 millones de yenes (de 1,3 a más de 13 millones de dólares).
Mientras otras localidades turísticas japonesas se hundieron tras el estallido de la burbuja, Karuizawa ha conservado su valor. ¿Un factor clave? La tranquilidad que aporta una gestión profesional de la fauna silvestre.
¿Por qué no puede extenderse a todo el país?
Pese al interés nacional, varios obstáculos impiden replicar con facilidad el modelo de Karuizawa.
Los perros de oso de Carelia son muy difíciles de criar, y Picchio sigue siendo la única organización de Japón que los emplea para la gestión de osos. Incluso cuando la cría tiene éxito, no todos los cachorros superan las exigentes pruebas de aptitud necesarias para el servicio activo.
Formar a personal profesional de gestión de osos lleva años. El equipo de siete personas de Picchio posee una experiencia profunda: conocen la personalidad individual de cada oso y pueden adaptar su actuación en consecuencia.
Por último, la mentalidad de inversión a largo plazo y la cooperación a tres bandas entre administración, vecinos y expertos que Karuizawa ha cultivado son difíciles de establecer en otros lugares.
2025: sacrificio mínimo, máxima seguridad
En 2025, Karuizawa sacrificó un solo oso, un ejemplar que cruzó repetidamente el límite entre humanos y fauna y que se consideró demasiado peligroso. En medio de los debates nacionales sobre el sacrificio masivo, el enfoque de Karuizawa demuestra que la seguridad humana puede lograrse con una pérdida mínima de vidas animales.
Como dice un miembro del equipo de Picchio: "Una vez que ponemos nombre a un oso, nos comprometemos a gestionarlo y a responder por ese individuo como corresponde". Esta sencilla frase resume toda su filosofía.
Japón vive actualmente un intenso debate sobre la coexistencia entre osos y humanos. El modelo de Karuizawa se reconoce como un enfoque realista que prioriza la seguridad humana sin renunciar al compromiso con una gestión no letal siempre que sea posible.
¿Cómo gestiona tu país la fauna silvestre que se adentra en los espacios humanos? ¿Qué enfoques existen para coexistir con osos u otros grandes animales? Nos encantaría conocer tus experiencias y perspectivas.
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