🌬️ Los molinos que iban a ser el símbolo del compromiso ambiental están desapareciendo uno tras otro. En Japón se han desmantelado más de 420 aerogeneradores en diez años. Las turbinas levantadas durante el auge renovable de los años 2000 llegan a la vez al final de sus 20 años de vida útil y al final del periodo de tarifa garantizada, y dejan de dar dinero. La eólica japonesa está en una encrucijada.
Más de 420 turbinas desmontadas
Según la Asociación Japonesa de Energía Eólica (JWPA), se desmantelaron 425 aerogeneradores en los diez años hasta el ejercicio 2024. El ritmo se disparó a partir de 2020: 335 de esas retiradas, en torno al 80%, se concentran en los últimos cinco años. Solo en el ejercicio 2021 desaparecieron 114 turbinas de golpe, y desde entonces la cifra se mueve entre 46 y 77 al año.
Dos factores coinciden.
El primero es la vida útil. Las normas internacionales fijan en unos 20 años la vida de diseño de un aerogenerador grande. El auge constructor japonés se produjo a principios de los 2000, cuando el Protocolo de Kioto disparó el interés por las renovables y el Estado y los municipios se lanzaron a levantar molinos. Dos décadas después, muchos han llegado a su límite físico.
El segundo es el fin de la tarifa garantizada. El sistema FIT japonés obliga a las eléctricas a comprar la electricidad renovable a precio fijo durante un plazo determinado, que en eólica es de 20 años. Cuando ese plazo acaba, el precio pasa a seguir al mercado y suele caer a la mitad o menos.
El equipo se rompe y el ingreso se parte por la mitad al mismo tiempo. Eso es lo que está ocurriendo.
Lo que cuesta construir y lo que cuesta quitar
Conviene mirar casos concretos.
Daisen, prefectura de Tottori, levantó en 2005 un aerogenerador de unos 120 metros por unos 440 millones de yenes (unos 2,9 millones de dólares) con la idea de convertirlo en un símbolo de la conservación ambiental. Con 1.500 kW de potencia vendía cada año el equivalente al consumo de 450 hogares y en el ejercicio 2024 ingresó unos 40 millones de yenes (unos 260.000 dólares). La tarifa garantizada venció en mayo de 2025 y a partir de junio los ingresos iban a caer a la mitad; mantenerlo en marcha exigía además más de 35 millones de yenes (unos 230.000 dólares) en reparaciones. El municipio decidió retirarlo y la turbina se desmontó en octubre de 2025. De los 106,8 millones de yenes (unos 700.000 dólares) que costó la operación, el ayuntamiento puso 47,95 millones (unos 310.000 dólares) y el resto lo pagó la empresa que se adjudicó el terreno en subasta. El consistorio sostiene que cumplió su función simbólica; un concejal local replica que con una máquina más pequeña desde el principio habría sobrevivido.
Setana, en Hokkaido, es el caso más simbólico. El antiguo municipio de Seta, antes de la fusión, instaló en 2004 los dos primeros aerogeneradores marinos de Japón, bautizados Kazamidori, por 690 millones de yenes (unos 4,6 millones de dólares) incluyendo la subvención estatal. Ingresaban unos 50 millones de yenes anuales (unos 330.000 dólares), pero las averías los pararon en 2023 y 2024 y, con la caída de ingresos a la vista, el municipio renunció a mantenerlos. La retirada está prevista para el ejercicio 2026: en junio de 2025 se presupuestaron 40 millones de yenes para el estudio y el proyecto, y el desmontaje se calcula en unos 400 millones de yenes (unos 2,7 millones de dólares). El balance acumulado de venta de electricidad menos construcción y mantenimiento era un beneficio de 43 millones de yenes (unos 280.000 dólares), que la factura de la demolición se lleva por delante varias veces.
Shonai, prefectura de Yamagata, en una zona conocida por uno de los tres peores vientos de Japón, gastó unos 150 millones de yenes (unos 990.000 dólares) en retirar una turbina de 2002. El municipio explicó que mantenerla habría dado pérdidas.
Por qué la eólica no sale rentable en Japón
Hay razones estructurales.
Tifones y rayos: Japón recibe varios tifones al año y tiene una incidencia alta de rayos. Frente a los vientos del oeste estables de Europa, aquí las rachas y los temporales dañan componentes. Ha habido casos de turbinas averiadas por rayos que, al ser de fabricación extranjera, tardaron meses en repararse, e instalaciones que llegaron a generar apenas una decena de días al año.
Humedad alta: el clima cálido y húmedo acelera el deterioro de la electrónica y de las piezas mecánicas. Con el mismo equipo, la durabilidad tiende a quedarse corta respecto a lo previsto.
Instalaciones pequeñas y dispersas: buena parte de las turbinas de los 2000 eran proyectos municipales de una o dos unidades. Comparadas con un parque eólico, rinden peor en operación y no dan escala al mantenimiento.
Dependencia de fabricantes extranjeros: la mayoría de los equipos instalados en Japón son importados. Conseguir piezas y organizar reparaciones lleva tiempo y dinero, y la red de mantenimiento nacional no estaba suficientemente formada.
El mercado japonés, sin embargo, sigue creciendo
Si se mira el conjunto, el paisaje cambia.
A cierre de diciembre de 2024, la potencia eólica acumulada en Japón era de 5.840,4 MW repartidos en 2.720 turbinas. Ese año se instalaron 703,3 MW y 170 turbinas en 23 emplazamientos, un récord, frente a 40,3 MW y 50 turbinas retiradas, lo que deja un saldo neto de 663 MW. La potencia media de las máquinas nuevas fue de 3,7 MW, otro orden de magnitud respecto a las de 1 a 1,5 MW de los 2000.
En enero de 2024 entró en operación comercial el parque marino de cimentación fija del nuevo puerto de la bahía de Ishikari, en Hokkaido, con 14 turbinas y unos 100 MW. Antes ya funcionaban 33 turbinas en los puertos de Akita y Noshiro. El Séptimo Plan Estratégico de Energía fija la eólica entre el 4 y el 8% del mix eléctrico de 2040 y plantea como objetivo la maduración de 15 GW de proyectos de eólica marina flotante para ese año.
El impulso, sin embargo, no se sostuvo. A cierre de 2025 la potencia acumulada llegó a 6.434,2 MW y 2.866 turbinas, pero la nueva instalación cayó a 625,0 MW y ningún parque marino entró en operación comercial en todo el año. Los buenos emplazamientos terrestres se agotan, las evaluaciones ambientales tardan años y la eólica marina, que debía tomar el relevo, va con retraso.
El envejecimiento de los molinos es un problema global
La retirada masiva no es exclusiva de Japón.
Se calcula que entre 2023 y 2033 unos 275 GW de eólica terrestre cumplirán 20 años de operación en el mundo. Solo en Europa, 80 GW alcanzarán su vida de diseño antes de 2030 y más de 34.000 turbinas tendrán que decidir su futuro. En Alemania, el fin de las primas de la ley de renovables (EEG) obliga a elegir entre desmantelar o repotenciar.
La diferencia está en lo que se hace después.
En Europa se ha impuesto la extensión de vida útil: renovando palas, multiplicadoras y sistemas de control se consigue alargar la operación una década más allá de la vida de diseño. En Dinamarca y España no es raro ver turbinas con 25 o 30 años de servicio, y algunos países exigen inspecciones de seguridad por terceros a partir de los 20 años.
La repotenciación, retirar máquinas pequeñas y viejas para poner en el mismo sitio otras mayores y más eficientes, también está extendida. Se prevé que la capacidad repotenciada anual en Europa y Norteamérica alcance los 19 GW en la próxima década.
En Japón han empezado a montarse ayudas a la repotenciación, pero el trabajo está a medias.
Lo que Japón debería aprender
Las más de 420 turbinas retiradas son la salida de escena de la primera generación, la que se construyó en los 2000 a golpe de subvención y de símbolo ambiental. Visto de otro modo, es el dolor de la transición desde la era de las subvenciones hacia la de la competencia de mercado.
Las claves de aquí en adelante son bajar el coste de generación con instalaciones mayores, montar una red de mantenimiento nacional y aprovechar el potencial marino. Japón es un archipiélago rodeado de mar, y la eólica flotante en su zona económica exclusiva es una opción capaz de cambiar su seguridad energética.
Pero el mar tampoco es terreno fácil. El 27 de agosto de 2025, Mitsubishi Corporation anunció formalmente su retirada de las tres zonas marinas que se había adjudicado en la primera ronda: dos frente a la prefectura de Akita y una frente a Choshi, en Chiba. Ganó aquella subasta de 2021 con precios sensiblemente más bajos que sus competidores, y después la inflación de materiales, la debilidad del yen y la subida de tipos llevaron el coste de construcción a más del doble de lo previsto. Su socio Chubu Electric Power prevé unas pérdidas del orden de 17.000 millones de yenes. Las tres zonas se volverán a licitar y el gobierno está rehaciendo las reglas del concurso. Japón tiene ahora dos preguntas abiertas a la vez: quién paga el desmantelamiento en tierra y cómo se asegura la rentabilidad en el mar.
La eólica japonesa se enfrenta menos a la pregunta de cómo construir que a la de qué hacer después. Hace falta una estrategia larga que incluya la retirada y la renovación, no solo la subvención inicial. ¿Cómo se aborda en tu país la vida posterior de las instalaciones renovables, el envejecimiento y el final de los sistemas de apoyo? Cuéntanoslo.
Este artículo se publicó con información de la primera mitad de 2026. Los datos de instalación de 2025 y lo ocurrido tras la primera ronda de eólica marina se añadieron en julio de 2026.
Referencias
- https://news.yahoo.co.jp/articles/d7474f7496f673b5b062c2fa8ff133cdc0bb16a5
- https://jwpa.jp/information/11062/
- https://www.meti.go.jp/shingikai/santeii/pdf/112_01_00.pdf
- https://windjournal.jp/123272/
- https://wa.city.noshiro.lg.jp/wind/443/
- https://www.nikkei.com/article/DGXZQOFC1037R0Q5A710C2000000/
- https://windjournal.jp/124665/
- https://business.nikkei.com/atcl/gen/19/00620/100800020/
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