🌀 Deja a alguien solo en una sala vacía, dile que camine sin rumbo y resulta que sus pies ya eligieron lado. Y no es el que esa persona creería. Un estudio realizado en España y Japón descubrió que, cuando la gente se mueve con libertad, alrededor del 65% deriva en sentido antihorario. Nadie se lo indica. Casi nadie se da cuenta. Y los científicos que lo encontraron ni siquiera lo estaban buscando.

Un hallazgo que nadie perseguía

Todo empezó con la regla de los dos metros.

Durante la pandemia de COVID-19, un equipo de la Universidad de Navarra hacía un experimento muy práctico: ¿cuántas personas caben en una sala antes de que ya no puedan mantener una distancia segura entre ellas? Metieron a los voluntarios en un espacio cerrado, les pidieron que caminaran y midieron el punto en el que las burbujas personales empezaban a estallar.

Entonces alguien miró las imágenes cenitales y notó algo raro. La multitud no deambulaba al azar. Promediada, giraba despacio, como un café removido por una cuchara invisible. Y siempre giraba igual: en sentido antihorario.

En 32 de 33 pruebas, la deriva apareció en ese mismo sentido. Eso ya no se descarta como casualidad.

Vista cenital del experimento: los peatones derivan en sentido antihorario

Fuente: 2026 Echeverria-Huarte et al. (CC-BY-ND), via Universidad de Tokio

"¿Y esto no será cosa de españoles?"

La objeción evidente: quizá los españoles caminan raro.

En buena parte de Europa la gente esquiva por la derecha. En Japón, por la izquierda. Si la dirección del giro fuera solo una herencia de los hábitos de tránsito locales, Japón debería dar la imagen invertida: una multitud en sentido horario.

Así que el equipo español se alió con investigadores de la Universidad de Tokio, entre ellos Claudio Feliciani (entonces en Tokio, hoy en la Universidad de Waseda) y el profesor Katsuhiro Nishinari, que lleva años estudiando la física de las multitudes y los atascos. Repitieron los experimentos en Japón.

Japón también giró en sentido antihorario.

A lo largo de cinco experimentos en dos países —en círculos, en cuadrados, en espacios abiertos, con paredes y sin ellas— se repetía el mismo tirón hacia la izquierda. El equipo revisó a los sospechosos habituales: mano dominante, ojo dominante, sexo. Ninguno lo explicaba.

La parte que da risa de verdad

Dos resultados llevan esto de "qué curioso" a "no me lo puedo creer".

Primero, preguntaron a la gente hacia qué lado creía que giraban las multitudes. La mayoría dijo que en sentido horario. Se equivocaban en grupo y con total seguridad sobre su propia conducta. Sea lo que sea lo que nos dirige, funciona en silencio, en algún lugar que no vemos.

Segundo, los niños de cinco años también lo hacen. Datos de experimentos previos con pequeños en Japón mostraban la misma preferencia antihoraria, incluso algo más marcada. Los niños no han tenido tiempo de absorber décadas de etiqueta peatonal. Cuando un preescolar y un oficinista de Tokio se inclinan hacia el mismo lado, esto empieza a parecer menos una costumbre y más un ajuste de fábrica.

Entonces, ¿por qué lo hacemos?

La respuesta honesta de los investigadores: todavía no lo saben.

Pero el modo en que no lo saben resulta interesante. El remolino colectivo, se descubrió, no es en realidad un fenómeno de masas. Lo provoca una minoría con una fuerte preferencia personal por girar a la izquierda, y esos pocos bastan para desviar el promedio de todo el grupo. El patrón colectivo no es más que la suma, ampliada, de manías individuales.

Feliciani lo resume sin rodeos: en la naturaleza, casi todos los animales caminan sin preferencia de lado. Un sesgo fuerte y constante en los humanos apunta a alguna asimetría incorporada en cómo se mueve nuestro cuerpo, o en cómo el cerebro procesa el mundo mientras avanzamos. El artículo va más lejos y sugiere que podría ser una pequeña grieta visible de un principio biológico más profundo: esa "ruptura de simetría" que tanto gusta a los físicos, cuando un sistema en perfecto equilibrio decide, sin motivo aparente, favorecer un lado.

Dicho de otro modo, tu tendencia a tirar hacia la izquierda en una plaza vacía quizá sea una ventana diminuta al cableado de tu cerebro y tu cuerpo, o quizá solo una rareza de los pies. El equipo sigue tras la respuesta.

No es (solo) un dato curioso

Bajo la curiosidad se esconde una utilidad. Quienes modelan el flujo de multitudes en estaciones, estadios, festivales y rutas de evacuación podrían incorporar esta inclinación a la izquierda, y el estudio sugiere que los recorridos diseñados en sentido antihorario podrían resultar más cómodos de caminar. Para un país como Japón, donde el cruce de Shibuya y el Shinjuku en hora punta son física de multitudes aplicada cada día, no es un detalle menor.

Anímate a probarlo

Lo más divertido es que no puedes hacer este experimento a propósito. En el instante en que piensas "vale, voy a caminar al azar", ya no caminas al azar: lo más probable es que te pases de frenada y marches en sentido horario solo para llevarles la contraria a los científicos.

Pero la próxima vez que vagues por un museo, des vueltas por un vestíbulo amplio o camines de un lado a otro hablando por teléfono, mira hacia dónde te han llevado los pies. Hay bastantes posibilidades de que te hayan estado guiando hacia la izquierda.

Japón y España giran en el mismo sentido. ¿Hacia dónde crees que van tus pies?

Referencias

  • Universidad de Tokio, nota de prensa / EurekAlert (10 de junio de 2026)
  • Nature Communications, DOI: 10.1038/s41467-026-73713-w