🛰 Todo habrá terminado en la tercera parte de un parpadeo.
Hacia las 18:30 hora de Japón del 5 de julio de 2026, la sonda Hayabusa2 de JAXA pasará junto al asteroide Torifune a unos 5 kilómetros por segundo, a apenas 1 kilómetro del centro del asteroide. A esa velocidad, cruzar un cuerpo de unos 500 metros toma solo 0,1 segundos. Cinco años y medio después de entregar las muestras del asteroide Ryugu, la veterana sonda japonesa enfrenta un desafío completamente nuevo: fotografiar un asteroide al vuelo.
Un viaje que no terminó en Ryugu
Hayabusa2 despegó en diciembre de 2014 a bordo de un cohete H-IIA. Llegó al asteroide Ryugu en junio de 2018, acumuló una serie de primicias mundiales, incluida la creación de un cráter artificial en la superficie de un cuerpo pequeño, y regresó a la Tierra en diciembre de 2020 con unos 5,4 gramos de muestras. Ahí terminaba su misión original. Pero la sonda aún tenía combustible, y JAXA la envió de vuelta al espacio profundo en una misión extendida de una década llamada Hayabusa2# (se pronuncia «sharp»). El «#» significa SHARP: Small Hazardous Asteroid Reconnaissance Probe (sonda de reconocimiento de asteroides pequeños y peligrosos).
La meta final es un encuentro con el asteroide 1998 KY26 en julio de 2031. Volar en formación con este objeto diminuto y de rotación rápida sería una primicia mundial. La ruta incluye maniobras de asistencia gravitatoria con la Tierra en diciembre de 2027 y junio de 2028. Pero antes de todo eso llega el primer encuentro con un asteroide de la misión extendida: el sobrevuelo de Torifune, el primer hito en el camino hacia el destino final.
Una cita con Torifune: 5 de julio, 18:30
El 9 de junio de 2026, JAXA anunció el horario del sobrevuelo. El máximo acercamiento ocurrirá hacia las 18:30 hora de Japón del domingo 5 de julio (alrededor de las 9:30 UTC), a una distancia de aproximadamente 1 kilómetro del centro de Torifune y a una velocidad relativa de unos 5 km/s. La agencia advierte que el horario puede variar según las condiciones operativas.
La fecha ya era pública desde diciembre de 2025. Pero Torifune rota una vez cada cinco horas aproximadamente, así que desplazar apenas el momento del paso cambia qué cara del asteroide queda a la vista. Elegir qué lado fotografiar, sumado al estado operativo de la sonda y a la selección de estaciones terrestres, explica que la hora exacta se anunciara recién un mes antes del encuentro.

Fuente: JAXA (©Akihiro Ikeshita)
Torifune (asteroide número 98943, antes designado 2001 CC21) es un asteroide cercano a la Tierra descubierto en 2001 por el programa estadounidense LINEAR. Su nombre proviene de Ame-no-torifune, una deidad de la mitología japonesa que también da nombre a una nave divina capaz de viajar veloz como un ave y estable como una roca. JAXA organizó una campaña pública de nombres a fines de 2023, y un comité de selección formado por nueve escolares japoneses debatió las propuestas y eligió la ganadora, que la Unión Astronómica Internacional aprobó formalmente en septiembre de 2024. El nombre encierra un deseo: que este encuentro a alta velocidad transcurra sin contratiempos.
Por qué una ventana de 0,1 segundos es tan difícil
Cinco kilómetros por segundo alcanzan para recorrer los 400 km entre Tokio y Osaka en unos 80 segundos. A ese ritmo, Hayabusa2 rozará un cuerpo estimado en unos 500 metros de ancho. El cruce dura apenas 0,1 segundos.
Y ese «unos 500 metros» es solo una estimación. Observaciones previas desde tierra sugieren que Torifune podría ser alargado y no redondo. El equipo debe planificar la distancia de máximo acercamiento frente a un objeto cuyo tamaño y forma exactos se desconocen: lo bastante cerca para obtener buenos datos, pero no tanto como para que un asteroide inesperadamente largo se convierta en riesgo de colisión. Es caminar por la cuerda floja con información incompleta.
Hay una complicación más de fondo: Hayabusa2 nunca fue diseñada para esto. En Ryugu, la sonda llegó primero y observó con calma, flotando junto a su objetivo durante más de un año. Para obtener datos valiosos en un único paso a alta velocidad, no le queda otra opción que acercarse a Torifune tanto como sea seguro.
Cuanto más cerca vuelas, menos tienes que girar
Aunque suene contradictorio, volar más cerca también facilita la observación en un aspecto clave. Las cámaras de Hayabusa2 están fijas al cuerpo de la nave; no hay plataforma giratoria. Para mantener a la vista un asteroide que pasa, toda la sonda debe rotar. En un paso lejano, el objetivo empieza a desplazarse por el campo visual desde muy temprano, lo que obliga a cambios de orientación grandes y continuos. En un paso muy cercano, el objetivo permanece casi en el mismo punto del encuadre hasta justo antes del máximo acercamiento, y bastan ajustes pequeños.
Piensa en cruzarte con alguien en un pasillo largo. Para seguir a una persona que atraviesa un corredor lejano, tienes que girar la cabeza todo el tiempo, y la distancia difumina su rostro de todos modos. En cambio, alguien que camina directo hacia ti se mantiene casi en la misma dirección hasta el instante en que se cruzan, y sus rasgos se vuelven más nítidos a cada paso. Esa segunda situación es la que busca Hayabusa2. El momento mismo del cruce será demasiado rápido para seguirlo, así que la observación se cierra justo antes del máximo acercamiento.
Después de DART: el aporte japonés a la «puntería» espacial
El sobrevuelo ultracercano de Torifune es ciencia, pero también un peldaño hacia la defensa planetaria: el esfuerzo internacional por detectar a tiempo los asteroides que se acercan a la Tierra, vigilarlos y actuar para evitar o reducir daños si surge una amenaza de impacto.
La mayor demostración del campo hasta ahora vino de la NASA. En septiembre de 2022, la misión DART estrelló deliberadamente una nave contra Dimorphos, una pequeña luna del asteroide Didymos, y acortó de forma medible su periodo orbital. Fue la primera prueba de que la humanidad puede modificar la trayectoria de un asteroide.
Pero impactar una sonda contra un cuerpo celeste pequeño exige una guía extremadamente precisa. JAXA explica que uno de los objetivos del sobrevuelo de Torifune es justamente reunir datos fundamentales para esa tecnología: dirigir con exactitud una nave hasta impactar un cuerpo pequeño. Hayabusa2 será operada para no chocar contra Torifune, pero atravesar a propósito un margen de 1 kilómetro junto a un asteroide de clase 500 metros es un ensayo directo de la navegación que necesitaría una futura misión de desviación.
El encuentro de 2031 con 1998 KY26 está en esa misma línea. JAXA ha estimado este asteroide en unos 30 metros de diámetro, pero observaciones publicadas por un equipo liderado desde Europa en septiembre de 2025 sugieren que podría medir apenas unos 11 metros, no mucho más que la propia sonda. Objetos tan pequeños pueden sobrevivir al paso por la atmósfera terrestre, así que saber si son monolitos sólidos o montones sueltos de rocas es un dato crucial para diseñar cualquier estrategia contra impactos.
Con Ryugu, Japón mostró al mundo cómo traer un asteroide a casa. Ahora trabaja en cómo acercarse a uno con precisión milimétrica. La tarde del 5 de julio, vale la pena estar atentos a 0,1 segundos que ocurrirán en lo profundo del espacio, muy lejos de la Tierra.
En Japón, la idea de una sonda persiguiendo un asteroide bautizado por escolares con el nombre de una nave mitológica ha despertado interés en todas las generaciones. ¿Cuánta atención reciben las misiones a asteroides y la defensa planetaria en tu país?
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