Parece un helado de máquina que ha perdido una discusión con la gravedad. Tres de ellos, ninguno más alto que una caja de cerillas, acaban de empujar a toda una familia de amonites unos diez millones de años más allá de la fecha que los manuales daban para su extinción.

Reconstrucción en vida de Heterocarinella japonica. El cuerpo blando y el dibujo de la concha son imaginados, porque no hay fósiles que los documenten. Ilustración de Daisuke Aiba, cortesía del Instituto Geológico Fukada
Tres piedras que esperaron veinte años en un cajón de museo
Nadie salió al campo a desenterrarlos para este estudio. Dos de los tres fósiles los recogieron hace más de veinte años dos investigadores aficionados. El tercero lo levantó del suelo hace unos quince años un estudiante de la Universidad Nacional de Yokohama que preparaba su tesina. Los tres quedaron registrados en la colección del Museo Municipal de Mikasa, en Hokkaido, y ahí se quedaron.
En 2025, Daisuke Aiba, investigador principal del Instituto Geológico Fukada, en el distrito tokiota de Bunkyo, los pasó por un escáner de tomografía de rayos X. El artículo salió en acceso abierto el 29 de agosto de 2026 en Paleontological Research, la revista en inglés de la Sociedad Paleontológica de Japón (vol. 30, pp. 164-173), y el instituto lo anunció dos días después, el 31 de agosto.
Los animales eran pequeños. Las tres conchas miden 4,2, 1,6 y 1,7 centímetros de altura. "Es lo que llamamos un amonite heteromorfo, con forma de caracol marino, y el mayor tiene una altura de concha de 4,2 centímetros", explicó Aiba a la cadena de Hokkaido HTB.

Los tres ejemplares fósiles de Heterocarinella japonica, todos conservados en el Museo Municipal de Mikasa. Cortesía del Instituto Geológico Fukada
Ya tienen nombre: Heterocarinella japonica. Hetero- viene del griego "diferente" y lo señala como heteromorfo, uno de los amonites que abandonaron la espiral plana. Carine- viene del latín "quilla". Japonica alude a Japón. Y la quilla es la clave: una arista afilada en el flanco de la concha que, según el artículo, ningún otro género de la familia tiene.
Una familia que ya debería haber desaparecido
Esa familia son los turrilítidos, y hasta este artículo sus fechas parecían cerradas. Del Albiense medio al final del Cenomaniense, hace unos 108 a 93,9 millones de años, y después nada: desaparecidos en el límite Cenomaniense-Turoniense, junto con una larga lista de grupos marinos, durante el Evento Anóxico Oceánico 2.
Los tres fósiles de Hokkaido proceden de estratos del Santoniense, de hace unos 86,3 a 83,6 millones de años. Es decir, unos diez millones de años al otro lado de la raya, en rocas donde solo deberían aparecer los nostoceratidos, una familia posterior de amonites con forma de tornillo que va del Turoniense al final del Maastrichtiense.
"Se encontró en estratos de una época en la que se creía que los turrilítidos ya se habían extinguido, y este hallazgo demuestra que no habían desaparecido, sino que habían sobrevivido", dijo Aiba.
Distinguir las dos familias a simple vista es casi imposible. Las dos parecen caracoles marinos. La diferencia está dentro de la concha, en el sifúnculo, el tubo fino que atraviesa las cámaras: cerca del borde superior de la vuelta en la mayoría de los turrilítidos, en la parte media o baja en los nostoceratidos. La tomografía permitió mirar sin romper nada. Lo que Aiba vio colocó estos fósiles en la familia antigua. Según el instituto, es el primer género nuevo de turrilítidos descrito en Japón en unos 150 años de paleontología japonesa.
Europa tenía el mismo fósil archivado en la familia equivocada
Cuando Aiba repasó la bibliografía, Tridenticeras, un género del Turoniense y el Coniaciense europeo aparcado durante décadas entre los nostoceratidos, también tenía el sifúnculo en la posición de los turrilítidos. Llevaba mal archivado todo ese tiempo, a la vista de cualquiera.
El artículo es poco diplomático al explicar por qué. El error, dice, vino del escaso conocimiento del sifúnculo, una estructura interna que nadie podía ver sin abrir el fósil, y de la tendencia a anteponer la coherencia estratigráfica a los caracteres morfológicos. Dicho sin rodeos: si todo el mundo sabe que una familia se extinguió hace 93,9 millones de años, un ejemplar de hace 90 millones no puede pertenecer a ella, así que se asigna a otro sitio y la fecha de extinción sobrevive otra década sin que nadie la discuta. El razonamiento gira en círculo, y hace falta un escáner para romperlo.
Por qué Hokkaido sigue dando estos fósiles
La explicación es el Grupo Yezo. Esa pila de roca marina cretácica recorre la espina dorsal de Hokkaido desde los alrededores de Urakawa, en el sur, hasta el cabo Soya, en el extremo norte, y continúa al otro lado de la frontera, en la Sajalín rusa. Supera los 8.000 metros de espesor y tardó más de 50 millones de años en acumularse, entre hace unos 120 y 68 millones de años. De ahí se han descrito más de 500 especies de amonites.
Quien nunca haya oído hablar del Grupo Yezo habrá visto igualmente uno de sus fósiles. Nipponites mirabilis, nombrado por Yabe en 1904 sobre un ejemplar de Obira, en Hokkaido, que hoy se conserva como UMUT MM7560, es ese amonite enredado que aparece en casi cualquier libro divulgativo sobre conchas raras. Es un género bautizado con el nombre de Japón, y era conocido fuera del país mucho antes que los dinosaurios japoneses. En 2016, cuando la Sociedad Geológica de Japón eligió una roca, un mineral y un fósil para cada una de las 47 prefecturas, el fósil de Hokkaido fue el amonite. El Museo Municipal de Mikasa, donde viven los nuevos ejemplares, expone unos 1.000 fósiles, entre ellos unos 600 amonites de unas 190 especies.
El artículo de Aiba añade un guion concreto a esa fama general. Los turrilítidos, extendidos en su día por todo el mundo, sobrevivieron al evento anóxico, se replegaron a Europa durante el Turoniense y el Coniaciense y acabaron aguantando solo en el Pacífico noroccidental. El mar cretácico que cubría la actual Hokkaido parece haber sido su última dirección, un refugio que otros grupos de amonites también usaron.
¿Fracasos o ingeniería?
Los heteromorfos llevan un siglo mal tratados. Durante mucho tiempo se los despachó como experimentos evolutivos extravagantes o como degenerados, leídos a través del tipostrofismo de Otto Schindewolf, según el cual los linajes envejecen y decaen igual que los individuos.
Esa lectura empezó a romperse en los años ochenta, cuando Takashi Okamoto demostró con un modelo de crecimiento que el enrollamiento aparentemente caótico de Nipponites podía derivarse de un antepasado helicoidal con un pequeño cambio en los parámetros de crecimiento, y que ese serpenteo pudo servir para estabilizar la postura del animal. En 2020, un modelo hidrostático de Peterman, Mikami e Inoue concluyó que Nipponites mantuvo la flotabilidad neutra durante toda su vida, con valores de estabilidad de 0,07 a 0,10, algo por encima del nautilo actual, y que probablemente pasaba el día girando despacio sobre sí mismo a la caza de plancton. Una revisión de 2021 contó cuatro ocasiones independientes en que la heteromorfia apareció entre los amonoideos, y defendió que la adaptación a una vida planctónica pudo empujar la selección hacia crías más pequeñas y una fecundidad mayor.
Cuatro orígenes independientes son un número difícil de digerir para la teoría de la degeneración. Lo que sigue abierto es cuánto de esa forma es adaptación y cuánto un subproducto del desarrollo que simplemente no resultó letal. Heterocarinella no lo resuelve. Lo que hace es añadir una quilla que nadie esperaba, sobre un animal que no debería haber estado vivo.
Lo que se pierde cuando la cámara solo mira a los dinosaurios
Aiba nació en Tokio en 1989 y se doctoró en la Universidad Nacional de Yokohama. Fue investigador y conservador del Museo Municipal de Mikasa antes de pasar al Instituto Geológico Fukada y, fuera de las revistas, se le conoce sobre todo por haber ideado y supervisado el Museo de Fósiles Pokémon, una exposición itinerante que se estrenó en el Museo Municipal de Mikasa en julio de 2021 y que, según el Museo Nacional de Naturaleza y Ciencia, está en el Field Museum de Chicago desde el 22 de mayo de 2026 en su primera etapa fuera de Japón.
Los fósiles de este hallazgo llevaban años fuera de la roca y catalogados. Lo que hizo falta fue un escáner y alguien dispuesto a dudar de una fecha que ya nadie comprobaba. La recompensa de los dos aficionados es que sus piedras son ahora la base física de un género. La taxonomía de invertebrados rara vez atrae a un equipo de televisión, pero es ahí donde se reescribe de verdad el calendario de la vida, cajón a cajón.
El instituto incluso adjuntó a su nota de prensa una advertencia para los periodistas: los fósiles proceden de los estratos, no se excavan, porque el verbo japonés para excavar pertenece a la arqueología y se aplica a objetos hechos por el hombre. Una disciplina que vigila así sus propios verbos no es una disciplina apagada.
Los fósiles se conservan en el Museo Municipal de Mikasa y está previsto que se exhiban al público, aunque a fecha de la información del 1 de septiembre de 2026 no se había anunciado ninguna fecha.
Así que dígalo usted: ¿cuál es el gran yacimiento de fósiles de su país y va alguien a verlo? Y una más incómoda, viendo cuántos de los mejores ejemplares del mundo están en museos lejísimos de donde aparecieron. ¿Deberían los países restringir la exportación de fósiles, o eso solo frena la ciencia?
Referencias
- https://fukadaken.or.jp/?p=9866
- https://doi.org/10.2517/prpsj.260014
- https://www.jstage.jst.go.jp/article/prpsj/30/0/30_260014/_article
- https://news.yahoo.co.jp/articles/1b62da00882dd5aa0e8f310337e7bb22c19483df
- https://news.yahoo.co.jp/articles/8015892c91d4588dc84016edd175908f7c98eb5c
- https://www.city.mikasa.hokkaido.jp/museum/detail/00001351.html
- https://museum.bunmori.tokushima.jp/museum_documents/museumnews/mnews070/070_2-3_cc.html
- https://www.um.u-tokyo.ac.jp/UMUTopenlab/en/library/b_12.html
- https://doi.org/10.1371/journal.pone.0235180
- https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/33438316/
- https://scienceportal.jst.go.jp/stories/20260327_s01/
- https://www.gsj.jp/Muse/prefrock/index.html
- https://prtimes.jp/main/html/rd/p/000000972.000047048.html
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