🐱 Esas orejas dobladas que hacen que el Scottish Fold parezca un pequeño búho no son una gracia: nacen de una mutación genética. Y ahora un equipo japonés ha encontrado algo todavía más curioso. Hay gatos que parecen tener las orejas perfectamente erguidas y que, en secreto, llevan ese mismo gen. Los llaman «pliegues ocultos», y el hallazgo aterriza justo en medio de un debate mundial sobre si esta raza debería criarse siquiera.

Un gato al que las orejas se le enderezaron con el tiempo

El aspecto característico del Scottish Fold no es cuestión de cuidados. Procede de una sola mutación en un gen llamado TRPV4, que ayuda a las células del cartílago a responder a su entorno y modela cómo se desarrollan las orejas y las articulaciones. Con una copia de la mutación, las orejas se doblan hacia delante. Esa ha sido la regla de manual durante décadas.

Un equipo dirigido por Yuki Matsumoto, profesor asociado de genética animal en el Centro de Ciencia de Datos de la Universidad de Azabu, junto con la división de investigación de Anicom, decidió poner a prueba esa regla con datos reales. Criadores y veterinarios llevaban tiempo comentando que existían gatos de orejas erguidas que parecían portar la genética del pliegue, y gatitos cuyas orejas cambiaban de forma al crecer.

Con muestras de ADN tomadas del interior de la boca y fotografías de 114 Scottish Fold asegurados por Anicom —63 machos y 51 hembras—, los investigadores cruzaron el genotipo de cada gato con la forma real de sus orejas. Cincuenta y cinco gatos portaban una copia de la mutación TRPV4. Y entre ellos, siete (cerca del 13%) tenían las orejas dobladas de gatitos, pero crecieron hasta convertirse en adultos de aspecto erguido.

Matsumoto los bautizó como «pliegues ocultos» (cryptic folds). Al analizar de cerca las fotos frontales, este grupo tenía las orejas algo más pequeñas que los gatos sin mutación, pero la diferencia es demasiado sutil para verla a simple vista. Una respuesta de la encuesta a propietarios apuntaba a algo aún más extraño: un gato cuyas orejas se doblaban en invierno y se erguían en verano, lo que abre la posibilidad de que la temperatura influya. Es una hipótesis para futuras investigaciones.

Un Scottish Fold cuyas orejas cambiaron de forma al crecer

Fuente: Anicom Insurance, vía JST Science Portal

La conclusión práctica es contundente: no se puede leer con fiabilidad la genética de este gato en su cara. Para saber qué porta realmente un Scottish Fold hace falta una prueba genética.

Las orejas nunca son solo las orejas

Aquí es donde el factor ternura se complica. La mutación TRPV4 no solo dobla el cartílago de las orejas. Afecta al cartílago y al hueso de todo el cuerpo y está ligada a una afección llamada osteocondrodisplasia, un trastorno progresivo que deforma las articulaciones, provoca crecimientos óseos y causa dolor. En los casos graves, el gato camina con dificultad o ya no puede saltar.

El verdadero peligro está en la aritmética de la cría. Si se cruzan dos gatos de orejas dobladas, alrededor de una cuarta parte de las crías hereda dos copias de la mutación. Esos gatos homocigotos corren el mayor riesgo de enfermedad grave desde temprana edad. Por eso desde hace tiempo se advierte a los criadores de que nunca crucen pliegue con pliegue, y por eso el enfoque responsable empareja a un gato de orejas dobladas únicamente con uno de orejas rectas.

Hay también un detalle que cambia la lectura de un meme muy querido. Los Scottish Fold son célebres por sentarse erguidos sobre los cuartos traseros, con las patas estiradas hacia delante, como una persona repantingada en el suelo: la «postura de Buda». Parece adorable. Pero los veterinarios señalan que puede ser una forma de aliviar el dolor articular. La postura que cosecha «me gusta» quizá sea el gato diciendo que le duele.

El equipo de Azabu es prudente: un portador heterocigoto no enferma de forma automática, y la gravedad varía mucho de un gato a otro. Subrayan que su trabajo no recomienda ni desaconseja ningún cruce concreto. Lo que sí establece es que hay gatos que cargan el riesgo de manera invisible.

Una raza de la que el mundo se aleja cada vez más

Aquí es donde Japón y buena parte de Occidente han ido tomando caminos distintos. La oreja doblada es inseparable del problema del cartílago —todo gato de orejas dobladas porta el gen que lo causa— y un número creciente de lugares ha decidido que esa es una línea que no van a cruzar.

Países Bajos prohibió la cría de gatos de orejas dobladas ya en 2014. Austria siguió en 2020, la región belga de Flandes en 2021, y Noruega, Suecia y el estado australiano de Victoria también tienen restricciones. Algunas van más allá de la cría y alcanzan la venta o la tenencia. Registros importantes como el GCCF británico y la internacional FIFe ni siquiera reconocen la raza, y la Asociación Veterinaria Británica ha pedido que se detenga su cría. Resulta irónico que Escocia, cuna de la raza, tampoco la fomente.

Japón no tiene normas de ese tipo. El Scottish Fold sigue siendo una de las razas más populares del país. Matsumoto recuerda que los gatos, a diferencia de los perros, van mucho menos al veterinario, lo que dificultó de verdad reunir los datos: parte del motivo por el que ha tardado en formarse una imagen local clara de los riesgos.

Lo que podría cambiar un bastoncillo

Los investigadores no piden a nadie que renuncie al gato que ya duerme en su sofá. Cuidar bien a un Fold al que se quiere es responsable, no cruel. Su argumento apunta aguas arriba, a las decisiones de cría, y su herramienta es sencilla. La prueba genética se ha vuelto mucho más barata y accesible que antes. Si un gato destinado a la cría tiene orejas con una forma aunque sea levemente distinta, Matsumoto sugiere que conviene plantearse un test de TRPV4.

La mutación tampoco se limita al Scottish Fold. La misma variante aparece en American Curl, Munchkin y Minuet, lo que amplía la pregunta más allá de una sola raza. La esperanza es que combinar genética y mejores datos empuje a Japón hacia una gestión de la cría que ponga por delante el bienestar del animal, sin esperar a que una prohibición fuerce la decisión.

En gran parte de Europa y Australia, la ley ya ha decidido por los criadores. En Japón sigue en manos de la elección individual y de una prueba genética de la que la mayoría de los dueños nunca ha oído hablar. ¿Cómo gestiona tu país las razas cuyo aspecto distintivo viene con un coste de salud incorporado: con regulación o lo deja en manos del criador?

Referencias