🛍️ Comprar una cámara en Akihabara o llenar una bolsa de cosmética en Shinsaibashi venía con una ventaja muy japonesa: bastaba enseñar el pasaporte y el 10 % del impuesto al consumo desaparecía en la caja. A partir del 1 de noviembre de 2026 deja de desaparecer. El viajero paga el precio completo y solo recupera el impuesto después de que la aduana confirme, en el aeropuerto, que se lleva la mercancía fuera del país. Si se salta ese trámite, el dinero no vuelve.

Qué cambia exactamente el 1 de noviembre

A finales de septiembre de 2025 había 64.499 comercios autorizados en todo el país, desde grandes almacenes hasta farmacias y tiendas de electrónica de barrio, y todos venían descontando el impuesto en el momento.

Ese descuento inmediato se acaba. Con lo que Japón llama método de reembolso, las tiendas venderán al turista con el impuesto incluido, igual que a un residente. La exención solo se consuma cuando la aduana verifica en la salida que los productos abandonan el país. Recién entonces la tienda, o la empresa de reembolso que actúe en su nombre, devuelve el importe.

El mínimo de compra no cambia: 5.000 yenes (unos 31 dólares) sin impuestos en una misma tienda y en un mismo día. El impuesto al consumo es del 10 % en la mayoría de los productos y del 8 % en alimentos y bebidas, y eso es lo que se recupera.

Lo nuevo es el plazo. La verificación aduanera debe hacerse dentro de los 90 días siguientes a la compra. Quien compre el primer día de una estancia larga y salga el día 91 se queda sin reembolso.

La nueva rutina en el aeropuerto

Entre el viajero y su dinero se interponen ahora dos pasos, y ambos se prestan a error.

El primero ocurre en la tienda. Al pagar, un código QR en el recibo o en el mostrador remite a una página donde hay que registrar la vía de devolución: transferencia bancaria, tarjeta de crédito, aplicación de pago o efectivo en el aeropuerto. Qué opciones existen depende por completo del comercio y de la empresa de reembolso con la que trabaje.

El segundo ocurre en el aeropuerto y no admite improvisación. Hay que completar la verificación aduanera antes de facturar el equipaje. Los terminales de autoservicio se instalarán en la zona pública de la sala de salidas internacionales, antes del mostrador de facturación. Al pasar el pasaporte, la pantalla devuelve un resultado verde, que cierra el trámite, o rojo, que obliga a presentar la compra en el puesto de inspección aduanera. En Narita, Haneda, Kansai, Chubu, Fukuoka, New Chitose y Naha se puede evitar la cola y hacerlo desde el móvil con Visit Japan Web, siempre dentro de la zona wifi habilitada antes del control de seguridad.

Cuando la maleta ya está en la cinta, se acabó. La Agencia de Turismo de Japón lo detalla: las aerolíneas no recuperarán el equipaje facturado para que alguien termine su trámite fiscal, y nadie compensa a quien pierda el vuelo por la cola.

La verificación se hace por recibo, no por artículo. Si un mismo recibo incluye cinco productos y uno se comió, se usó o se regaló, el recibo entero queda invalidado y no se devuelve nada. ¿Ya abrió los dulces? Entonces no use el terminal: avise directamente a un funcionario de aduanas en el mostrador.

Lo que sí se vuelve más fácil

No todo son trabas. Se elimina la distinción entre bienes generales, como electrónica, bolsos y ropa, y bienes consumibles, como cosmética, alimentos y medicamentos. También cae el tope de 500.000 yenes (unos 3.140 dólares) que limitaba la compra de consumibles, y desaparece el embalaje sellado que no podía abrirse hasta salir del país. Desde noviembre se podrán comprar 800.000 yenes en cosmética de una sola vez sin que nadie precinte la bolsa.

El personal de tienda deja además de tener que juzgar si lo que se compra es "de uso personal ordinario", un criterio difuso que generaba conversaciones incómodas en el mostrador. Según el documento oficial del propio Gobierno, ese riesgo llevó a algunos comercios a fijar límites internos de compra y a otros a abandonar la venta libre de impuestos antes que exponerse a una inspección fiscal.

Hay una obligación nueva. Para artículos de 1 millón de yenes (unos 6.290 dólares) o más sin impuestos, las tiendas deberán registrar datos identificativos como el número de serie, para evitar que un reloj caro se sustituya por uno barato entre la caja y la puerta de embarque.

El problema que Japón intenta resolver

Un documento conjunto del Ministerio de Finanzas, la Agencia Tributaria, el Ministerio de Economía e Industria y la Agencia de Turismo pone cifras a todo esto. Entre abril de 2022 y marzo de 2024, unos 19,59 millones de visitantes salieron del país tras comprar con exención por un valor de 2,4979 billones de yenes (unos 15.700 millones de dólares). Dentro de ese universo, 690 compradores adquirieron cada uno 100 millones de yenes o más y sumaron entre todos 233.200 millones de yenes (unos 1.470 millones de dólares). Menos de uno de cada 28.000 compradores se llevó cerca del 9 % del dinero.

La aduana solo llegó a interceptar a una fracción. El gráfico del propio documento muestra que casi nueve de cada diez de esos grandes compradores nunca fueron interceptados al salir. De los pocos revisados, más del 90 % no pudo acreditar que exportaba la mercancía y fue gravado, y casi todos abandonaron el país sin pagar. La ley vigente hace voluntaria la inspección aduanera y no permite impedir el embarque a quien la rechace.

El mecanismo que se sospecha es sencillo: comprar sin impuesto, revender dentro de Japón y quedarse con la diferencia.

Invertir el orden cierra el círculo. Con el método de reembolso, el impuesto no reclamado deja de ser una deuda que perseguir a través de las fronteras. Es dinero que sencillamente no sale de la tienda.

Cómo se compara con el resto del mundo

Para la mayoría de los viajeros, pagar primero y reclamar después no será novedad. Así funciona la Unión Europea: los residentes fuera del bloque recuperan el IVA únicamente si presentan los bienes en la aduana de salida dentro de los tres meses posteriores a la compra, con validación digital o física antes de abandonar el territorio. Bruselas deja deliberadamente sin armonizar el procedimiento, y por eso los formularios, los operadores y las comisiones cambian de un país a otro.

Japón se suma a ese modelo con una ventaja: sus registros de compra ya están completamente digitalizados. El documento gubernamental señala que, gracias a ello, el viajero no tendrá que introducir recibos en papel en un terminal como ocurre en Europa. Se escanea el pasaporte y listo.

Corea del Sur es el contraejemplo interesante. También aplica devolución en la salida, con un mínimo de 15.000 wones y tres meses de plazo, pero lleva una década ampliando el reembolso inmediato en tienda, disponible en compras individuales inferiores a 1 millón de wones y con un tope de 5 millones de wones por viaje. Seúl ha ido empujando el dinero de vuelta hacia el mostrador de la tienda. Tokio lo mueve en dirección contraria.

En el extremo opuesto está Gran Bretaña, que suprimió el VAT Retail Export Scheme el 1 de enero de 2021 y dejó a Irlanda del Norte con reglas propias. Quien compra en Oxford Street paga el IVA y punto.

Lo que todavía nadie puede responder

La mayor incógnita es el coste. La Agencia Tributaria japonesa afirma con claridad que la normativa del impuesto al consumo no fija ninguna regla sobre cómo debe ejecutarse la devolución. Menciona como posibilidades la transferencia bancaria, el envío a tarjeta, las aplicaciones de pago y el efectivo en el puerto de salida, y admite que la tienda lo gestione por sí misma o lo delegue en un operador, que antes de poder pagar a nadie debe registrarse como empresa de transferencia de fondos y aplicar controles contra el blanqueo de capitales. En ninguna parte de ese marco se dice que el reembolso deba llegar íntegro. Que llegue dependerá del nombre impreso en el recibo.

Están además las colas. El 1 de noviembre cae en domingo, y la Japan Shopping Tourism Organization ha advertido al comercio de que espere una avalancha de compras de última hora durante los días finales de octubre. A mediados de agosto de 2026 todavía no se había anunciado cuántos terminales tendrá cada aeropuerto ni en qué punto exacto.

Y por encima de todo esto hay una pregunta mayor. El paquete fiscal de la coalición gobernante para el ejercicio 2026 mantiene el régimen bajo revisión y prevé evaluar su eficacia una vez esté en marcha el método de reembolso. A finales de 2025, diecisiete organizaciones del sector turístico presentaron un documento conjunto contra las voces que piden suprimir del todo las compras libres de impuestos para financiar medidas contra la saturación turística. El 1 de noviembre no cierra ese debate: es el experimento con el que se juzgará.

Muchos países llevan décadas obligando al visitante a hacer cola en un mostrador de aduanas, y muchos viajeros han decidido en silencio que la devolución no compensa veinte minutos antes de embarcar. ¿Usted reclama de verdad el reembolso cuando viaja o lo deja pasar? ¿Y en su país, al turista le descuentan el impuesto en la caja o solo se lo devuelven después de demostrar que se marcha?

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