Las medusas sin cerebro duermen unas 8 horas al día, igual que nosotros, e incluso toman siestas. Un descubrimiento revolucionario está derribando todo lo que creíamos saber sobre por qué dormimos. La respuesta no es «descansar el cerebro»: es mucho más antigua que eso.
El descubrimiento que conmocionó a la ciencia del sueño
«Dormimos para descansar el cerebro». Es lo que la mayoría siempre hemos creído, y hay algo de cierto en ello: el sueño ayuda a consolidar recuerdos y a eliminar desechos del cerebro. Pero si el descanso cerebral fuera el único propósito del sueño, las criaturas sin cerebro no deberían necesitar dormir en absoluto.
En 2017, tres estudiantes de posgrado del Instituto Tecnológico de California (Caltech) demostraron que esa suposición era errónea. Su sujeto de estudio fue la medusa invertida (Cassiopea), una criatura peculiar que se posa en el fondo del océano con su campana hacia abajo. Este animal no tiene cerebro: carece de un sistema nervioso centralizado y solo posee una red nerviosa difusa distribuida por todo su cuerpo. Y, sin embargo, duerme.
¿Cómo se demuestra que un animal sin cerebro duerme?
Como no se pueden medir las ondas cerebrales en un animal sin cerebro, los investigadores recurrieron a tres criterios de comportamiento que hoy se aceptan como señales de sueño.
Primero, la reducción de la actividad: la medusa suele contraer su campana unas 58 veces por minuto, pero de noche esa cifra baja a unas 39. Segundo, la menor capacidad de respuesta: cuando los investigadores bajaban de golpe el fondo del tanque durante el día, la medusa nadaba de inmediato hacia abajo; de noche, en cambio, flotaba aturdida unos segundos antes de «despertar». Y el más concluyente, el rebote de sueño: al interrumpir su descanso nocturno cada 20 minutos con chorros de agua, los animales se mostraban notablemente aletargados al día siguiente. Las mismas interrupciones aplicadas de día no tenían ese efecto, lo que confirmaba que el descanso nocturno era cualitativamente distinto de la actividad diurna.
La historia detrás del hallazgo es curiosa: los tres estudiantes (Ravi Nath, Claire Bedbrook y Michael Abrams) concibieron la idea en una charla informal y empezaron a experimentar sin avisar a su tutor. Cuando por fin mostraron los resultados, este les dijo que continuaran. Los tres firmaron como autores principales del artículo, publicado en Current Biology.
La hidra «inmortal» también duerme
En 2020, un equipo de la Universidad de Kyushu, en Japón, presentó otro hallazgo sorprendente: la hidra, un diminuto animal de agua dulce de apenas 1 cm, también duerme.
Como las medusas, la hidra pertenece al filo de los cnidarios y carece de cerebro. Bautizada en honor al monstruo de muchas cabezas de la mitología griega, es célebre por su extraordinaria capacidad de regeneración: si se la corta en pedazos, cada fragmento se convierte en un animal completo. Como no envejece, se la apoda «organismo inmortal».
Aun así, incluso estas criaturas «inmortales» necesitan dormir. Los investigadores comprobaron que la melatonina y el GABA, las mismas sustancias que favorecen el sueño en los humanos, también inducían estados de sueño en la hidra. Aunque la hidra carece de genes de reloj circadiano, sí posee genes que controlan el sueño. Todo ello sugería que los mecanismos del sueño evolucionaron antes que los cerebros.
Enero de 2026: la respuesta publicada en Nature Communications
En enero de 2026, los equipos de los profesores Lior Appelbaum y Oren Levy, de la Universidad Bar-Ilan (Israel), publicaron sus resultados en Nature Communications, con Raphaël Aguillon y Amir Harduf como autores principales. El trabajo se apoya en hallazgos previos del laboratorio de Appelbaum, que ya había demostrado en el pez cebra que las neuronas acumulan daño en el ADN durante la vigilia y necesitan dormir para recuperarse.
Mediante seguimiento por vídeo infrarrojo combinado con análisis a nivel celular, los investigadores estudiaron dos cnidarios: la medusa invertida (Cassiopea andromeda) y la anémona de mar estrellada (Nematostella vectensis).
El primer resultado tiene que ver con la duración. Ambas especies duermen alrededor de ocho horas al día, cerca de un tercio de su tiempo, la misma proporción que los humanos. Los horarios difieren. La medusa es diurna: duerme de noche y hace una breve siesta hacia el mediodía. La anémona es crepuscular y su sueño aumenta desde el amanecer y durante la primera mitad del día.
El segundo resultado se refiere a qué gobierna ese sueño. En la medusa, el ciclo de luz y oscuridad y la presión homeostática del sueño hacen casi todo el trabajo. En la anémona, el reloj circadiano interno y la homeostasis se reparten la tarea. La maquinaria que mide el tiempo es realmente distinta en cada una.
El tercer resultado es el que comparten: el daño del ADN se acumula en las neuronas durante la vigilia y se reduce durante el sueño. Mantener despiertos a los animales elevaba ese daño y provocaba después un sueño de rebote. Las medusas expuestas a radiación ultravioleta durmieron más de lo habitual, y las anémonas tratadas con un fármaco de quimioterapia que daña el ADN durmieron esa noche alrededor de un 30 % más que los ejemplares sin tratar. Administrar melatonina para favorecer el sueño rebajaba los niveles de daño.
Dos especies, dos relojes distintos, una misma tarea. Lo que hacía el sueño no era descansar un cerebro, sino reparar el ADN de las neuronas.
Un sistema de mantenimiento de 500 millones de años
Las implicaciones son profundas. Los cnidarios aparecieron en la Tierra hace más de 500 millones de años, mucho antes de que existiera algo parecido a un cerebro. Esto significa que el sueño pudo existir como función biológica esencial desde que los primeros animales desarrollaron neuronas.
«Nuestros hallazgos sugieren que la capacidad del sueño para reducir el daño del ADN neuronal es un rasgo ancestral, ya presente en uno de los animales más simples con sistema nervioso», afirmó el profesor Appelbaum. «El sueño pudo evolucionar originalmente para ofrecer un periodo consolidado de mantenimiento neuronal, una función tan fundamental que se ha conservado en todo el reino animal».
Visto en perspectiva evolutiva, dormir es enormemente arriesgado: un animal dormido no puede huir de los depredadores, buscar alimento ni reproducirse. Y, aun así, todos los animales con sistema nervioso duermen. La razón es que el sueño no es un lujo, sino un mantenimiento celular imprescindible del que las neuronas no pueden prescindir.
Lo que significa para la salud humana
Esta investigación tiene implicaciones directas para la medicina. La falta crónica de sueño se ha asociado a un mayor riesgo de enfermedades neurodegenerativas como el alzhéimer y el párkinson. El estudio de las medusas ayuda a entender por qué: cuando no dormimos lo suficiente, nuestras neuronas no reparan bien su ADN, y la acumulación de ese daño a lo largo de los años puede contribuir a la disfunción y la muerte neuronal.
Kazuhiko Kume, catedrático de la Escuela de Posgrado de Ciencias Farmacéuticas de la Universidad Municipal de Nagoya, plantea algo relacionado en su libro de febrero de 2026 Aunque no tengan cerebro, las medusas también duermen (Asahi Sensho): si se acepta que organismos sin cerebro duermen, el sueño como conducta tiene que ser anterior al cerebro.
Pulpos, lagartos y células en una placa
El campo no deja de ampliarse. Estudios recientes han observado estados similares al sueño REM en pulpos y lagartos. En los humanos el REM es la fase en la que soñamos, así que, si el estado es realmente parecido, algo puede estar ocurriendo también ahí dentro.
Más llamativo todavía: neuronas cultivadas en laboratorio muestran la misma actividad sincronizada de baja frecuencia que se ve en el cerebro dormido. El sueño podría acabar siendo una propiedad de las células individuales y no de los organismos completos. Si es así, la coincidencia entre una medusa y una anémona no es tal coincidencia: es lo que hacen las neuronas.
En Japón, el concepto de suimin fusai (睡眠負債, «deuda de sueño») se ha convertido en un tema social importante, y el Ministerio de Salud, Trabajo y Bienestar ha actualizado sus directrices sobre el sueño. Pero lo que las medusas nos enseñan es que la importancia del sueño va mucho más allá de la productividad o de evitar la somnolencia diurna: tiene que ver con la supervivencia celular misma.
¿Y en tu país? ¿Se considera admirable «aguantar sin dormir»? ¿O dormir lo suficiente se ve como algo natural? Nos encantaría conocer la cultura del sueño donde vives.
Referencias
- https://www.cell.com/current-biology/fulltext/S0960-9822(17)31023-0
- https://www.nature.com/articles/s41467-025-67400-5
- https://www.science.org/content/article/jellyfish-sleep-lot-us-and-same-reasons
- https://phys.org/news/2026-01-evolutionary-code-neuron-jellyfish-sea.html
- https://www.sci.kyushu-u.ac.jp/koho/qrinews/qrinews_201208.html
Discusión global
15 comentarios