El primer destructor Aegis de Japón, el Kongō, entró en servicio en 1993. Más de tres décadas después, esta pieza central de la defensa aérea japonesa afronta por fin un relevo generacional. El radar de sus sucesores se ha convertido en objeto de una fuerte competencia entre el SPY-6 de RTX y el SPY-7 de Lockheed Martin. ¿Interoperabilidad con la Armada de EE.UU. o afinidad con el equipamiento existente? Repasamos la elección del "ojo" que marcará la defensa aérea de Japón.

¿Qué es la clase Kongō?

Los destructores Aegis de la JMSDF son el núcleo de la defensa aérea y antimisiles del Japón actual. En 2026, el servicio opera ocho destructores Aegis: cuatro de la clase Kongō, dos de la clase Atago y dos de la clase Maya.

La clase Kongō es la más antigua de todas. El buque líder, el Kongō, entró en servicio en 1993, y el cuarto, el Chōkai, en 1998, de modo que los cuatro tienen ya cerca de 30 años. La JMSDF suele fijar en 40 años el umbral de retirada de sus buques, por lo que se espera que la clase Kongō comience su retirada escalonada hacia 2030.

La clase Kongō montaba originalmente la Baseline 4.1 y se actualizó a la Baseline 5.3 en la década de 2000 para añadir capacidad de intercepción de misiles balísticos. Las posteriores clases Atago y Maya montan la Baseline 9, lo que deja rezagada a la Kongō frente a los misiles más modernos. Con las mejoras de capacidad ya cerca de su límite, reemplazar los propios cascos se ha convertido en la opción realista.

El presupuesto del año fiscal 2025 impulsa el estudio de sucesores

El presupuesto de defensa japonés del año fiscal 2025 incluye 3.300 millones de yenes (unos 22 millones de dólares) para un "estudio sobre buques Aegis", concretamente para investigaciones técnicas ligadas a la "planificación de sucesores a medida que se dan de baja los destructores Aegis de la clase Kongō", incluidos estudios sobre el sistema Aegis y el radar que montarán.

Cabe destacar que este estudio podría influir en una decisión de radar mucho más amplia. Además de reemplazar los cuatro buques de la clase Kongō, el Ministerio de Defensa planea ampliar la flota Aegis de los ocho buques actuales a diez en torno a diez años. Una vez fijado el diseño del sucesor, es probable que los buques adicionales se construyan con el mismo diseño, lo que convierte esto en una enorme oportunidad de negocio para los fabricantes de radares.

Dos candidatos de radar de nueva generación

Los dos radares de última generación en estudio para los sucesores de la clase Kongō son el SPY-6 y el SPY-7.

El SPY-6 (AN/SPY-6), desarrollado por RTX (antes Raytheon Technologies), se construye a partir de Conjuntos Modulares de Radar (RMA), módulos cúbicos de unos 60 cm que se combinan para formar la antena completa. La Armada de EE.UU. lo ha adoptado para sus destructores clase Arleigh Burke Flight III, siendo el USS Jack H. Lucas el primer buque operativo en 2023. La Armada planea instalarlo en siete clases de buques y 65 unidades para 2033.

El SPY-7 (AN/SPY-7), desarrollado por Lockheed Martin, se construye a partir de Subarray Suites (SAS) y se basa en la tecnología del Radar de Discriminación de Largo Alcance (LRDR) de Alaska. Al proceder de Lockheed Martin, el mismo fabricante que el anterior SPY-1, se integra con facilidad en el sistema Aegis.

Ambos radares ofrecen un alcance de detección muy superior al del actual SPY-1D. El alcance del SPY-1D se sitúa en unos 500 km, pero, gracias a una mayor potencia y otras mejoras, se dice que el SPY-6 alcanza aproximadamente el triple y el SPY-7 unas 3,3 veces esa cifra (alrededor de 1.650 km). Según Lockheed Martin, durante la defensa contra misiles balísticos el SPY-7 amplía el volumen de búsqueda unas 20 veces y el área protegida unas 10 veces.

La revolución modular

Una gran característica común a ambos radares es su estructura modular. Como unidades de radar pequeñas se combinan para formar una antena grande, la escala del radar puede ajustarse libremente según el tamaño y el papel del buque que lo lleve.

Esta estructura también aporta grandes ventajas de mantenimiento. Con el antiguo SPY-1D, el daño a una parte de la antena podía degradar seriamente el rendimiento, pero con un diseño modular solo hay que sustituir la unidad dañada desde la parte trasera. La capacidad de supervivencia mejora incluso tras sufrir daños de combate.

La "interoperabilidad" con la Armada de EE.UU. es clave

El mayor punto en la elección entre SPY-6 y SPY-7 es la interoperabilidad con la Armada de EE.UU.

La Armada estadounidense ha adoptado el SPY-6 como su radar de nueva generación, instalándolo en la clase Arleigh Burke Flight III, así como en las fragatas clase Constellation y los portaaviones clase Gerald R. Ford. Si Japón, un aliado, adopta el SPY-6, unos sistemas comunes facilitarían el intercambio de datos y el apoyo mutuo en operaciones conjuntas.

El SPY-7 tiene sus propias fortalezas. Los dos Buques Equipados con Sistema Aegis (ASEV) actualmente en construcción usan el SPY-7 y entrarán en servicio en los años fiscales 2027 y 2028. Adoptar el SPY-7 para los sucesores de la clase Kongō unificaría las operaciones nacionales de radar y, al ser de Lockheed Martin como el SPY-1, no haría falta una nueva interfaz para conectarlo al sistema Aegis existente. No obstante, el Ministerio de Defensa afirma que estudiará el radar de los sucesores "desde cero", y que estos no usarán automáticamente el SPY-7 solo porque los ASEV lo hagan.

El enorme Buque Equipado con Sistema Aegis

Con entrada en servicio prevista desde el año fiscal 2027, el ASEV es un buque muy grande: unas 12.000 toneladas de desplazamiento estándar, 190 m de eslora y 25 m de manga. Supera con creces a la clase Arleigh Burke Flight III de la Armada estadounidense (unas 9.800 toneladas) y será uno de los mayores buques de combate de superficie del mundo occidental, dejando aparte los portaaviones.

El ASEV lleva al mar, en la práctica, el radar SPY-7 adquirido originalmente para las instalaciones terrestres de defensa antimisiles Aegis Ashore. Cuando ese plan terrestre se abandonó, el SPY-7 ya encargado se reconvirtió para buques.

Con 128 celdas de Sistema de Lanzamiento Vertical (VLS), de las más numerosas de cualquier buque de combate de superficie del mundo, las naves llevarán misiles SM-3, SM-6, Tomahawk y otros, en un programa cuyos costes solo de construcción ya son muy elevados.

La decisión de Alemania también podría influir

Resulta interesante que las decisiones navales de Alemania puedan influir en la elección de Japón. Se ha informado de que Alemania planea equipar sus fragatas Tipo F-127 con el SPY-6.

Si Alemania se compromete formalmente con el SPY-6, ello podría afianzar aún más la posición del radar como "estándar occidental" desde el punto de vista de la interoperabilidad en la OTAN, y Japón quizá tuviera que replantearse continuar en solitario con el SPY-7.

Perspectivas: dos escenarios

A grandes rasgos, cabe imaginar dos escenarios para el radar del sucesor de la clase Kongō. En uno, Japón prioriza la interoperabilidad con la Armada de EE.UU. y adopta el SPY-6, planteándose incluso reacondicionar con SPY-6 las clases Atago y Maya existentes para unificar los radares de la flota. En el otro, Japón aprovecha la base operativa del SPY-7 creada para los ASEV y adopta también el SPY-7 para los sucesores, priorizando la eficiencia del mantenimiento nacional.

En cualquier caso, con la amenaza de misiles balísticos de Corea del Norte y la expansión marítima de China, el entorno de seguridad de Japón se vuelve más severo. La elección del radar que servirá de ojos a los sucesores marcará la defensa aérea de Japón durante los próximos 20 a 30 años, una decisión que se sopesa tanto por motivos técnicos como políticos.

En Japón hay muchas opiniones sobre la cuestión del sucesor Aegis. ¿Qué debates hay en tu país sobre la modernización naval y la elección de sistemas de defensa aérea? Cuéntanoslo en los comentarios.

Referencias