Un templo en la cima de una montaña japonesa alquila ahora una habitación por 200.000 yenes (unos 1.300 dólares) la noche. Un diario nacional publicó esa cifra el 11 de septiembre de 2026. El día anterior se había informado de que los templos de esa misma montaña habían dejado de declarar más de 100 millones de yenes (unos 650.000 dólares) de ingresos. En redes sociales se habló de mercantilismo. Parece una noticia de viajes de lujo y otra de escándalo fiscal. Es una sola.

Qué es realmente un shukubo

Un shukubo es un alojamiento anexo a un templo o un santuario, y la palabra designaba en origen las celdas de los monjes. Con la peregrinación llegaron primero los nobles y los guerreros, y en el periodo Edo, cuando recorrer templos se volvió cosa de todos, los grandes recintos habían levantado algo muy próximo a una industria turística.

El mayor superviviente es Koyasan. En el año 816 el emperador cedió la montaña al monje Kukai para instalar allí un centro de práctica meditativa. Hoy hay 117 subtemplos en la cuenca de la cima y 52 alojan huéspedes de pago.

Durante casi toda su historia Koyasan no dejó entrar a la mitad de la población. El gobierno japonés ordenó suprimir los recintos prohibidos a las mujeres en 1872; Koyasan mantuvo la suya treinta y cuatro años más y la abolió el 15 de junio de 1906. La habitación austera de tatami que hoy se reivindica como lo auténtico era, en su día, un negocio con el reglamento colgado en la pared.

La habitación de 200.000 yenes es el techo, no la tarifa habitual

El estudio de precios que el medio especializado en hostelería HotelBank publicó el 29 de agosto de 2026 abarca los 30 shukubo con presencia continua en las plataformas de reservas, 886 habitaciones entre todos. La tarifa mediana publicada fue de 65.400 yenes (unos 420 dólares) por habitación doble con impuestos. El suelo estaba en 24.900 yenes (unos 160 dólares) y el techo en 169.200 (unos 1.100 dólares). Como el estudio ve 30 templos de 52, la habitación de los titulares queda incluso por encima de eso.

El movimiento ha sido rápido. Las medias anuales fueron de 43.900 yenes (unos 280 dólares) en 2024 y 52.600 (unos 340) en 2025. Los últimos doce meses cerraron en 55.300 yenes (unos 360 dólares), un 11,1 por ciento más que el periodo anterior.

También cambió quién paga. De las 4.147 opiniones reunidas en dos años, el 69,8 por ciento estaban escritas en alguno de 26 idiomas distintos del japonés. El precio sigue esa demanda: los templos que nombran la meditación o el oficio matinal en el propio plan tienen una mediana de 93.100 yenes (unos 600 dólares), frente a 75.900 en los que no.

El shukubo barato no ha desaparecido. Una guía japonesa de tarifas consultada en mayo de 2026 seguía encontrando habitaciones desde unos 13.000 yenes (unos 85 dólares) por persona con dos comidas. Los 200.000 yenes son el final de una cola larga, no la nueva normalidad.

La inspección fiscal salió del mismo engranaje

Una corporación religiosa japonesa no tributa por las ofrendas. El importe de una habitación y las comidas servidas a un huésped entran en la actividad lucrativa y tributan como cualquier negocio. La guía que la Agencia Tributaria japonesa publica para las corporaciones religiosas traza la raya en 1.000 yenes: si no se cobra más que eso por noche y persona, no hay posada; si se cobra más, el templo tributa como cualquiera. Un shukubo con una mediana de 65.400 yenes está muy lejos de esa raya.

El 10 de septiembre de 2026 se informó de que la Oficina Regional de Impuestos de Osaka había inspeccionado una docena y media de corporaciones religiosas de la montaña y hallado ingresos sin declarar en varias, más de 100 millones de yenes en total, con una liquidación complementaria de más de 60 millones de yenes (unos 390.000 dólares). Todas presentaron declaraciones rectificativas. El nombre que salió fue Sojiin: alrededor de 90 millones de yenes sin declarar y unos 40 millones (cerca de 260.000 dólares) de liquidación, con gastos privados de la familia del abad tratados como salario encubierto.

Uno de los inspeccionados publicó su propio desglose. Sesshu Kondo, abad de Ekoin, escribe que de los 60 millones de yenes de liquidación unos 40 corresponden a Sojiin; el resto de los templos suman unos 20 millones entre todos, uno o dos por templo. Su caso giraba sobre si rehacer con corteza de ciprés la cubierta del portón, unos 30 millones de yenes, era una reparación o un activo. Su contable y Hacienda lo partieron por la mitad y le dejaron entre 3 y 4 millones de yenes por pagar. Kondo reprochó además que un diario ilustrara la noticia fiscal con una suite de su propio templo, fotografiada en una visita anterior y amable. El enlace se cambió después.

No es una montaña de monjes sorprendidos enriqueciéndose. Son templos de gestión familiar que asumieron un negocio hotelero más rápido de lo que su contabilidad podía seguir.

Un pueblo de 2.600 habitantes y 117.512 pernoctaciones extranjeras

El municipio de Koyasan tiene unos 2.600 vecinos. En 2025 solo los visitantes extranjeros sumaron allí 117.512 pernoctaciones, un 10,2 por ciento más, según las cifras extraídas de la encuesta turística preliminar de la prefectura de Wakayama. Es la cifra más alta que ha registrado esa encuesta.

Que los extranjeros ocupen la mitad de las camas no es nuevo. Un plan que el templo principal presentó ante la Agencia de Asuntos Culturales registra 224.393 huéspedes con pernoctación en 2019, unos 109.000 de ellos extranjeros, más del 60 por ciento de ellos europeos y Francia en cabeza. El mismo documento señala que las pernoctaciones japonesas bajan mientras las extranjeras suben.

La tensión aparece en cifras poco lucidas. La documentación que el municipio presentó ante la Agencia de Turismo de Japón recoge una prueba de aparcamiento de pago de 24 días en noviembre de 2024 que recaudó 14,7 millones de yenes (unos 95.000 dólares) de 25.363 vehículos. La encuesta de 2024 de la asociación local de turismo situó el gasto de quien pernocta en 27.065 yenes (unos 175 dólares), con un 96,9 por ciento de valoraciones de cinco o más sobre diez. Las quejas se concentraban en el aparcamiento, la señalización confusa, preservar el silencio y el desajuste entre los horarios de un shukubo y los del viajero.

Koyasan frente a los otros núcleos de alojamiento en templos

El mismo estudio puso precio a otras localidades de templos. Minobusan aparece con 45.513 yenes (unos 295 dólares) y un 64,1 por ciento de opiniones en lengua extranjera; el barrio de templos de Zenkoji, con 34.252 yenes (unos 220 dólares) y un 1,1 por ciento. Koyasan no es el único sitio que los viajeros extranjeros han encontrado, ni el más caro. Hieizan Sakamoto queda por encima, en 70.351 yenes (unos 455 dólares), pero allí solo pudo observarse un establecimiento y su proporción de opiniones extranjeras es del 1,4 por ciento: un precio sostenido por la peregrinación de grupos japoneses. Koyasan reúne las dos cosas, un núcleo con habitaciones de verdad y un precio internacional.

Otros lugares de peregrinación respondieron distinto. En el Camino de Santiago, según las guías para peregrinos, los albergues públicos cobran entre 10 y 12 euros la noche y los privados entre 17 y 22, con la cama barata y el volumen sosteniendo la ruta. Bután hizo lo contrario y su oficina de turismo aplica a cada visitante adulto una tasa de desarrollo sostenible de 100 dólares por noche para contener el número. Usar el precio para contener visitantes se está extendiendo por los destinos turísticos del mundo. Koyasan aterrizó en un tercer sitio: las salas y el cementerio se recorren gratis, y el coste de mantenerlos en pie va cargado a la almohada.

Lo que hace falta para reservar

Se reserva por la Asociación de Shukubo de Koyasan, que gestiona los 52 templos y atiende en el 0736-56-2616, por las plataformas habituales o directamente con cada templo.

Calcule desde unos 13.000 yenes por persona con dos comidas en la franja baja, entre 30.000 y 40.000 por una habitación estándar y seis cifras por una suite. La fecha también pesa: abril promedia 72.300 yenes (unos 470 dólares) y junio y julio caen a la franja de 40.000 (unos 260).

Casi todas las estancias incluyen una cena vegetariana shojin ryori, el oficio matinal hacia las seis o las siete y la opción de meditación ajikan, copia de sutras, un rito de fuego goma o un paseo nocturno por el cementerio de Okunoin. Varias hay que reservarlas con antelación.

Se llega por la línea Nankai Koya de Namba a Gokurakubashi, el funicular hasta la estación de Koyasan y después los autobuses del pueblo. El billete Koyasan Patrimonio de la Humanidad cuesta 4.210 yenes (unos 27 dólares) para un adulto desde Namba e incluye la ida y vuelta más un pase de autobús de dos días. El expreso limitado Koya añade un suplemento de 1.100 yenes.

Un shukubo no es un hotel que está dentro de un templo. Hay hora de cierre y hora de apagar las luces, y el desayuno viene detrás del oficio y no detrás de su despertador. Ahí es donde la encuesta de la asociación encuentra al visitante tropezando.

Japón ha acabado con una montaña donde el mismo rezo del amanecer se vende por 13.000 yenes o por 200.000, y donde quien decide ahora dónde termina la devoción y empieza la hostelería es la agencia tributaria. ¿Dónde se traza esa línea en su país?

Referencias