🐭 Pesa lo mismo que una moneda pequeña y no sobrevive ni unas pocas horas sin comer. Mantener uno con vida en un laboratorio venció durante años a los investigadores, así que criarlo —verlo cortejar, aparearse, parir y sacar adelante a sus crías bajo cuidado humano— se daba casi por imposible. Un equipo del norte de Japón acaba de lograrlo, por primera vez en el mundo. Y, en realidad, es el ensayo de algo más difícil todavía: salvar a un pariente que figura entre los mamíferos más pequeños de la Tierra.

El 27 de mayo de 2026, investigadores de la Universidad de Hokkaido, la Universidad de Tokai y el Zoológico Maruyama de Sapporo anunciaron que habían conseguido la primera cría en cautividad de la musaraña esbelta (Sorex gracillimus), un diminuto insectívoro que habita el noreste de Asia y que, dentro de Japón, solo vive en Hokkaido. Los resultados se publicaron el 4 de mayo en la revista Mammal Study.

El mamífero que no puede saltarse una comida

Las musarañas parecen ratones, pero no lo son: pertenecen a un grupo más cercano a los topos y los erizos, y viven toda su existencia en cámara rápida. Su corazón late a toda velocidad, su cuerpo quema energía a un ritmo feroz y muchas especies no aguantan más de unas horas sin alimento antes de morir de hambre. La musaraña esbelta pesa de tres a cuatro gramos en estado adulto —el peso de tres o cuatro monedas de un yen— y es la segunda más pequeña de las cuatro especies de musaraña que viven en Hokkaido.

Esa biología es justamente lo que las ha mantenido fuera del laboratorio. Son tan sensibles a cualquier cambio en su entorno, y tan dependientes de un suministro constante de comida, que incluso mantener una con vida durante un periodo largo era un problema sin resolver. Criarlas —lo que exige conservar sanos no a un individuo, sino a una pareja, el tiempo suficiente para cortejar, concebir y criar— no se había logrado jamás.

Parientes más grandes y resistentes, como la musaraña de garras largas, sí se habían criado antes en cautividad. Pero con una especie pequeña y frágil como la esbelta no existía ningún caso de éxito. Sin él, los datos más básicos de su vida —cuánto dura la gestación, cómo se aparea, cuándo destetan a las crías— seguían prácticamente en blanco.

De un prado de Nemuro al recinto de un zoológico

El proyecto empezó en el campo. En agosto de 2021, el equipo capturó 19 musarañas esbeltas silvestres cerca de los pastizales costeros de Nemuro, en el este de Hokkaido, y las llevó al Zoológico Maruyama. Dos de las hembras estaban preñadas y, ese septiembre, parieron en cautividad 13 crías entre las dos: una primera señal de que aquello podía funcionar.

A partir de ahí, el equipo pasó a una cría deliberada y controlada. A lo largo de 2022 mantuvieron a los animales de forma individual durante largos periodos y luego emparejaron a ejemplares sexualmente maduros —unos capturados en libertad, otros nacidos en el zoológico—, grabándolo todo en vídeo. De esos emparejamientos salieron tres gestaciones y partos exitosos en condiciones de cautividad plena. Por el camino, los investigadores establecieron algo que nunca había existido: un método estable de mantenimiento a largo plazo para las cuatro especies de musaraña de Hokkaido.

Una musaraña esbelta madre (arriba a la derecha) y su cría recién nacida (abajo a la izquierda), criadas en cautividad en el Zoológico Maruyama

Fuente: comunicado de la Universidad de Hokkaido (foto: Zoológico Maruyama de Sapporo)

Lo que revelaron las cámaras

Una vez que los animales se reproducían, el equipo pudo por fin observar conductas que nadie había documentado. Las clasificaron en tres categorías —contacto, contacto de cortejo y monta— y midieron la duración de cada una.

La mayor sorpresa fue el propio cortejo. En las musarañas grandes, el apareamiento suele ser agresivo, con ataques entre macho y hembra. Las esbeltas resultaron más delicadas: el equipo describió un ir y venir casi juguetón, con el macho siguiendo a la hembra antes de aparearse y montándola apenas unas 0,4 a 0,8 veces por hora. Era la primera vez que alguien ponía cifras a la conducta reproductiva de esta especie.

El resto del ciclo vital también quedó completado. La gestación dura de 25 a 29 días. Las crías se destetan unos 25 a 30 días después de nacer. Y el crecimiento es asombroso: un recién nacido pesa alrededor de 0,3 gramos —imagina unos pocos granos de arroz— y se multiplica por más de diez, hasta unos 3,5 gramos, en apenas 20 días.

El verdadero objetivo: una musaraña "de Tokio" que no vive en Tokio

Aquí está lo que convierte esto en mucho más que un hito de zoológico. Hokkaido alberga también a un pariente mucho más pequeño, la musaraña enana eurasiática, conocida en Japón como musaraña de Tokio (Sorex minutissimus hawkeri). Pesa apenas 1,5 a 1,8 gramos, lo que la sitúa entre los mamíferos más pequeños del planeta, solo por detrás de la musaraña etrusca en masa corporal. El Ministerio de Medio Ambiente de Japón la clasifica como Vulnerable en su Lista Roja.

Su nombre es fruto de una pequeña cadena de errores. Cuando la especie se describió a comienzos del siglo XX, la etiqueta del ejemplar indicaba que procedía de "Yedo", el antiguo nombre de Tokio. En realidad debía decir "Yezo", el antiguo nombre de Hokkaido. La confusión se quedó, y así un animal que nunca ha vivido cerca de Tokio carga hasta hoy con el nombre de la capital. Ni siquiera se redescubrió en Hokkaido hasta 1957.

Proteger a una especie tan diminuta y frágil pasa, casi con seguridad, por aprender a criarla bajo cuidado humano: una forma de "conservación ex situ", mantener una población de respaldo fuera de la naturaleza como seguro frente a la extinción, con la esperanza a largo plazo de devolver algún día ejemplares al medio natural. Pero los estrictos límites a la captura han dejado la investigación sobre la musaraña de Tokio casi paralizada. Por eso el equipo eligió a propósito la musaraña esbelta, de tamaño parecido al de su pariente amenazado, como sustituta para descifrar primero la técnica. El investigador principal, Satoshi Ohdachi, del Instituto de Ciencias de Bajas Temperaturas de la Universidad de Hokkaido —que incluye "shrewman" ("hombre musaraña") entre sus direcciones de contacto—, afirma que los métodos y conocimientos obtenidos aquí serán de gran ayuda para criar algún día a la musaraña de Tokio.

Una criatura que podrías perder de vista en un puñado de hierba, criada por primera vez para que otra aún más pequeña pueda salvarse. Cerca de ti probablemente vive un animal igual de diminuto e igual de ignorado. ¿Alguien le está prestando atención?

参照