En una esquina de Tsuruhashi, Osaka, hay una máquina expendedora que solo vende ponzu. Rotulada con "Le devolvemos el dinero si no le gusta", esta máquina encierra la historia de un hombre que pasó de banquero a cocinero de fugu, y una buena dosis del espíritu comerciante de Osaka.

El nacimiento de la máquina expendedora de ponzu de Tsuruhashi

El barrio de Tsuruhashi, en Osaka, es conocido por sus animados restaurantes de yakiniku y su Korea Town. Al bajar en la estación JR Tsuruhashi, lo recibe a uno el aroma de la carne a la parrilla y filas de tiendas que venden ingredientes coreanos y kimchi. En un rincón de ese bullicioso barrio hay una máquina expendedora poco común.

Dentro no encontrará café enlatado ni agua embotellada, sino ponzu, un condimento japonés a base de cítricos. En letras grandes, la máquina anuncia: "¡Le devolvemos el dinero si no le gusta!".

La opera Ko Heiretsu, presidente de Upper Corporation. Hoy funcionan siete de estas máquinas en la zona de Tsuruhashi, y ya forman parte del paisaje local.

De banquero a cocinero de fugu

Ko nació y creció en Tsuruhashi. Tras 21 años como empleado de banco, a los 50 tomó una gran decisión: abrir el restaurante de fugu (pez globo) que siempre había soñado, llamado "Toraya".

El camino no fue fácil. Su primer negocio fracasó y lo dejó en apuros. Aun así no se rindió: trabajó en empleos temporales para salir adelante mientras sacaba su licencia de cocinero, y volvió a los fogones.

Toraya operó durante diez años como restaurante especializado en tecchiri (fugu en olla caliente) antes de cerrar. Pero un sabor nacido en esa cocina se convirtió en la semilla de su siguiente aventura.

La artesanía del "Gold Ponzu"

El ponzu casero que servía en el restaurante parte de la salsa de soja Yuasa, de Wakayama, considerada una de las mejores de Japón, a la que suma ingredientes cuidadosamente elegidos: bonito seco de Makurazaki (Kagoshima), alga kombu de Rishiri (Hokkaido) y shiitake de Oita, con el toque final del sudachi y el yuzu de Tokushima.

En el costado de la máquina hay una foto de Ko sonriendo de oreja a oreja junto a las palabras "Maestro del Ponzu" y "Salón de la Fama del Consejo Japonés del Ponzu". Más que una calificación externa, es una declaración: el restaurante cerró, este sabor se queda.

La gama tiene varios productos. El Ponzu de Tsuruhashi estándar cuesta 450 yenes (200 ml) o 750 yenes (365 ml). El Ponzu Kimchi de Tsuruhashi, a 450 yenes los 200 ml, guiña a la cultura coreana arraigada en el barrio. En lo más alto está el "Gold Ponzu", a 1.500 yenes por 365 ml, con láminas de oro, que suele comprarse como regalo de buena suerte.

El "mottainai" que dio origen al negocio

¿Por qué vender ponzu en máquinas expendedoras? La idea nació del sentido del "mottainai" de Ko, el rechazo japonés al desperdicio.

Al ver cómo las tiendas de sake que cerraban desechaban viejas máquinas expendedoras que aún funcionaban, pensó que podían reutilizarse para vender ponzu.

Las ventajas eran claras: disponibilidad las 24 horas, menores costos de personal y, sobre todo, novedad. Vender un condimento así atrajo cobertura mediática frecuente, incluidos los programas "Sando no Meshi yori Are ga Suki!" de MBS y "Osaka Honwaka TV" de Yomiuri TV.

Las máquinas ya recibían atención hacia 2017, cuando encontrar algo que no fueran bebidas en una expendedora seguía siendo raro. Hay quien las considera precursoras del auge actual de las expendedoras en Japón.

Qué significa realmente "le devolvemos el dinero si no le gusta"

La frase de la máquina no es solo un eslogan. Refleja la confianza de Ko en su producto y su orgullo como comerciante de Osaka.

Según cuenta el propio Ko, el único reembolso que se ha pedido fue por un envase abollado.

"El Gold Ponzu es un 'ponzu que trae felicidad'. Quiero que ayude a reunir a las familias", dice. Palabras sencillas para alguien que dejó el banco, vio fracasar un negocio y volvió a sacarse el título de cocinero mientras trabajaba por horas.

Cultura japonesa de las máquinas expendedoras y productos locales

Japón es una de las grandes naciones del mundo en máquinas expendedoras. La asociación japonesa del sector (JVMA) contabilizó unos 3,91 millones de unidades a finales de 2024, sumando expendedoras y máquinas de servicio automático; de ellas, cerca de 2,2 millones son de bebidas. Estados Unidos tiene más máquinas en términos absolutos, pero por superficie Japón mantiene la mayor densidad.

Antes, las máquinas significaban sobre todo bebidas y tabaco. Pero el café de las tiendas de conveniencia ha reducido las ventas de café enlatado, y a medida que baja el número de fumadores también desaparecen las máquinas de tabaco.

Ocupando ese hueco están las máquinas que venden especialidades locales. El "Chabacco" de Shizuoka vende té en envases con estilo de cigarrillos; han aparecido máquinas de zumo de naranja recién exprimido en las ciudades. La de ponzu de Tsuruhashi llegó temprano a esa ola.

Para quien visita el país, las máquinas se han convertido en objeto de curiosidad. Funcionan con seguridad las 24 horas, dispensan bebidas calientes y frías desde la misma unidad y aceptan pagos sin efectivo. Oden enlatado, ramen, gyoza y ahora ponzu. No saber qué hay dentro es buena parte del atractivo.

Cada región de Japón tiene sus condimentos: miso, salsa de soja, dashi, salsas de todo tipo. Es probable que en su ciudad natal haya algo que quedaría curiosamente bien en una expendedora.

¿Qué se vende en las máquinas expendedoras de su país? Si hubiera una de especialidades locales abierta las 24 horas, ¿qué pondría dentro?

Referencias