🐱 Conoces esa cara. El gato huele algo, se queda quieto con la boca entreabierta y la mirada perdida en ningún sitio concreto. Todo el que convive con uno ha intentado fotografiarla. Resulta que no es asco ni un cortocircuito mental. El 20 de agosto de 2026, un equipo internacional de Japón, Alemania y España, liderado por la Universidad de Iwate, publicó indicios de que esa cara es la que pone un gato mientras lee la tarjeta de visita que dejó otro.
Esa mueca tiene nombre
Levantar el labio superior, entreabrir la boca, quedarse inmóvil. La expresión se llama flehmen y también la hacen, a su manera, caballos, vacas, ovejas, cabras y elefantes.
Parece tonta. La mecánica no lo es. En el paladar del gato hay un órgano vomeronasal, un detector de olores independiente de la nariz, y se cree que esa postura de boca abierta sirve para dirigir hacia él las moléculas olorosas. Se sabía desde hace tiempo que los machos hacen flehmen al oler la orina de una hembra en celo. Qué leían en el resto de situaciones era bastante más confuso.

Fuente: Universidad de Iwate
¿Cuánto tiempo recuerda un gato la orina de otro?
El equipo empezó por una pregunta sencilla: ¿distingue un gato la orina de un individuo de la de otro?
Si se le presenta varias veces la orina del mismo gato, el tiempo que dedica a olfatearla se acorta ronda tras ronda. En cuanto se cambia por la de otro animal, vuelve a alargarse. Es un recurso clásico de la etología: el aburrimiento es en sí mismo la prueba de que el animal notó el cambio.
Esa habituación seguía siendo detectable tras intervalos de meses. El comunicado de la universidad lo interpreta como señal de que los gatos retienen los olores de la orina a largo plazo.
El flehmen siguió el mismo patrón. Aparecía más ante orina desconocida que ante la propia, y se iba apagando conforme se repetía la misma muestra. Así que los investigadores le dieron la vuelta al comportamiento y lo convirtieron en herramienta. Si esa cara acompaña de forma fiable a lo nuevo, sirve para rastrear qué compuesto de la orina lleva la identidad.
Trece ácidos grasos ramificados, mezclados en una proporción propia
Separaron los lípidos de la orina en fracciones y las probaron una a una, atentos a la mueca. Al final emergió un grupo de ácidos grasos poco corrientes, con cadenas de carbono que se bifurcan en lugar de seguir rectas: ácidos grasos de cadena ramificada, trece en total. Según el comunicado de la universidad, una revisión de la literatura no encontró referencias previas de esos mismos compuestos en excreciones o secreciones de ningún mamífero.
La identidad no está en los ingredientes, sino en la receta. Las proporciones de esos 13 compuestos varían de un gato a otro y se mantienen bastante estables dentro del mismo animal aunque cambie el día de la recogida. Los gatos emparentados tienen mezclas más parecidas, pero las diferencias individuales sobreviven incluso dentro de una misma familia.
Para asegurarse de que los gatos leían la mezcla y no otra cosa que viajara con ella, el equipo igualó el resto de lípidos urinarios y sustituyó únicamente la fracción ramificada por la de otro donante. Los gatos que ya se habían acostumbrado volvieron a olfatear con ganas.
El artículo mide sus palabras: estos compuestos son candidatos sólidos a ser la tarjeta de visita, no un caso cerrado. El diario Nikkei presentó el resultado como una primicia mundial. Que los gatos distinguen individuos por el olor de la orina ya lo había demostrado en un artículo de 2019 el grupo de Masao Miyazaki, el catedrático de la Universidad de Iwate que dirigió este proyecto. Lo que añade este trabajo es poner nombre a los compuestos que llevan esa información y rastrear dónde se fabrican en el cuerpo.
Por qué el mensaje no se borra con el tiempo
El marcaje con olor arrastra un problema incómodo. Quien dejó la marca ya no está. Las moléculas olorosas se evaporan y se degradan, así que ¿cómo consigue un gato que pasa horas después sacar un nombre de ahí?
Los ácidos grasos de cadena ramificada resultaron ser semivolátiles: se evaporan despacio. Una orina dejada a 25 °C durante 24 horas conservaba todavía un perfil reconociblemente individual. No son las notas altas y llamativas de un olor, sino las que siguen en la habitación cuando ya no queda nadie.
Un enigma de más de cien años en el riñón felino
¿De dónde sale esa mezcla? Cuando el equipo la buscó dentro del cuerpo, los ácidos grasos ramificados aparecieron en el riñón y en ningún otro tejido de los examinados, almacenados como lípidos en unas gotas de la corteza renal.
Que los riñones de los gatos están llenos de gotas lipídicas se sabe desde hace más de 100 años, y nadie ha sabido explicar para qué. El nuevo trabajo apunta una respuesta: esas gotas funcionarían como despensa, guardando reservas de los compuestos de la firma y amortiguando los vaivenes diarios que la dieta y el estado físico introducirían de otro modo.
Los ratones, por comparar, codifican su identidad urinaria mediante proteínas urinarias principales. Mismo problema, solución completamente distinta.
En el comunicado, Miyazaki señala que sostener una firma química estable en la orina podría ser una de las funciones de esas gotas, y deja abierta la pregunta de cómo llegan finalmente esos lípidos renales hasta la orina. La relación con la enfermedad renal crónica felina, tan frecuente que preocupa a cualquier dueño, queda al otro lado de esa misma pregunta.
Leones, tigres y el gato de Iriomote
El equipo miró más allá del gato doméstico. Compuestos urinarios emparentados y gotas lipídicas renales se confirmaron también en leones, tigres, leopardos, jaguares, linces y el gato de Iriomote. La composición y la cantidad de gotas variaban de una especie a otra, algo que el equipo interpreta como un rasgo extendido por toda la familia de los félidos y diversificado después a lo largo de su evolución.
En el momento del anuncio, en agosto de 2026, quedaba por comprobar si los felinos salvajes usan de verdad estos compuestos para reconocerse. Si lo hacen, la orina abandonada en el campo identificaría a quien la dejó, y se podría seguir la pista de animales escasos sin capturarlos.
El equipo apunta otras dos aplicaciones posibles: actuar sobre los ácidos grasos ramificados para controlar el olor de la orina y usar las gotas renales para entender dónde termina el almacenamiento sano de lípidos y dónde empieza la enfermedad. El comunicado advierte sin rodeos que se trata de investigación básica y no de un producto a punto de salir al mercado.
La próxima vez que tu gato ponga esa cara
El artículo se publicó en Current Biology, de Cell Press. Masao Miyazaki, de la Facultad de Agricultura de la Universidad de Iwate, firma como autor de correspondencia; los primeros autores compartidos son Shota Ichizawa, estudiante de posgrado en Iwate, y Jana Caspers, de la Universidad Técnica de Braunschweig.
El equipamiento para repetir la observación ya está en tu casa. Si convives con dos gatos, fíjate en la cara que pone uno después de inspeccionar la bandeja del otro. Pasa también con los zapatos que han estado en la calle y con la mano que ha acariciado al gato de otra persona. En ese instante tu gato no está ausente. Está averiguando de quién es ese olor.
En Japón, fotografiar la cara de flehmen y publicarla para reírse es una costumbre bien asentada en las redes. ¿Tiene nombre esa expresión donde tú vives, o es simplemente esa cosa rara que hace tu gato?
Referencias
- https://www.iwate-u.ac.jp/cat-research/2026/08/008021.html
- https://www.iwate-u.ac.jp/upload/0172c09a25fe7a06664334f17a5f3e7a.pdf
- https://doi.org/10.1016/j.cub.2026.07.045
- https://doi.org/10.1007/s10886-019-01083-3
- https://www.japantimes.co.jp/news/2026/08/20/japan/science-health/cats-identification-fatty-acid-research/
- https://www.nikkei.com/article/DGXZQOUD19B3Y0Z10C26A8000000/
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