🌸 En 1975, una balada titulada Shikuramen no Kahori («El aroma del ciclamen») ganó el gran premio de los Japan Record Awards. Sin embargo, los ciclámenes que se vendían entonces en las tiendas olían muy poco. Ahora un equipo japonés ha leído el genoma de la planta: unos 1.480 millones de pares de bases, de los que el 83 % son secuencias repetidas. Entre los genes que ahora espera localizar están los del aroma.

Por qué un 83 % de repeticiones complica la lectura

El 13 de octubre de 2026, un equipo del Instituto de Tecnología de Saitama, el Instituto de Investigación del ADN de Kazusa, la Universidad de Kyushu y la Universidad de Kagawa publicó en la revista DNA Research el genoma de Cyclamen persicum. Esta especie silvestre es el origen de los ciclámenes de maceta que se venden hoy y, según el equipo, es el primer genoma de alta calidad de la especie.

Leer un genoma se parece a reconstruir un libro que pasó por una trituradora. Las máquinas leen fragmentos cortos de ADN y un programa los vuelve a unir guiándose por los tramos que se solapan. El método se atasca cuando el mismo pasaje aparece una y otra vez, porque un trozo repetido encaja casi en cualquier parte. En el ciclamen, el 82,9 % del ensamblaje resultó ser repetitivo. Una sola familia, los retrotransposones LTR, un «ADN saltarín» que se copia y se pega a sí mismo, ocupa el 42,1 % del genoma.

La historia de la mejora vegetal añadía otra dificultad. Los cultivares mezclan plantas diploides, con dos juegos de cromosomas, y tetraploides, con cuatro. Los tetraploides, frecuentes en las variedades antiguas, tienen genomas enrevesados, y por eso el genoma de referencia se fue postergando. El equipo eligió un C. persicum diploide, una planta de la colección de la Universidad de Kagawa según el diario Mainichi Shimbun, y usó secuenciación de lecturas largas de alta fidelidad (HiFi), capaz de leer tramos lo bastante largos como para saltar por encima de muchas repeticiones.

El resultado: unos 1.480 millones de pares de bases en 126 fragmentos, con una completitud del 98,1 % según un indicador estándar. Ocho de esos fragmentos tienen telómeros, las caperuzas que protegen los extremos de los cromosomas, en ambos lados, lo que indica que están cerca de ser cromosomas enteros. C. persicum tiene 48 cromosomas por célula, en juegos de 24, así que el mapa no está completo de punta a punta. El equipo identificó 40.223 genes que codifican proteínas.

La flor «persa» que no crece en Irán

El nombre de la especie encierra un pequeño enigma. Persicum significa «persa» en latín, y la planta fue bautizada en 1768 por el botánico Philip Miller. Pero según los Reales Jardines Botánicos de Kew, crece de forma silvestre desde Argelia hasta el Mediterráneo oriental: Túnez, Chipre, las islas del Egeo oriental, Grecia, Creta, Líbano y Siria, Palestina y Turquía. Irán no figura en la lista.

Según un estudio de 2018, de las 23 especies del género, C. persicum es la única que se ha mejorado a fondo. Casi todos los ciclámenes de una floristería descienden de ella.

Devolverle el aroma llevó 21 años

Los ciclámenes se seleccionaron por su color y su forma, no por su olor. Una revisión publicada en 2018 por Hiroshi Ishizaka, del centro de investigación agrícola de la prefectura de Saitama, señala que la mayoría de los cultivares desprende un olor débil, leñoso o polvoriento, y que el aroma nunca fue un objetivo de mejora. El Mainichi Shimbun es más directo: cuando la canción triunfaba, los cultivares de la época tenían un olor débil que incluso se comparaba con el del polvo. Otro estudio de 2018 apunta que el C. persicum silvestre puede ser aromático, pero pocos cultivares lo son.

La solución estaba en otra especie. Cyclamen purpurascens, un ciclamen silvestre pequeño, es, según la revisión de Ishizaka, la especie más aromática del género, con un olor dulce a rosa, jacinto o lirio de los valles. El problema es que ambas especies apenas se cruzan. C. persicum tiene 48 cromosomas y C. purpurascens, 34, y la polinización corriente casi nunca da semillas. Los investigadores tuvieron que rescatar los embriones en formación y criarlos en cultivo. Los híbridos que sobrevivieron tenían 41 cromosomas y eran totalmente estériles, porque los dos juegos no podían emparejarse. Al duplicarlos hasta 82, cada cromosoma tuvo pareja y las plantas recuperaron la fertilidad.

La cronología que publica la prefectura de Saitama da las fechas. Los cruces empezaron en 1987. En 1996 ya había dos líneas aromáticas que se reproducían por semilla. Las primeras variedades, Uruwashi-no-Kaori y Kokou-no-Kaori, se registraron en 2008, 21 años después del primer cruce. Después llegaron Kaori-no-Mai en 2010, Tennyo-no-Mai en 2016 y Miyabi-no-Mai en 2017. Las dos últimas surgieron de la irradiación con haces de iones, que hizo aparecer nuevos colores de flor. La prefectura describe el aroma como una mezcla de rosa y jacinto.

Según el Mainichi Shimbun, Yusuke Akita, el catedrático que impulsó la colaboración del genoma, había trabajado antes en usar radiación para cambiar el color de la flor del ciclamen sin perder el aroma.

Para qué sirve el genoma: flores dobles, volantes y aroma

Según el comunicado de prensa, con un genoma de referencia será más fácil localizar los genes de las flores dobles, de los pétalos de borde rizado, del color, del aroma y del crecimiento del tubérculo donde la planta almacena reservas. Los datos de estudios anteriores, dispersos hasta ahora, podrán colocarse sobre un mismo mapa. El objetivo declarado es superar los límites del cruce tradicional y obtener de forma eficiente ciclámenes más atractivos y resistentes.

En el terreno de la ciencia básica, el equipo comparó el ciclamen con otras cinco plantas y encontró 430 familias de genes que solo aparecían en el ciclamen y 363 que compartía únicamente con una prímula, Primula kwangtungensis. Ciclámenes y prímulas pertenecen a la misma familia y, sin embargo, no se parecen en nada. Akita dijo al Mainichi que las nuevas variedades son el resultado más fácil de explicar, pero que, como científico, esa pregunta evolutiva le parece más interesante.

Un genoma no le entrega a nadie un gen del aroma. Pero hasta ahora, según contó Akita al Mainichi, buscar un gen del ciclamen obligaba a tomar prestados datos de plantas emparentadas y revisar candidatos uno por uno, un trabajo lento y a tientas. Ahora hay un mapa de la propia planta donde buscar.

Japón envía 12,1 millones de macetas al año, y el calor pasa factura

Según las estadísticas del Ministerio de Agricultura para la cosecha de 2025, se enviaron 12,1 millones de macetas de ciclamen cultivadas en 142 hectáreas, cerca del 8 % de los 155 millones de plantas en maceta del país. Los envíos cayeron en 1,4 millones de macetas, un 10 %, respecto al año anterior. El ministerio lo atribuye a la menor superficie y al mal crecimiento por el calor del verano. Aichi aporta la mayor parte, con un 12 %, seguida de Nagano con un 11 %, Gunma y Chiba con un 7 % cada una y Fukushima con un 6 %.

La flor que esperó 21 años por su aroma quizá consiga su próximo rasgo antes. ¿Huelen a algo los ciclámenes que venden en tu ciudad? ¿Elegirías uno que sí tuviera aroma?

Referencias