En una de las naciones más ricas del mundo, los niños pasan hambre. Uno de cada nueve niños japoneses vive en pobreza relativa, y en los hogares monoparentales casi la mitad se encuentra por debajo de la línea de pobreza. Mientras los precios se disparan y los salarios se estancan, un banco de alimentos que atiende a más de 5.600 familias cada mes revela cómo es realmente la «pobreza invisible» de Japón.
¿Qué es la "pobreza invisible"?
Cuando la mayoría de la gente escucha la palabra "pobreza", imagina la privación extrema de los países en desarrollo: niños desnutridos, familias sin un techo donde vivir. Que un niño pase hambre en Japón, la cuarta economía del mundo, resulta difícil de imaginar.
Sin embargo, la pobreza en Japón se extiende en silencio bajo la forma de "pobreza relativa": la situación de quienes viven con ingresos por debajo de la mitad de la mediana nacional (la línea de pobreza). En 2021, esa línea se situaba en 1,27 millones de yenes (unos 8.500 dólares) por persona al año. Un hogar de tres personas que vive con menos de unos 2,2 millones de yenes anuales (alrededor de 14.700 dólares), es decir, unos 180.000 yenes al mes, entra en esta categoría.
Según la Encuesta Integral de Condiciones de Vida del Ministerio de Salud, Trabajo y Bienestar (2022), la tasa de pobreza infantil de Japón es del 11,5%: aproximadamente uno de cada nueve niños vive en pobreza relativa. Entre los hogares monoparentales, la cifra se dispara hasta el 44,5%, casi uno de cada dos.
Que este problema apenas se perciba tiene mucho que ver con el contexto social japonés. La moda rápida y las aplicaciones de segunda mano hacen que la situación económica no se refleje en la ropa. El teléfono inteligente, convertido en un servicio básico, está presente en cualquier hogar. Y, sobre todo, casi ningún padre o niño confiesa a su entorno las dificultades económicas que atraviesa. De ahí el nombre de "pobreza invisible".
Pero en esa parte que no se ve, los padres recortan sus propias comidas para que coman sus hijos. No es raro que el almuerzo escolar sea la única comida decente del día.
El alza de precios que arrincona la mesa familiar
La reciente subida de precios en Japón ha golpeado con dureza a los hogares que ya vivían al límite. El precio del arroz casi se ha duplicado respecto a hace unos años, y no se detienen las alzas de las verduras, la carne, el pescado y la energía.
La ONG certificada Good Neighbors Japan gestiona "Good Gohan", un banco de alimentos dirigido a hogares monoparentales de bajos ingresos. Los resultados de su encuesta de febrero de 2025, con 2.345 respuestas, fueron impactantes:
- Alrededor del 90% respondió que, por la subida de precios, comprar arroz, carne, pescado o verduras se ha vuelto "económicamente difícil".
- En torno al 80% no ha recibido aumentos salariales en su trabajo y no logra hacer frente a la inflación.
- Un 14,2% de los progenitores declaró no poder preparar ni una sola vez al día una comida suficiente para saciar el hambre de sus hijos, ya fuera "casi a diario" o "dos o tres días por semana".
- Un 28,3% no podía preparar ni una vez al día una comida completa, con plato principal, guarnición y alimento básico.
"Mi hijo dice que tiene hambre, pero cada vez me cuesta más darle de comer como es debido"; "mi hijo ha empezado a contenerse y a comer menos": son muchos los testimonios de este tipo que llegan.
Cerca de la mitad de las familias usuarias de Good Gohan tiene ingresos anuales inferiores a 2 millones de yenes (unos 13.400 dólares). Hay quien, tras once años trabajando a tiempo completo con contrato, gana entre 160.000 y 180.000 yenes netos al mes. En medio de esa realidad, criando a sus hijos, hasta el almuerzo de 230 yenes (alrededor de 1,50 dólares) del comedor de la empresa le parece caro.
Cuando el almuerzo escolar desaparece: la crisis del verano
Para muchas familias en dificultades, el almuerzo escolar (kyushoku) es un salvavidas nutricional para sus hijos: equilibrado, subvencionado y garantizado cinco días a la semana durante el curso. Pero cuando llegan las vacaciones de verano, esa red de seguridad se desvanece.
Una encuesta realizada por Good Neighbors Japan en junio de 2025 a unas 2.100 personas sacó a la luz una realidad grave durante los periodos vacacionales:
- El número de niños que hacen "dos comidas o menos al día" durante las vacaciones largas aumentó cerca de 2,5 veces respecto a los días de clase.
- Alrededor del 90% respondió que el equilibrio nutricional de la alimentación de sus hijos empeora en las vacaciones largas.
- Como causas del menor número de comidas y del peor equilibrio nutricional, cerca del 40% señaló motivos económicos y alrededor del 30%, la falta de tiempo.
También se han documentado casos de niños que, por consideración hacia sus padres, dicen "no pasa nada si no como tanto" y reducen las porciones. Aun con hambre, perciben a su manera que están apretando el presupuesto familiar.
Good Gohan: un banco de alimentos en primera línea
Good Neighbors Japan puso en marcha "Good Gohan" en 2017, en el distrito de Ota (Tokio). Hoy opera en unos 40 puntos de distribución del área metropolitana de Tokio, la región de Kansai y Kyushu; en junio de 2025 alcanzó las 5.654 familias atendidas, un 70% más que un año antes y su cifra más alta hasta la fecha.
Cada mes, los hogares beneficiarios reciben una cesta llena de alimentos por valor de unos 10.000 yenes (alrededor de 67 dólares): arroz, condimentos, platos precocinados, dulces y, a veces, carne. Para familias que cubren su gasto mensual en comida con 10.000 o 20.000 yenes, esta ayuda sostiene su vida cotidiana de raíz.
Para recibir el apoyo se necesita el "certificado de subsidio de gastos médicos para familias monoparentales" que emite cada municipio. Está dirigido a hogares monoparentales que crían a hijos menores de 18 años, con ingresos por debajo del límite establecido y que no reciben asistencia pública (seikatsu hogo). También se contemplan medidas excepcionales, por ejemplo para quienes han huido de la violencia doméstica.
El momento del reparto se convierte, además, en una valiosa ocasión de contacto humano para unos progenitores que tienden al aislamiento. La conversación con el personal y el rato de abrir juntos, con los hijos, los alimentos recibidos aportan cierto desahogo y devuelven la sonrisa al hogar.
Al mismo tiempo, la reducción de las donaciones de alimentos (a medida que las empresas recortan sus excedentes para disminuir el desperdicio) abre una brecha entre la oferta y la demanda que se ha convertido en un problema.
Las causas estructurales
La pobreza infantil en Japón no es un asunto individual, sino que hunde sus raíces en la estructura social.
Primero, la brecha salarial de género. En el mercado laboral japonés se ha mantenido durante años una estructura que concentra a las mujeres, y en especial a las madres, en el empleo no regular y mal pagado. Las oportunidades de bonificación y ascenso son limitadas, y la estabilidad laboral, escasa. Para las madres solteras, que constituyen la gran mayoría de los hogares monoparentales, esta estructura es un riesgo directo de pobreza.
Segundo, el impago de la pensión alimenticia. Es muy frecuente que, tras la separación, no se reciba la pensión para los hijos (youikuhi). Cuando ha habido violencia doméstica, algunas madres renuncian incluso a reclamarla para evitar todo contacto con su expareja.
Tercero, el estigma en torno a la asistencia pública. Pese a ser un sistema que garantiza un mínimo vital, los ataques y el estigma social hacia quienes la reciben hacen que muchas familias duden en solicitarla. La investigadora Aya Abe, de la Universidad Metropolitana de Tokio, señala que recibir asistencia pública es un derecho de la ciudadanía, pero que existe una sociedad que hostiga a quienes la perciben.
Cuarto, la brecha de experiencias. Cerca del 80% de las familias usuarias de Good Gohan respondió que, desde que pasó a ser un hogar monoparental, disminuyó la frecuencia con la que sus hijos podían realizar actividades como deporte, música o excursiones. Esta "brecha de experiencias" (taiken kakusa) proyecta su sombra sobre las relaciones de los niños, su autoestima y su desarrollo a largo plazo.
Una pérdida económica que Japón no puede ignorar
Según las estimaciones de la Fundación Nippon (Nippon Foundation), dejar sin atender la pobreza infantil supondría una pérdida de 42,9 billones de yenes (unos 287.000 millones de dólares) en renta nacional y de 15,9 billones de yenes (unos 106.000 millones de dólares) en ingresos fiscales. Solo con una promoción de niños de 15 años, la pérdida económica ronda los 2,9 billones de yenes (unos 19.000 millones de dólares).
En un Japón con una natalidad en descenso, cuyos nacimientos están a punto de caer por debajo de los 700.000 anuales, que todos los niños puedan desarrollar sus capacidades y crecer como pilares de la sociedad es una cuestión que atañe incluso a la propia continuidad del país.
En 2024, Good Neighbors Japan fue seleccionada como organización distribuidora de fondos en el marco de la ley japonesa de aprovechamiento de los depósitos inactivos, y concede ayudas de entre 10 y 17 millones de yenes (unos 67.000 a 114.000 dólares) a cerca de siete entidades que trabajan en Tokio, Osaka, Fukuoka y Saga para reducir las brechas de alimentación y de experiencias de la infancia.
¿Qué debe cambiar?
Los expertos y las organizaciones de apoyo apuntan varias vías de mejora.
Ampliar el almuerzo escolar a los fines de semana y a las vacaciones largas es la forma más directa de afrontar la "crisis del verano". Para que los hogares monoparentales puedan trabajar con tranquilidad, resulta imprescindible reforzar los centros extraescolares y los servicios de cuidado infantil. Mejorar los salarios y las condiciones de los trabajadores no regulares, en su mayoría mujeres, es una medida que ataca la raíz del problema.
Hacer más accesible la solicitud de la asistencia pública y desterrar el estigma permitiría que la ayuda llegue a las familias que de verdad la necesitan. Y ampliar la infraestructura de los bancos de alimentos con financiación pública y alianzas empresariales es urgente para cerrar la brecha entre la oferta y la demanda.
Japón se ha enorgullecido siempre de la armonía social, la seguridad y la atención a los más vulnerables. Pero a la sombra de esa sociedad ordenada, cientos de miles de niños crecen sin comer lo suficiente, sin conocer las experiencias que sus coetáneos dan por sentadas y sin vislumbrar un camino hacia un futuro mejor.
La pobreza es invisible, pero sus consecuencias son innegablemente reales.
En Japón se está avivando el debate sobre la desigualdad, el bienestar social y el futuro de la infancia. Pero la pobreza infantil no es un problema exclusivo de Japón: existe en todos los países, a menudo oculta tras presiones sociales y estigmas parecidos.
¿Cómo aborda tu país la pobreza infantil? ¿Existen bancos de alimentos o programas de comidas para las familias en dificultades? ¿Qué papel juega la escuela para garantizar la alimentación de los niños? Nos encantaría conocer tu punto de vista.
Referencias
- https://www.gnjp.org/survey/
- https://www.gnjp.org/hakusho2024/food/
- https://prtimes.jp/main/html/rd/p/000000105.000005375.html
- https://www.mhlw.go.jp/toukei/saikin/hw/k-tyosa/k-tyosa22/dl/14.pdf
- https://www.cfa.go.jp/assets/contents/node/basic_page/field_ref_resources/0357b0f6-8b14-47fc-83eb-2654172c2803/16d135ea/20241009_resources_white-paper_r06_05.pdf
- https://www.furusato-tax.jp/gcf/4213
Discusión global
15 comentarios