♨️ Los baños públicos de barrio de Japón, los sento, están desapareciendo: más del 80% ha cerrado en medio siglo. Aunque el combustible se encarece, un sento no puede cobrar por encima del tope que fija su prefectura. Ese tope se basa en una ordenanza de control de precios de 1946.

Quedan 2.730

Según el informe anual de administración sanitaria del Ministerio de Salud, Trabajo y Bienestar, al cierre del año fiscal 2024 quedaban en Japón 2.730 "baños públicos ordinarios". La categoría incluye el sento clásico de barrio, donde los vecinos van a lavarse a diario, y también los baños de lugares como los centros de bienestar para mayores. Según el cálculo del diario Asahi Shimbun, más del 80% ha desaparecido en medio siglo.

La federación nacional de cooperativas de baños públicos llegó a su máximo de afiliados en 1968, con 17.999 establecimientos. En abril de 2026 quedaban 1.493. Las bañeras llegaron a los hogares mientras envejecían los edificios y sus dueños, y después se encarecieron el fuelóleo con el que se calienta el agua y casi todo lo demás.

En cambio, los "otros baños públicos", categoría que incluye los super sento (grandes complejos de ocio con baños) y las saunas, volvieron a aumentar en el año fiscal 2024. En total, Japón tenía 23.668 baños públicos. En 1970 los baños públicos ordinarios eran el 87% de ese total; en el año fiscal 2023, solo el 12,0%.

Un precio calculado como una tarifa de servicios públicos

Un super sento cobra lo que quiere. En un sento, el gobernador de la prefectura fija un precio máximo con base en la Ordenanza de Control de Precios, un decreto imperial de 1946. En su día abarcaba muchos productos; hoy la entrada al sento es el único precio que sigue controlado por ella. Cada sento puede cobrar menos que el tope, pero no más.

El gobierno metropolitano de Tokio revisa las cuentas de unos 40 baños representativos y calcula el tope con el mismo método de coste total que se usa para el gas, el agua y la electricidad: se suman los costes necesarios y se añade un beneficio razonable. En 2025 el cálculo indicaba que hacían falta 574,20 yenes por adulto, pero el tope se quedó en 550 yenes. En 2026 salieron 602,86 yenes, y desde el 1 de agosto el tope para adultos subió a 600 yenes (unos 3,80 dólares, a 157,1 yenes por dólar al 21 de septiembre de 2026).

Osaka elevó su tope a 600 yenes en abril de 2025. Un documento de la prefectura de Aomori de marzo de 2026 contaba 19 prefecturas que habían revisado su tope desde 2025. Hokkaido anunció el 11 de septiembre de 2026 que su tope para adultos pasará de 500 a 550 yenes el 1 de octubre.

Una protección que también aprieta

En 1968 solo el 42,2% de las viviendas de Tokio tenía baño propio, y cada sento recibía de media 530 personas al día. En 2008, el 97,6% de las viviendas ya tenía baño. Según la prefectura de Aomori, el gobernador fija el tope porque, tras la guerra, los baños públicos eran imprescindibles para la vida diaria y la higiene, y tenían que costar algo que todos pudieran pagar. En 1981 se aprobó además una ley que pide al Estado y a los gobiernos locales tomar medidas para frenar la desaparición de los sento con precio controlado.

En la tabla de costes de Tokio, las subvenciones suponían cerca del 13% de los ingresos de los baños analizados. Aun así, en 2025 los gastos superaron ligeramente a los ingresos.

En el consejo asesor de Tokio, muchos miembros insistieron en que el tope es solo un máximo y en que cada baño podría ser más flexible con sus precios. Uno dijo que el tope había dejado la gestión en una especie de "parálisis mental". Sin embargo, en la encuesta del gobierno metropolitano casi 100 baños pidieron quedarse en 550 yenes, y hubo quien temió perder clientes.

Kobe optó por otra vía. Cuando Hyogo subió su tope de 490 a 570 yenes en enero de 2026, la ciudad empezó en marzo a pagar a los baños 70 yenes por cada entrada, para que los usuarios sigan pagando 500 yenes. El programa está previsto hasta marzo de 2027.

Aomori a la cabeza, Yamagata sin ninguno

Según el Asahi Shimbun, Aomori es la prefectura con más sento en relación con su población, con 22,40 por cada 100.000 habitantes, seguida de Kagoshima (15,80) y Oita (11,52). Un investigador de baños públicos consultado por el diario explicó que en los primeros puestos están las prefecturas con muchas aguas termales, y que muchos sento urbanos de esas zonas usan agua termal.

Incluso en Aomori, cuando la prefectura revisó las cuentas de 2024 de los baños que calientan su propia agua, siete de los nueve que respondieron tenían pérdidas. En marzo de 2026, su consejo propuso por unanimidad subir el tope para adultos de 480 a 530 yenes.

Según las estadísticas, Yamagata tiene cero sento. Los datos no explican por qué. Sobre el papel, la prefectura todavía tiene un tope: según los documentos de marzo de 2026, sigue en 300 yenes (unos 1,90 dólares), la cifra fijada en 1995 y la más baja de Japón.

Lo que conviene saber si visitas uno

Según la guía en inglés de la asociación de baños públicos de Tokio, no se puede entrar en traje de baño ni en ropa interior, y la mayoría de los sento vende toallas y champú. Antes de meterse en la bañera hay que lavarse en la zona de aseo.

Sobre los tatuajes, el Gobierno japonés respondió por escrito en 2017 que es difícil considerar que un tatuaje, por sí solo, encaje en los supuestos de la Ley de Baños Públicos, como el de las personas con enfermedades infecciosas. Pero la pregunta parlamentaria que motivó esa respuesta señalaba que algunos baños rechazan a personas tatuadas, así que conviene preguntar antes de ir.

Corea empieza a construir los suyos

Según The Korea Herald, Corea del Sur tenía 8.904 baños públicos, llamados mogyoktang, en 2000 y 5.656 en 2025. El encarecimiento del combustible que calienta el agua es una de las causas principales. En la provincia de Gangwon, la ciudad de Taebaek abrió un baño público municipal en febrero de 2026 y, a abril de 2026, planeaba un segundo para 2028.

Japón ha optado sobre todo por poner un tope al precio de los baños privados y sostenerlos con subvenciones. Algunos municipios coreanos prefirieron construir los baños ellos mismos. En los dos países, el punto de partida es la gente que no puede contar con un baño en casa.

¿Queda en tu ciudad algún baño público al que cualquiera pueda entrar por unos pocos dólares?

Referencias