✈️ En junio, Alemania se quedó sin socio para su caza de nueva generación. Menos de cinco meses después, su canciller estaba en Tokio preguntando si Japón podía ser el siguiente.

Friedrich Merz visitó Japón el 28 de octubre de 2026, la primera vez desde que asumió como canciller. En su reunión con la primera ministra Sanae Takaichi, ambos países crearon un diálogo de alto nivel sobre inteligencia artificial, cerraron declaraciones conjuntas sobre seguridad económica y tecnología avanzada, y acordaron que su suministro de tierras raras y otros minerales críticos sea más difícil de estrangular. Merz planteó además un asunto de más peso: Alemania quiere explorar la fabricación de cazas junto a Japón. La prensa japonesa lo interpretó como interés en el GCAP, el caza de sexta generación que Japón desarrolla con el Reino Unido e Italia. Takaichi respaldó una cooperación más estrecha en la industria de defensa. Sobre si Alemania debe sumarse al programa del caza, Tokio todavía no ha fijado postura.

Tres acuerdos en una tarde

Según The Japan Times, los líderes emitieron una declaración conjunta y, además, declaraciones sobre seguridad económica y tecnología avanzada. Al cierre de este artículo, los textos oficiales no figuraban en la web del Ministerio de Exteriores japonés.

Las declaraciones aluden a la preocupación por la coerción económica, el uso de restricciones comerciales como herramienta de presión, sin nombrar a China ni a Estados Unidos. The Japan Times las interpretó como una crítica implícita a Pekín y a Washington.

Con los controles chinos a la exportación de minerales críticos y chips en mente, Japón y Alemania acordaron reforzar las cadenas de suministro de bienes estratégicos, y estrenarán el diálogo sobre IA. En defensa, Takaichi dijo que ambos gobiernos estudiarán marcos para profundizar la cooperación entre sus fuerzas armadas e impulsarán proyectos industriales de defensa donde sus capacidades se complementen.

Unos 30 directivos empresariales acompañaron a Merz y, según la agencia Jiji, se firmaron 33 memorandos de entendimiento entre gobiernos y empresas, en campos como la energía de fusión.

Un programa de caza que perdió a su socio

El FCAS, el Sistema de Combate Aéreo del Futuro que Francia, Alemania y España impulsaban desde 2017, debía dar a luz un nuevo caza europeo. Durante años quedó atascado en la disputa sobre qué empresas controlarían cada parte.

El 18 de febrero de 2026, Merz dijo en un pódcast que las fuerzas armadas alemanas no necesitan por ahora el avión con capacidad nuclear y apto para portaaviones que quiere Francia, y se preguntó si dentro de 20 años seguirá haciendo falta un caza tripulado. El 8 de junio, el Elíseo anunció que Francia y Alemania renunciaban a completar el caza. Sigue adelante la nube de combate, una red digital que enlaza aviones tripulados y no tripulados. Dos días después, en la feria aeroespacial ILA de Berlín, Merz dijo que el desenlace ponía fin a un largo bloqueo y abría también nuevas posibilidades.

El 22 de julio, Lorenzo Mariani, consejero delegado del grupo italiano de defensa Leonardo, dijo a Reuters que un nuevo socio debería sumarse en un año como máximo y que Alemania encajaba bien. El 8 de octubre, el primer ministro británico, Andy Burnham, afirmó en Berlín que el Reino Unido estaba abierto a la entrada de Alemania. Al día siguiente, el ministro de Defensa japonés, Shinjiro Koizumi, dijo que Japón lo estudiaría junto al Reino Unido e Italia.

En una entrevista con el diario económico Handelsblatt publicada el 18 de octubre, Michael Schöllhorn, consejero delegado de Airbus Defence and Space, dijo que, si Alemania se suma, su industria pediría una participación proporcional y un papel justo tanto en el volumen de trabajo como en el desarrollo tecnológico. Afirmó que Airbus es fuerte en controles de vuelo y en el fuselaje central, y que la decisión debía tomarse antes de fin de año.

En Tokio, según el texto de su intervención publicado por el diario alemán Tagesspiegel, Merz dijo que Alemania quiere "explorar si es posible cooperar en la construcción de aviones de combate" y añadió que ya existe un encargo para estudiarlo. No mencionó el GCAP por su nombre.

Por qué Tokio no tiene prisa

Defense News describe el GCAP como el proyecto de defensa más caro de Japón. El avión debe sustituir a los cazas F-2 de la Fuerza Aérea de Autodefensa, con el objetivo de entrar en servicio en 2035, así que un retraso podría dejar un vacío.

En marzo, antes de que se conociera el interés alemán, el teniente general retirado Eiichirou Fukazawa dijo a Defense News que el Gobierno da mucha importancia al calendario de desarrollo original y que probablemente vería con malos ojos la llegada de nuevos participantes. No nombró a Alemania.

El costo es la otra presión. Defense News informó en enero de que la aportación de Italia al desarrollo del GCAP había pasado de 6.000 millones de euros a 18.600 millones de euros a precios de 2025, casi el triple. Un nuevo socio ayudaría a repartir la factura, aunque Airbus ya dejó claro que a cambio esperaría trabajo tecnológico de verdad.

Yoko Iwama, profesora del Instituto Nacional de Posgrado en Estudios Políticos, describió ante Defense News la alianza europea del GCAP como un experimento y como una manera de que Japón dependa menos de Estados Unidos. No se refería a Alemania en concreto. Las reglas de exportación japonesas ya pesan menos que antes: el 21 de abril, Japón eliminó las "cinco categorías" que limitaban sus exportaciones de defensa y permitió vender armas letales a los 17 países con los que tiene acuerdos de transferencia de equipos y tecnología de defensa. Alemania firmó el suyo en 2017.

Tierras raras: un camino que Japón ya recorrió

China ha apretado el control sobre las tierras raras, los metales que se usan en los imanes de motores eléctricos, misiles y aerogeneradores. Desde abril de 2025, exportar siete tierras raras medias y pesadas requiere licencia. Un paquete de controles más amplio, anunciado en octubre de 2025, está suspendido, pero esa suspensión vence el 10 de noviembre de 2026. Washington y Pekín prorrogaron su tregua comercial hasta el 10 de enero de 2027, pero a finales de octubre no se había informado de ningún aviso oficial chino que prorrogue la suspensión de los controles sobre tierras raras.

Los dos países han sido blanco directo. El 6 de enero de 2026, China prohibió la exportación de todos los productos de doble uso a usuarios militares japoneses. El 24 de julio añadió 14 entidades europeas a su lista de control de exportaciones, entre ellas el fabricante de armas alemán Rheinmetall.

En 2010, en plena disputa territorial, China le restringió el suministro de tierras raras, y en los años siguientes Japón diversificó sus proveedores. Según el Ministerio de Finanzas japonés, China aportaba el 89,8 % de los metales de tierras raras que Japón importaba en 2010. En 2024, esa cuota había bajado al 62,9 %, y el hueco lo llenaron sobre todo Vietnam y Tailandia. Japón mantiene además reservas nacionales de metales raros a través de la agencia estatal JOGMEC.

Alemania no tiene ese colchón. En septiembre, el Gobierno alemán respondió al Bundestag que no existe ninguna reserva estatal de materias primas críticas. La Ley Europea de Materias Primas Críticas solo fija como meta que en 2030 ningún país de fuera de la UE aporte más del 65 % de un material estratégico.

En una cumbre empresarial en Tokio, Merz dijo que sin minerales críticos no habría baterías, chips avanzados ni motores eléctricos de alto rendimiento. El ministro japonés de Economía, Ryosei Akazawa, recordó que Japón ya suministra a Alemania imanes que necesita para fabricar autos.

Quedarse con el restaurante, y la espina de los eléctricos

En las previsiones de octubre del FMI, Alemania es la tercera economía del mundo en PIB nominal y Japón, la cuarta. Su comercio está casi equilibrado: en 2025, Alemania exportó a Japón bienes por 21.000 millones de euros e importó por 22.100 millones de euros, y Japón es su segundo socio comercial en Asia, después de China.

En la cumbre empresarial, Merz propuso una alianza política global por el comercio basado en reglas, cuyos miembros responderían juntos ante violaciones de las normas o presiones económicas. Con una imagen del primer ministro canadiense, Mark Carney, dijo que si las potencias medias actúan juntas ya no importará si están en el menú o en la mesa, porque "entonces el restaurante es nuestro". Ese mismo día, preguntado por la propuesta de Merz de abrir más los mercados entre la UE y Asia, el portavoz del Ministerio de Exteriores chino, Guo Jiakun, dijo que China quiere que Alemania y la UE se mantengan "objetivas y racionales".

También hay roces. La UE estudia ayudas que favorecen a los vehículos fabricados en Europa, un plan impulsado por Francia y Alemania que deja fuera a Japón. Akazawa le dijo directamente a Merz que Japón está muy preocupado porque los eléctricos japoneses queden excluidos del mercado europeo. En la comparecencia conjunta, Takaichi afirmó que ambos confirmaron la importancia de tener en cuenta los intereses de las dos partes de forma recíproca en las ayudas industriales. La agencia Jiji leyó esa frase como una alusión directa al plan sobre los eléctricos.

Un caza conjunto ataría durante décadas a las fuerzas aéreas y las industrias de defensa de ambos países, un compromiso mayor que cualquiera de los firmados el 28 de octubre. El proyecto que Japón codesarrolla hoy ya es tangible: el demostrador del GCAP está tomando forma.

¿Aceptaría tu país a un socio nuevo a mitad de un programa de caza si trae dinero, pero también pide una buena parte del trabajo?

Referencias